A 49 años del 14 de Abril de 1972

Nicolás Martínez

Corría el año 1972, nuestra sociedad se ahogaba en un estado de creciente ebullición, considerándose este, el año de mayor violencia política y de represión estatal según la Secretaría de Derechos Humanos para el Pasado Reciente. En febrero de ese año el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros (MLN-T) secuestra al fotógrafo policial Nelson Bardesio por su presunta relación con el Escuadrón de la Muerte (conformado por grupos parapoliciales y paramilitares de ese entonces). En este marco es que se pone en marcha por parte de la dirección del MLN-T un plan de ejecución de varios miembros de estos escuadrones. Esa mañana, la del 14 de abril, se podía oír el silencio estridente y sentir el olor pólvora en el ambiente, los engranajes comenzaron a girar, y las vidas, los sueños y el futuro se entrelazaron con un resultado traumático y fatídico para nuestra sociedad. El resultado: doce vidas que se apagaron, cuatro integrantes del Escuadrón de la Muerte y ocho integrantes del MLN-T.

“Primero fue una sensación de aturdimiento. Como si nos costara un siglo comprender lo ocurrido. En una operación que comenzó en la madrugada del 14 de abril los tupamaros ametrallaron a dos policías, un oficial naval y un ex subsecretario del Ministerio del Interior. Cuando logramos sobreponernos del shock inicial supimos que varios legisladores recibieron actas con las declaraciones de Bardesio, su foto y un casete grabado con su voz. Ahí acusaba a los ajusticiados de haber creado al Escuadrón de la Muerte. Ese mismo día las Fuerzas Conjuntas localizaron diversos locales clandestinos del MLN, los allanaron a sangre y fuego, y ultimaron a ocho guerrilleros.” Así relata los sucesos ocurridos ese fatídico día, el sindicalista y político José D´Elia en el libro “Memorias de la Esperanza”.

Consultado para este trabajo, el ex integrante del MLN-T Amodio Pérez afirma que: “El 14 de abril no debe tomarse como un hecho aislado. Se inscribe dentro de un plan que se llamó Plan del 72, elaborado por Fernández Huidobro a finales de 1970, que contó con los apoyos de Sendic y de sus seguidores de las columnas del interior porque abría las puertas a la instalación del segundo frente, mediante el plan Tatú. El 14 de abril, basándose en las declaraciones de Nelson Bardesio, el MLN puso en marcha el plan Hipólito. Dicho plan consistió en la ejecución de los señalados como responsables de las acciones llevadas adelante por el Comando Caza Tupamaros, conocido vulgarmente como Escuadrón de la Muerte. Se concretaron entonces los operativos contra Guzmán Acosta y Lara, sindicado por Bardesio como el creador de los Comando Caza Tupamaros, contra el subcomisario Delega y contra el capitán de Corbeta Motto, indicados por Bardesio como los torturadores y responsables de la muerte de Castagneto. Fracasaron otros: contra Miguel Sofía, acusado por Bardesio de participar en la muerte de Castagneto y contra Campos Hermida, jefe del Departamento 5. Si bien las declaraciones de Bardesio tuvieron repercusión parlamentaria, el Estado de Guerra fue decretado, y fracasó el intento del Comité Ejecutivo de revertir la situación, tratando de explicar que lo sucedido no era una ofensiva final sino un hecho puntual: una acción de represalia sobre un grupo de asesinos. Para ellos se resolvió enviar un emisario para entrevistarse con Wilson y retomar la fallida entrevista entre él y Fernández Huidobro, y plantear la posibilidad de que Gutiérrez Ruiz entrevistara al mismo Bardesio. El MLN se encontró entonces en medio de un proceso reorganizativo que había roto las estructuras internas sin haber conseguido todavía implantar las nuevas, con un panorama político totalmente negativo y que significó un cambio brusco en el apoyo popular que venía recibiendo y dirigida por quienes creyeron que insistiendo en los errores podrían conseguir resultados positivos. Si el 14 de abril se dio el primer paso para la debacle, el 18 de mayo, con la muerte de los cuatro soldados, señala el punto del no retorno.”

En su libro “Los Fusilados de Abril” la docente e investigadora Virginia Martínez relata lo siguiente: “El día empieza con dos asesinatos a primera hora de la mañana. Los Tupamaros han decidido golpear fuerte al Escuadrón de la Muerte. A las siete de la mañana un Maveríck amarillo circula por las calles Rivera y Soca. En él viajan el subcomisario Oscar Delega del Departamento 5 de la Dirección de Inteligencia de la Policía y el agente Juan Carlos Leites. Una camioneta Chevrolet le cierra el paso y ametralla el auto. Mientras la camioneta avanza, dos hombres bajan del vehículo y rematan a los policías. En el Maveríck quedarán cincuenta balazos. Horas más tarde, dos hombres ametrallan al capitán de corbeta Ernesto Moto en la avenida Roosevelt en la ciudad de Las Piedras. A media mañana Armando Acosta y Lara, ex ministro del Interior y ex interventor de Enseñanza Secundaria sale de su casa en el centro de Montevideo. Dos francotiradores le disparan desde la ventana del primer piso de la Iglesia Evangélica Metodista que está frente a la casa. Hieren también a la esposa y a un custodio. Acosta y Lara muere antes de llegar al Hospital Militar. La respuesta de las Fuerzas Conjuntas no se hace esperar. Salen a la caza de militantes del MLN-Tupamaros. Al mediodía caen dos tupamaros: Nicolás Groop y Norma Pagliano. A las dos de la tarde son asesinados el escribano y periodista Luis Martirena y su esposa Ivette Giménez en un procedimiento policial en una casa de la calle Amazonas en Malvín. Ambos eran integrantes del MLN. En una casa de la calle Pérez Gomar, la Policía mata a los tupamaros Jorge Candán, Armando Blanco, Gabriel Schroeder y Horacio Rovira. Durante todo el día, y en un clima de conmoción, los principales dirigentes blancos y colorados llegan a la Casa de Gobierno. Es la hora de cerrar filas junto al presidente. Al salir de la reunión con Bordaberry el senador blanco Wilson Ferreira Aldunate declara: Si no me hubieran invitado igual habría venido. La colaboración en estos momentos debe ser ofrecida”

En el reciente trabajo documentalista de investigación “Amazonas 1440”, el sociólogo, periodista y docente Esteban Perroni narra con lujo de detalles los hechos en torno a los acontecimientos sobre lo ocurrido en la casa ubicada en Amazonas 1440 en el barrio Malvín el 14 de abril de 1972, en el marco de lo que fue un operativo orquestado por el Escuadrón de la Muerte, el mismo que acabaría con las vidas del matrimonio Martirena y con la captura de David Cámpora y Eleuterio Fernández Huidobro del MLN. Sobre este reciente trabajo, la ex integrante del MLN-T María Elia Topolansky afirma que: “Es de lo mejor que yo haya leído sobre el MLN, sobre su época. Y he leído muchos libros, reportajes y artículos. A cincuenta años de los acontecimientos logra transmitir los hechos, el clima, las opiniones, las contradicciones, “la temperatura”. El MLN nunca llegó a hacer una autocrítica profunda y abarcativa en que todos sus militantes se sintieran representados. Si no pudo o no quiso o algunos no quisieron es otro tema. Yo estuve 18 años entre la clandestinidad y las cárceles. En la última estadía de 13 largos años pensamos mucho, hablamos mucho. Todas (y hablo en nombre de las mujeres) esperábamos una autocrítica que nos ayudara a comprender hechos, a corregir errores, que fuera el insumo para seguir adelante. Pero no se hizo. A cambio, cada uno de nosotros (de oficio “sobreviviente”) tuvimos que elaborar en soledad o con intercambios parciales para laudar el pasado y poder seguir. En esa circunstancia, los libros fueron de gran ayuda. Discutimos con los libros. Por eso valoro tanto el libro Amazonas 1440. El reportaje a Laura Martirena te interpela crudamente y debieran leerlo todos los compañeros. Y quisiera agradecerle a Laura la sinceridad total en su dolor. Y también me gustó el enfoque barrial, la mirada del entorno (entorno que no siempre mirábamos). Cuando describe el silencio del barrio asombrado luego de que acribillaran la casa, cuando también lo cuenta Chichí (David Cámpora) en sus recuerdos, me pareció escuchar ese silencio lleno de interrogantes.”

En una reciente entrevista, realizada por quien suscribe a Perroni, sostiene que: “Para el mundo político y dentro de determinada generación, Amazonas 1440 representa el primer día o último, no se sabe, del ocaso de la lucha del MLN, porque definitivamente de ahí en adelante, no se manejaron otras alternativas que no fueran movimientos absolutamente desesperados, inorgánicos, tan locos como el atentado del 18 de mayo frente a la casa del General Gravina. Evidentemente el 14 de abril es el punto final, es el comienzo del punto final. Entonces ¿qué representa? Ahí tenes distintas posiciones. Para quienes no lo vivieron representa una fecha clave en la historia reciente, para quienes estuvieron involucrados lo toman como una bandera de lucha, entonces, muchos de ellos, no logran distinguir entre el 8 de octubre del 69 “la toma de Pando” y el 14 de abril del 72. Es más, los relatos que se construyen, posteriores, el relato épico que tiene, podríamos decir, unos monólogos de Eleuterio Fernández Huidobro no llegan a hacer grandes distinciones entre el 8 de octubre y el 14 de abril. Después vienen las valoraciones sobre si eso es preocupante, si eso es fundamentalismo, las valoraciones políticas vienen después.”

David Cámpora, capturado ese 14 de abril, en “Amazonas 1440” relata que: “Durante varios años, todos los 14 de abril, varios compañeros, así como mis hijos, me llamaban para felicitarme por mi cumpleaños. Esas felicitaciones se fueron acumulando, hasta que empezaron a generar cierta sensación de rechazo. Antes de que encontraran el berretín en la casa de Amazonas, ya se había acabado el despelote, la ruptura de las paredes y los diálogos obscenos de los milicos. La policía tuvo que llamar al juez porque había muertos. La presencia del juez por la muerte de Luis e Ivette, sumado a que ya no había a quien asesinar, porque no habían encontrado el berretín, es lo que nos salva la vida al Ñato y a mí. Yo no lo vi con claridad, ni en ese momento, ni durante los años siguientes, recién empecé a valorarlo a raíz de las felicitaciones de cumpleaños los sucesivos 14 de abril. Sentía que me caían mal. Yo compré mi vida por la muerte de los Martirena”

Hasta aquí este breve relato de lo ocurrido el 14 de abril de 1972 a través de distintas voces, día marcado en sangre y fuego, considerado por muchos, como el principio del fin. Quedan aún muchas preguntas que responder, muchas voces por escuchar y muchísimo más por investigar. Tal como un código semántico, se constituyen configuraciones a través de los lugares de la memoria, un sitial entre el pasado y el presente, en un dialogo constante entre lo individual y lo colectivo, porque tal como lo cantó León Gieco alguna vez: “Todo está guardado en la memoria, sueño de la vida y de la historia”.

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