Brasil es el MERCOSUR

Ricardo J. Lombardo

Este año se cumplirán 30 años de vida del Mercosur.

En diciembre de 1991, los presidentes Menem de Argentina, Collor de Mello de Brasil, Andrés Rodríguez de Paraguay y Luis Alberto Lacalle de Uruguay, firmaron el acta fundacional de este nuevo intento de integración regional luego del fracaso de la ALALC y la Aladi.

La decisión siguió el impulso alentado desde Washington por el Presidente norteamericano George Bush, quien en su Iniciativa para las Américas había lanzado la idea de un mercado común americano, para lo cual sería necesaria una etapa previa de creación de áreas de libre comercio regionales, como lo era el Pacto Andino y el naciente Mercado Común del Sur.

El documento fue ratificado por unanimidad en el parlamento uruguayo y pasó a sustituir los acuerdos bilaterales que nuestro país tenía con Argentina y Brasil, CAUCE y PEC, respectivamente.

El lanzamiento del Mercosur, si bien contó con un entusiasmo generalizado, generó algunas dudas entre los especialistas respecto a si no significaría una desviación de comercio, una distorsión económica que provoca que el comercio se desvíe de un exportador más eficiente hacia uno menos eficiente mediante la formación de un tratado de libre comercio o una unión aduanera.

Pero los vientos políticos alentaron esta experiencia.

La evolución de las negociaciones marcó en seguida las dificultades de que dos economías de mayor envergadura pudieran ponerse de acuerdo con los otros dos socios de menor dimensión. Uruguay, particularmente, debió interponer innumerables excepciones para que su economía no fuera atrasada por los vecinos cuya matriz productiva y, por lo tanto sus exportaciones, competían más que complementarse.

A casi 30 años de la creación del Mercosur, la evaluación de la experiencia demuestra que los resultados no han sido los esperados.

En este período, quedó claro que el progreso económico en el mundo, se sustentaba en la expansión del comercio. El ejemplo chino es paradigmático. De ser una economía casi pastoril, en este período se convirtió en una potencia mundial que le disputa el podio a los Estados Unidos, a través de una formidable expansión tanto de sus exportaciones como las importaciones

Los países del Mercosur quedaron encerrados en un área mucho más restringida, pues el tratado exige que los acuerdos comerciales se lleven adelante en conjunto, y cada uno de los miembros no puede avanzar en negociaciones de libre comercio con otras economías extraregionales.

Nuestro país, tuvo la oportunidad de firmar un TLC con Estados Unidos y China, las dos potencias comerciales más grandes del mundo, pero debió descartarlos por la presión de los demás socios.

Así, para Uruguay, el Mercosur se convirtió en un lastre, tal como lo definió recientemente el presidente Lacalle Pou.

La carreta tuvo que andar a la velocidad de la rueda más lenta. Argentina tiene una fuerte cultura proteccionista y sus posturas permanentemente frenaron no solamente la realización de acuerdos del Mercosur con otros bloques comerciales, sino en el propio comercio intrazonal.

Pero no sería justo cargar todas las tintas sobre nuestros vecinos del Plata.

Lo que ha retrasado la evolución comercial de la región con el mundo, ha sido la falta de liderazgo de Brasil, probablemente provocado por la poderosa industria de San Pablo, que prefiere tener un mercado cautivo a competir con otras economías mucho más eficientes.

Uno no debe hesitar en señalar que, económicamente, el Mercosur es Brasil.

El Producto Bruto Interno solamente del Estado de San Pablo  es prácticamente un 30% más grande que el de toda la República Argentina.

Uno hubiera deseado que por su tamaño y la dimensón de su economía, Brasil asumiera una postura más agresiva hacia el comercio internacional, fuera la locomotora regional, y el resto de los países nos convirtiéramos en los vagones que aprovecháramos su impulso.

Pero hoy, la realidad es otra. Mientras Brasil constituye el 15% del destino de nuestras exportaciones y Argentina un 4,34%, China, sin ningún acuerdo comercial, se ha constituido en casi el 25% de nuestras ventas al exterior en lo que va del año.

Si uno ve lo que ha crecido la economía china y lo que lo ha hecho la brasileña, adquiere la verdadera dimensión de lo que nos estamos perdiendo.

Hemos quedado encerrados en el modelo de desarrollo hacia adentro de los brasileños.

En 1990 el PBI de China era algo inferior al de Brasil. En 2020, es 8 veces más grande.

El modelo chino, basado en la apertura comercial,  ha sido claramente más exitoso que el modelo brasileño.

Esta es la muestra más ilustrativa del fracaso de la integración regional en el Mercosur, que nos ha mantenido encerrados en una especie de entelequia, desaprovechando las posibilidades que el comercio mundial nos ofrece.

La llave la tiene Brasil.

Brasil es el Mercosur.

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