Algo más que “vota por mí”

César García Acosta

Se instalaron 228 circuitos en los 19 departamentos del país y se postularon unos 12.000 candidatos. La edad para elegir y ser elegido fue entre 14 y 30 años. Esta elección tuvo como antecedente una similar en 2017: Es la quinta vez que se convoca una instancia de este tipo en la interna colorada. Los cargos que están en juego son 100 puestos para la Convención Nacional. La estructura tradicional del coloradismo marcó su presencia con sólo un aditivo: el detonante de un grupo de liberales a ultranza. En estos comicios se compitió entre sectores aunque no por ideas ni postulados que infieran cambios. El Partido sigue anclado en su tradición y su resultado depende como se lo mire: en cualquier caso puede ser un presagio de lo que vendrá.

Por más que se quiso estructurar un nivel de competencia renovador, lejos de serlo, esta elección terminó siendo más de lo mismo, y –por la acción de muchos dirigentes bastante mayores en edad respecto de los que competían- el acto sólo sirvió para marcar presencia en el escalón que dará paso a las elecciones internas. En los hechos se privó a esta competición de las ideas necesarias que rompieran con los compartimentos estancos de las estructuras tradicionales que son las mimas que gobiernan desde hace más de treinta años.

Siguiendo esta lógica política, el sector Batllistas participó con su movimiento Juventud Republicana; Ciudadanos con Espíritu Nuevo y la Lista 15 con Jóvenes en Acción. También se presentaron a la contienda Tercera Vía y Viento de Cambio.

Para esta contienda los Colorados se habían propuesto alcanzar o superar los 30 mil votos de la elección de 2017, pero la marca electoral lo que registró fueron un poco más de 27 mil.

Durante la semana se sabrá el resultado final de las elecciones coloradas.

«Este sábado 5 noviembre es un día de alegría y de fiesta. Todos a votar. Es un modo de que los jóvenes tengan presencia en la conducción partidaria. El batllismo es imprescindible, es la base de la coalición, es la diferencia entre ganar y perder. Somos fundamentales. Nuestro pensamiento liberal, progresista, social democrático, es esencial mantenerlo vivo. A votar muchachos, y los veteranos, a acompañar», expresó Julio María Sanguinetti, en un mensaje que transmitió a través de sus redes sociales, y eso también es verdad.

Más allá de las expectativas que toda elección provoca, el nerviosismo quedó marcado formalmente entre los colorados, y no precisamente en los jóvenes, sino en aquellos que siendo bastante mayores pretendieron por esta vía seguir manteniendo los niveles de poder en la estructura política de la casona de la calle Martínez Trueba.

Ideas nuevas no se vieron en este proceso de debate interno. Sólo se confirmaron listas, estructuras y se reiteraron las mismas figuras de los últimos años.

Pero la realidad política ya no puede limitarse a la foto de hoy, e impone apuntar a otros desafíos de claro corte electoral.

Y es por eso que el viejo Partido de la defensa deberá asumir su rol en la interna del conglomerado al que pertenece: la «Coalición Republicana». Para eso hay que superar el 12% que se marcó dentro de la coalición, y esto invariablemente deberá pasar por el fortalecimiento institucional de un espacio que cada vez más necesita definir su ideología, reafirmar principios y valores. Es por eso que los colorados deberán asumir volcarse hacia la matriz batllista, o como lo reclama una andanada de jóvenes –fuertes en voces aunque no en votos- girar hacia el liberalismo a ultranza de la derecha clásica, Como contracara de estas cosas, sea como sea la interna colorada deberá proponerse ensanchar la base de su estructura y motivar el regreso de muchos de los dirigentes que se fueron al Frente Amplio y a Cabildo Abierto.

La marca de 27 mil jóvenes colorados sólo sirve para reafirmar el contexto actual, pero no mueve la aguja. Cambiar requiere de mucho más que el umbral de 2007. Esta medición difícilmente permita imaginar revertir el 12% electoral de las últimas elecciones.

Las redes sociales, mientras tanto, siguen fijando los niveles de la temperatura de la política. Constituyen un microclima que debe tener en cuenta otros perfiles y consideraciones. Por ejemplo, cada vez más se hace necesario mirar al votante tradicional colorado para re-captarlo en la reafirmación de su voto, y no correr el riesgo potencial de que se vaya a votar a otro lado de la coalición en la búsqueda de quien mejor lo represente.

Generar la mística colorada y batllista es un desafío que requiere de técnica, profesionalismo y candidatos: no alcanza con voluntarismos.

Hay que cuidarse mucho de las preferencias juveniles que se ubican en lo más extremo. El objetivo, como quedó de manifiesto, en las próximas elecciones será la ideología, y ahí no podemos ni debemos confundirnos con los discursos extremistas que no nos representa como colectividad, aunque compartamos circunstancialmente objetivos políticos comunes.

Quizá por aquello de «juntos sí, pero rejuntados no», los postulados deben marcarse a fuego.

La política por lo alto no debe tener como meta una elección sectorial autoimpuesta; debe tener por objetivo la confirmación ordenada del camino que vendrá.

El Partido es esencia y definición.

Desde el ánimo de esas 27 mil almas que votaron en esta interna, reafirmemos los principios del batllismo para recuperar la utopía necesaria que nos ponga al tope de las ideas.

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