Algo más hay que hacer…

Julio María Sanguinetti

Todos estamos preocupados. Lógicamente preocupados por la propagación de estas malignas cepas. Pero a la vez sintiendo que con tanto contagio y tanta muerte, algo más habría que hacer.

El tema es saber específicamente en que consiste ese «algo» y quien lo debe hacer.

Naturalmente, se mira primero al gobierno y es lo razonable. Es quien debe conducir la situación y nadie duda que lo ha hecho bien. Ahora está haciendo con eficiencia lo más importante: vacunar. Los que clamaban por demoras han tenido que callarse. El ritmo es muy bueno y las vacunas son las mejores. En el mediano plazo, es la única solución. No hay dos opiniones sobre esto. Israel ha completado ya la demostración fáctica, no en el terreno de la experimentación de laboratorio sino en la realidad social.

El problema es que esta campaña de vacunación no nos libera de las responsabilidades personales sobre el uso de la mascarilla y el distanciamiento social. Ya nos pasó que los buenos resultados del año pasado, nos llevaron a un aflojamiento, que se notó a fin de año y que ahora, ante esta avalancha de la segunda ola o la pandemia adentro la pandemia, como suele decirse, se ha hecho realmente peligroso.

La experiencia nos dice que con la gente comportándose, toda medida se potencia. Así como a la inversa, con ella distraída, no hay restricción que tenga el efecto deseado.

En esto es donde hay necesidad de trabajar más. La prueba está en que ni medidas tan duras como suspender la presencialidad en la educación, han resultado suficientes para generar ese estado de ánimo colectivo. Disminuir la movilidad pasa por la actitud que se tuvo el año pasado, en que no sólo las restricciones dispuestas se cumplieron sino que la gente asumió la necesidad de hacerlo. Es verdad que hoy la situación es muy diferente porque hay fatiga, urgen dificultades laborales acrecentadas por el tiempo y el comerciante, por ejemplo, que espontáneamente suspendió su actividad en abril del año pasado, hoy no puede hacerlo aunque quiera. Hay que encarar este tema, de qué modo y con qué tipo de medidas se puede lograrlo.

Desgraciadamente, la oposición frentista está actuando con la misma dualidad que en la crisis de 2002. Clamaban su solidaridad con el país, pero luego reclamaban, con el Fondo Monetario Internacional, que el país declarara su quiebra (el fatídico default) y ni siquiera votaban las leyes necesarias. Ahora piden que se reabran las actividades suspendidas y el cierre de las que están abiertas y ya ha pasado que lo que hoy se vuelve a cerrar de inmediato se va a reclamar lo contrario, porque ese es su modo de actuar. Ahora están prohijando caceroleos, intentando generar situaciones conflictivas en la población. Es realmente irresponsable. Tanto como la amenaza de convocar aglomeraciones para juntar las firmas que avalen ese descaminado referéndum que apunta a desmovilizar a la Policía, derogando las normas dictadas en su amparo, y detener todo intento de reforma en la educación.

El gobierno ha tomado muy en serio las recomendaciones que ha hecho el GACH. Nunca puso en marcha todas ellas, porque desde el primer día los Dres. Radi y Cohen afirmaron que su labor era aportar conocimiento científico para una mejor toma de decisiones, pero que éstas eran del gobierno, obligado a ponderar otros factores, como el empleo de la gente y la sobrevivencia de las pequeñas empresas. El trabajo de ese grupo ha sido notable y tiene mucho para aportar en esta etapa tan compleja, pero es fundamental que no sea usado como un factor de división adentro de la acción del Estado. Todos tenemos que preservar el valor de ese asesoramiento indispensable y es por ello que todos, periodismo, gremios, gobierno y oposición, debemos tener ese cuidado. No estamos en el terreno de las ciencias exactas sino de las biológicas, con todas sus perplejidades (basta ver lo que ocurre con la aplicación de unas y otras vacunas) y como todo termina en la gente, aparece una dimensión psicosocial que transcurre en el terreno de las decisiones políticas.

La situación es suficientemente grave como para que el país entero asuma esta situación. No es hora de griterío ni de explotaciones políticas. Ni de reclamar diálogos inconducentes, como ha pasado con la seguridad social o ya empieza a ocurrir en esa comisión senaturial de «seguimiento» en que, desde el primer día, el Frente Amplio se ha puesto en actitud de rechazo a todo lo que haga o no haga el gobierno. Este que marcha hacia la solución de fondo con la vacuna, tendrá que procurar sabiamente que se canalicen con eficacia los esfuerzos necesarios para este empujón final. Es un par de meses, nada más. Pero nada más ni nada menos, porque hay muchas vidas en juego. Y a veces hay que preservarlas hasta de quienes todavía las disfrutan.

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