Batllismo: el largo camino hacia una postura casi testimonial. El inicio.

Miguel Lagrotta

El 1ro. De marzo de 1919 el Dr. Baltasar Brum asume la Presidencia de la República. Es la primera experiencia con la nueva constitución. Que tenía la particularidad de dividir en dos ramas las funciones del Poder Ejecutivo. Paralelamente José Batlle y Ordóñez ha reconstruido fuertemente al partido y organizándolo con marcado perfil batllista y trabaja en el Programa de Principios del del Partido Colorado con la Convención. El partido elije a los gobernantes, pero los gobernantes no dirigen el partido. Baltasar Brum y como antes había sucedido con el Dr. Feliciano Viera no son jefes del Partido

Colorado por su calidad de presidente de la República. La realidad muestra como jefe indiscutido del partido a Don Pepe. Algunos sectores del partido, personalidades coloradas que hoy definiríamos como independientes comienzan a rodear al presidente Brum. Comienza, entonces, una realidad compleja. Por un lado, crece en calidad el debate ideológico y las posturas dentro del partido, por otro una atomización que tensa el relacionamiento interno. En su rol de líder del partido Batlle y Ordóñez en un áspero debate en la convención termina su participación diciendo: “El Presidente es como una nave que la tormenta política aleja de nosotros” y termina con la postura de vincular a la convención a los integrantes de la definida como Unión Colorada y con plenos derechos dentro del partido. A partir de este momento la postura política de Don Pepe es promover para la Presidencia de la República a colorados neutrales, también para cargos en el Consejo Nacional de Administración. Surgen, entonces, las candidaturas de José Serrato y para consejero Federico Fleurquin. Comienza inmediatamente una fuerte oposición interna a las candidaturas neutrales liderada por Enrique Rodríguez Fabregat. La realidad fue que cuando la administración Serrato culmina se promueve dentro del batllismo la candidatura de Julio María Sosa, de actuación importante dentro del partido y sobre todo en el periodismo político, además de haber liderado la bancada de diputados. Parecía razonable la promoción de su candidatura. Batlle solo apoyaría a candidatos que fueran garantía de legalidad, no personalistas y que en definitiva el peligro estaba en la relación poder personal que el cargo presidencial le daba para enfrentar doctrinas y reivindicaciones que pudieses surgir. El propio Batlle no había aceptado su candidatura y se mostró partidario de apoyar a Sosa. Pero hubo voces disidentes, y con la disidencia enfrentamientos y rencores comenzando por uno de los dirigentes más cercanos a don Pepe. Desde las páginas de “El Ideal” que dirigía Eduardo Ghigliani comenzó un duro debate contestado desde “La Razón “y por supuesto desde las páginas de “El Día”. Todo el episodio desde la prensa se traslada a la Convención. Batlle sostiene que el candidato debe ser aceptado por todas las fracciones. Cae la candidatura de Sosa y surge la figura de transición de don Juan Campisteguy promovido por acérrimos anticolegialistas. Comienza el debate, no resuelto hasta hoy y que marca el lento pero permanente declive del batllismo: “batllistas ante que colorados”. La realidad es que el partido comienza a ser dirigido por etiquetas con el objetivo de lograr acuerdos y se fue perdiendo el peso doctrinario, reflexivo y tradicional del batllismo. Irremediablemente la lucha contra los personalismos se fue perdiendo. Y al Morir don Pepe, el Dr. Gabriel Terra dará inicio a las etapas que llevaran al batllismo a ser casi testimonial en la actualidad: el terrismo, la crisis de 1955, el viraje de la 15, la retirada de la 99 y finalmente la agria disputa entre colorados y batllistas más por cargos que por lograr una gran presencia avancista y progresista que fue canalizada por otras colectividades.

Ver:

Rodríguez Fabregat, E. Batlle y Ordóñez, el reformador. Claridad. Buenos Aires 1942.

Compartir

Deja una respuesta