Al lado del volcán

Ricardo J. Lombardo

Cada tanto vuelve a erupcionar.

La Argentina se parece a un volcán activo que periódicamente explota y derrama lava por la región.

Miles y miles de uruguayos aprovecharon las vacaciones julianas y particularmente este fin de semana largo, para sacar partido de la enorme brecha cambiaria del otro lado del río.

Debe ser la sexta o séptima vez que se ha repetido esta situación desde que tengo memoria.

No solo nuestros compatriotas tomaron parte. Excursiones de bolivianos y paraguayos hicieron lo mismo.

En Argentina el modelo económico está muerto. Con una hiperinflación descontrolada, sin precios, con desabastecimiento, riesgo de default por enésima vez y un riesgo país que trepó por las nubes.

Mientras tanto, la sociedad observa con asombro que el gobierno está más preocupado por la disputa de poder entre el Presidente Fernández y la Vicepresidenta Fernández.

El Parlamento y la Justicia son el escenario de una degradación institucional provocada por la intención indisimulada de evitar que Cristina sea juzgada por los actos de corrupción de su gobierno.

Nuestros vecinos se han constituido en una sociedad donde cada uno construye su visión imaginaria para no ver la realidad tan abrumadora.

Las clases acomodadas, que han fracasado en construir un modelo integrador,  toman previsiones para sacar el dinero del país o, en todo caso, dolarizarse hasta la médula.  Y viajan. El aeropuerto de Ezeiza estaba atestado de gente que por estos días iniciaba sus vacaciones de julio en el exterior (en Argentina están desfasadas respecto a las uruguayas).

La clase media, desconcertada, pesimista y resignada, trata de llegar a fin de mes y ver cómo se protege de la hiperinflación y de la inacción de las autoridades.

Los pobres, cada vez más olvidados.

Mientras tanto, una nueva clase parece emerger: la de los planes sociales. Que no representa a los pobres sino a un cúmulo de intereses creados.

 Estos días se viralizaron declaraciones que hacen pensar de esa forma.

El portal INFOBAE lo resumía así:

“En medio de la jornada de protestas contra el Gobierno nacional que se desarrolló ayer en el Centro porteño, un video que se volvió viral expuso el drama de la pobreza y los límites de los planes sociales como herramienta de asistencia que brinda el Estado a los sectores más vulnerables de la sociedad. Al ser consultada por una periodista sobre el propósito de su presencia en el lugar, una madre se quejó por la reducción en la asignación de planes sociales. “La plata no alcanza para nada, los planes sociales los están cerrando. ¿Qué quieren, que trabajemos de 8 de la mañana a 5 de la tarde por la misma plata que nos pagan (en los planes sociales)? Nos quieren mandar a trabajar a la calle y no es justo, porque toda la vida vivimos trabajando de esto”, contestó. Y acto seguido, la mujer completó: “Subsistimos haciendo ollas populares y roperitos. Siempre estamos tratando de solventar los gastos para que la gente pueda llevarse un plato de comida”.

Quizás en estas declaraciones descarnadas de esta madre piquetera, pueda encontrarse la razón por las que el volcán no termina de erupcionar.

Con un asistencialismo de indignidad, se ha manipulado a los pobres a tal punto de hacerlos creer que lo normal es no trabajar, vivir de la limosna pública y quedar dependientes del poder político.

Pero las cosas parecen haber llegado a su límite. El déficit del sector público ha alcanzado niveles incontrolables y en el abuso de los planes sociales para mantener el favor político hacia gobernantes inescrupulosos, subyace buena parte de la rigidez que impide su reducción. Y el gobierno debe pagarlo con emisión lo cual dispara los precios.

Alguien deberá ponerle el cascabel al gato.

¿Quién y cómo será?

Esperar y ver.

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