Buenas noticias

Fátima Barrutta

La grave situación sanitaria del país domina la agenda pública.

Y no es para menos. Todos conocemos a alguien que contrajo el virus y, lamentablemente, en nuestras familias o amistades, hemos debido llorar pérdidas por esta terrible causa.

Un efecto no deseado de esta dolorosa realidad es el debate público en torno a las medidas que toma o deja de tomar el gobierno. En demasiadas oportunidades escuchamos a dirigentes políticos o comunicadores periodísticos opinando sobre lo que se debe hacer, con un tono de autoridad semejante a que fueran reconocidos científicos. Es la clásica opinología nacional, con su legión de todólogos que dan cátedra sobre toda clase de temas, aunque no los dominen.

En las antípodas de esos sabelotodos están los ciudadanos de a pie, que padecen los efectos sociales y económicos de la crisis, sumados al miedo de enfermarse o contagiar a sus seres queridos. Gente que necesita trabajar para sobrevivir y que intenta por todos los medios equilibrar las necesidades de trabajo con el cuidado sanitario. Gente que en lugar de despotricar contra supuestos enemigos, asume ese desafío con valentía y determinación por ayudar a los suyos y a su comunidad.

Por eso es bueno hoy, no solo reconocer a estos uruguayos que enfrentan el temporal con hidalguía, sino además destacar las buenas noticias que se cuelan -a veces casi imperceptiblemente- entre tantos problemas.

Una de ellas proviene de un querido correligionario, batllista de todas las horas y excepcional técnico, el ingeniero Gabriel Gurméndez. Está al frente de Antel, la misma Antel donde hace muy poco tiempo otros despilfarraron el dinero de los uruguayos con la construcción de un estadio que costó 120 millones de dólares pero vale apenas 30.

Como en tantas otras dependencias del Estado y empresas públicas, el cambio de gobierno devolvió a Antel una conducción eficiente y defensora de los recursos públicos. Con Gurméndez, no solo retorna la austeridad republicana y la excelencia en la gestión empresarial. También se consolida una política social que protege a los más vulnerables, al mejor estilo batllista.

En los últimos días, el presidente de Antel ha anunciado «un hito sumamente relevante para la educación». Porque desde el martes pasado, la empresa exonera el acceso a la plataforma Crea. No cobra costos de conexión para los escolares que la utilizan, forzados a la virtualidad debido a las restricciones de la pandemia. En abril ya había anunciado una serie de medidas que facilitaban la disponibilidad de más GB para internet en hogares y dispositivos móviles y la incorporación de un paquete de 50 gigas para los usuarios de los planes Universal Hogares e Ibirapitá. Y ahora, a fines de mayo, agregó este aporte excepcional a la equidad educativa, que para Antel tendrá un costo de 37 millones de pesos mensuales y que se mantendrá sin cambios en lo sucesivo.

No es una noticia menor, es una gran noticia que literalmente «da vuelta» la imagen de una empresa que, durante el gobierno anterior, había caído en el descrédito y la vergüenza ajena.

Con esta iniciativa batllista el gobierno da un paso gigante en la democratización de la educación, a contracorriente de las dificultades que ha traído la pandemia.

Y este sábado se dará otro paso en la reactivación de la cultura.

Porque desde el Poder Ejecutivo se ha desarrollado la iniciativa del «Pase responsable», una experiencia piloto que procurará el retorno de los espectáculos a las salas teatrales y cinematográficas.

Una gala de ballet a realizarse en la sala Hugo Balzo del Sodre permitirá probar un complejo sistema, que implica la aplicación de tests de antígenos a todos los espectadores, como forma de autorizarlos a permanecer en la sala, siempre con tapabocas y por un período de 40 minutos.

Mientras los enojados de siempre reclaman el retorno de los espectáculos un día y al día siguiente piden confinamiento total, el gobierno está trabajando en forma consistente en una reactivación sanitariamente correcta, como la que hoy existe por ejemplo en España. «La cultura es segura» publicitan los españoles, apuntando al reencuentro entre los artistas y el público, siempre en condiciones protocolizadas, para que lo único que se contagie sea el amor al arte y el optimismo vital.

Educación y cultura: las dos caras de un progreso basado en la justicia social y la superación individual y colectiva.

Dos buenas noticias que, hoy más que nunca, vale la pena destacar y promover.

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