14 de abril de 1972

Miguel Lagrotta

El Dr. Julio María Sanguinetti relató en una nota periodística su vivencia el día de los hechos del 14 de abril. Es de destacar que era el inicio de un largo proceso que hoy no culminó por diferentes razones e intereses encontrados. «Entre sueños oí ruidos de disparos. Explosiones, tableteos de ametralladoras. Eran las 7 de la mañana del 14 de abril de 1972 y por lo que se verá no es una fecha como para olvidarla. Mi mujer también se despertó y me dijo: Son tiros. No- le contesté con ánimo tranquilizador- creo que son explosiones de un motor. Minutos después me avisaban de Casa de Gobierno que un concertado ataque tupamaro había asesinado en tres lugares distintos de la ciudad, al profesor Armando Acosta y Lara, subsecretario del Interior y el director interventor de Enseñanza Secundaria, al capitán de fragata Ernesto Motto, al subsecretario Oscar Delega y al agente policial Juan C. Leites. Estos dos últimos habían sido emboscados en el cruce de la Avenida Rivera y Soca, a pocas cuadras de mi casa» Comienzan deliberaciones entre los ministros a partir de las 11:00. La única explicación dada a los periodistas presentes fue que el Gobierno estaría a la altura de defender las instituciones. En realidad surgió el pedido del Poder Ejecutivo a la Asamblea General el análisis de los siguientes puntos: 1) suspender la seguridad individual. 2) decretar el estado de guerra interno de acuerdo a las disposiciones constitucionales y legales pertinentes. Eta solicitud fue firmada por todos por todos los ministros, el vicepresidente y el presidente Juan María Bordaberry. Este último se dirigió a la ciudadanía por cadena de radio y televisión a las 21:30 en la que sostenía la necesidad de unidad nacional y que «(…) todas las fuerzas dela República que deben unirse para salvar al Uruguay de la destrucción y que el gobierno les reclama a tos su apoyo…» (…) le hemos pedido al Parlamento que reconozca el estado de guerra interno para poder luchar mejor contra los enemigos de la Patria. La guerra no la hemos declarado nosotros. La han declarado los grupos subversivos…» En el cementerio la oratoria le correspondió a propio Dr. Sanguinetti que por ese entonces era el ministro de Educación y Cultura. El gobierno había decretado duelo nacional en el marco de grandes dudas por la tensión que existía en el momento. Según Sanguinetti » habían existido dudas si darle carácter oficial al sepelio.(…) Algunas opiniones, conservadoras, temían que el público, no acompañara; algunas otras con argumentos moralistas decían que debía renunciarse a aprovechar políticamente a los caídos. El ministro del Interior, Rovira, insistió en que había que lanzar la gente a la calle». El debate fue ardoroso, Sanguinetti sostenía que todo aquél que valorase nuestra historia y fuera respetuoso de las acciones de los que forjaron nuestro país apoyaría sin dudas las decisiones del gobierno en esta instancia de defensa de la nación en peligro. El líder del Partido Nacional, Wilson Ferreira Aldunate declaraba en la misma línea: (…) no seremos nosotros quienes rehusemos nuestra colaboración y la ayuda que se nos solicite para evitar que se siga destruyendo al país» La votación en el parlamento culmino a las 15:45 del 15 de abril 97 a 21 Estableciendo el estado de guerra interno por 30 día y no por 90 como había solicitado el gobierno. Sin embargo el escribano Dardo Ortiz, en nombre de la bancada nacionalista sostenía (…) hubo unanimidad en manifestar nuestra solidarida, no con el gobierno sino con el país» La resolución solo votada por Nacionalistas y Colorados sostenía: «Concédese al Poder Ejecutivo, por el término de 30 días, la anuencia que solicita para suspender la seguridad individual, a los solos efectos del artículo 31 de la Constitución de la República. Decrétase por el término de 30 días el estado de guerra interno para la represión de la subversión en el área afectada y al solo efecto de lo establecido en el artículo 253 de la Constitución de la República» Zelmar Michelini sostuvo (…) En estos días en el país va a haber un baño de sangre. Nadie se llame a engaño (…)no será el medio eficaz para pacificar el país… La respuesta de las Fuerzas Conjuntas fue inmediata. Todo el aparato de seguridad sale a la calle a buscar a los militantes tupamaros. Al mediodía caen Nicolas Groop y Norma Pagliano, a las dos de la tarde caen abatidos el escribano Luis Martirena y su esposa Ivette Giménez en un procedimiento policial en la calle Amazonas. Todos integrantes del MLN y en la calle Pérez Gomar caen abatidos los tupamaros Jorge Candán Grajales, Armando Blanco. Gabriel Schroeder y Horacio Rovira. Los principales líderes apoyan al Presidente y Ferreira Aldunate declara a los periodistas a la salida de la Casa de Gobierno: «Si no me hubieran invitado igual habría venido. La colaboración en estos momentos debe ser ofrecida» El resultado doce vidas apagadas que inicia el final del delirio sesentista tupamaro, influenciado por la Revolución Cubana, y que el 18 de mayo con la muerte de los cuatro soldados que hacía guardia marcan el punto de no retorno cuyas consecuencias aún hoy padecemos. Todo ocurrió en democracia y nos costó perderla.

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