¡Ay con los libertarios…!

Jorge Nelson Chagas Fausto

Lo admito. Cada tanto miro las declaraciones que hace Javier Milei, el diputado ultra liberal argentino mediático.

Esta vez lo hice porque me interesaba conocer su opinión sobre el conflicto en Ucrania. Concretamente: quería saber cómo se posicionaba ante la invasión rusa.

Sinceramente quedé estupefacto. En declaraciones que realiza al periodista Pablo Rossi expresa, muy suelto de cuerpo, que los políticos del Partido Democrático de EE.UU. tienen posiciones “tibias y débiles” en cuestiones de política exterior, no son buenos para tiempos de guerra y que lo mejor hubiese sido que estuviese Trump en la Casa Blanca porque seguía la “línea de Nixon”.

Bueno…Milei sabrá mucho de economía, eso está fuera de toda discusión, pero de historia universal no sabe nada (lo que sería grave para un hombre que aspira a la presidencia de Argentina), o bien sabe y falsea los hechos descaradamente (lo que sería diez veces peor).  Cualquier alumno liceal sabe que en la Gran Guerra (1914-1918) había un presidente demócrata llamado Woodrow Wilson, durante la II Guerra Mundial (1939-1945) había otro presidente del mismo partido llamado Franklin D. Roosevelt, en la Guerra de Corea (1950-1954) estaba en la Casa Blanca su compañero de fórmula Harry Truman y los EE.UU fueron sumergidos en el pantano de Vietnam (1960-1975) por las administraciones demócratas de John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson. 

De las pruebas históricas no surge que los políticos demócratas norteamericanos sean tibios o débiles, independientemente del juicio que nos merezcan sus acciones.

En cuanto a que lo mejor sería que Trump estuviese en la Casa Blanca parece un chiste de mal gusto. Trump despreciaba a la OTAN y era un decidido partidario de salir de esa alianza. Estuvo a punto de romper la alianza con Corea del Sur – porque, según su peculiar mentalidad, era “muy costosa” –  lo que le hubiese causado gravísimos problemas de seguridad a EE.UU. Richard Nixon tendría muchos defectos, pero tenía muy claro cuáles eran las prioridades estratégicas de su nación.

Si hubo un presidente de EE.UU. en que Occidente peligró fue con Trump. Hay algo más. Dejando de lado la “ayudita” que le dio Putin para derrotar a Hilary Clinton, Trump lo admiraba profundamente. Cuando Putin anexó Crimea y firmó los decretos que reconocen a la República Popular de Donetsk y la República Popular de Luhansk, lo trató de “genio”.

Ahora Trump dice que él hubiese “bombardeado Moscú”. Eso es para la tribuna, un burdo intento de ocultar su verdadero pensamiento autoritario. No es un liberal, es un nacionalista económico, aislacionista, que detesta la globalización y tiene notorias debilidades por los autócratas. Al azuzar a sus partidarios a tomar el Capitolio porque no aceptó ser derrotado legítimamente y después eludir su responsabilidad, revela su sombría patología política. 

Como bien dijo el historiador Fernando López D Alessandro, en una entrevista reciente, por primera vez en su historia EE.UU. tiene un líder político, con un caudal de votos considerable, que confraterniza con el enemigo y su propio país. Nunca había ocurrido eso antes.    

Vuelvo a preguntarme: ¿Milei, que parece estar siempre muy informado, ignora todo esto? ¿O acaso, lo sabe muy bien, pero intenta torcer la realidad? ¿Con qué motivaciones?

Cuidémonos de aquellos – en cualquier parte del mundo y especialmente, en nuestro país – que proclaman a los cuatro vientos amar la libertad aunque no cultiven la verdad.

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