Acoso profesional

Alvar Vero

“No hay mejor manera de asesinar a una persona en silencio que en su lugar de trabajo” dice Silvana Giachero, psicóloga experta en acoso laboral. En las oficinas del estado es más frecuente porque despedir a un funcionario es más difícil que en el ámbito privado donde llevado al extremo termina con la ruptura del vínculo laboral.

Los empiezan a marginar de a poco hasta que los dejan sin tareas, la persona empieza a enfermar, pide licencias médicas, que las “entierran” en la burocracia, llegan a negar licencias por traslados de consultas médicas, ignoran los méritos y pasados institucionales y desgastan con tal de conseguir el fin. Esto ocurre hoy estimado lector.

En encuestas no recientes (no las hay) más de la mitad de funcionarios de Ancap y BPS denunciaron haber sido acosados moralmente. El hostigamiento empieza lento, pequeñas discrepancias, hasta que el profesional o funcionario se da cuenta que lo que realmente quieren es que se vaya. Le hacen el vacío, lo cambian de lugar o de funciones, siempre habrá alguien que “lo haga mejor”, y termina siendo un juego de parientes (nepotismo), amigos, favoritos, hadas bellas, o polleras para definirlo mejor, y por lo general llevado adelante por profesionales sin valor académico y sólo por la confianza que ¿merece? Seguramente la persona acosada no puede volver a su trabajo y nadie asegura que no llegue al suicidio.

Lo increíble que este fenómeno se dé en organizaciones médicas (conozco una donde un director terminó sirviendo café a las nuevas “autoridades”) donde se prevé a través del Colegio Médico la normativa ética del comportamiento profesional, donde la valía profesional no importó y pesó más la soberbia, el poder, el equívoco a cualquier costo sin importar la calidad de los servicios.

La intimidación y el acoso ganaron terreno y el miedo inducido con actos y expresiones destrozaron el clima laboral ganando la incertidumbre, la ausencia de programas y comunicaciones formales y comprando cargos de dirección con personajes sin calificativo adecuado.

Estas formas de abusos incluyen el acoso moral, el sexual y el laboral. Y este tipo de violencia puede venir de un empleador como de un grupo de compañeros, pero inusitado es que se presente dentro de cooperativas cuya esencia democrática atribuye a sus integrantes igualdad en cuanto a  sus derechos y deberes.

El empleador debe asegurar la moralidad del ambiente- va de suyo- pero no siempre es asi, sino que la autoridad pasajera o no del empleador es utilizada para generar el acoso que es más frecuente de lo que se cree y que también lamentablemente conocí en lo extenso de mi experiencia en organizaciones médicas, por parte incluso de autoridades con funcionarios/as, colegas y pacientes.

También he visto afectaciones de salud, largas licencias por desajustes mentales de diverso tipo, y las autoridades escudándose en sus cargos barriendo debajo de la alfombra en tanto los ultrajes en indefensión.

El acoso moral consiste en conductas reiteradas con un objetivo determinado – controlar y dominar violentando la dignidad del trabajador  – degradando el ambiente laboral.

El desarrollo impide la comunicación con la víctima (queda mal defenderla o mostrarse con ella –se toma en cuenta para posibles ascensos-), hay que hacerle el vacío, se somete a burlas, se inician rumores infundados, no se le dan tareas, son sustituidos por “otros mejores”.

El acoso sexual es todo comportamiento no deseado por la persona a la que es dirigido, puede constituir un abuso de autoridad y alcanza para que sea etiquetado, con una sola experiencia,,,aunque por lo general es reiterativo. Es el caso de una funcionaria que repetidamente era invitada a cruzar el río optando por un cambio de sección y depreciación de su remuneración con tal de no ser sometida al escarnio permanente.

Para esto que es público, hay que primero teniendo una encuesta del sistema todo o por cada centro asistencial, conocer el volumen, y luego dar participación a los comités de ética locales, Colegio Médico, la vía administrativa de la empresa y la vía judicial que será eterna.

En fin, se conoce y lo peor que se puede hacer es barrer debajo de la alfombra actitudes que nada bien han hecho al usuario y su credibilidad.

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