Consolidando la coalición

Fátima Barrutta

Las dos fotos con que ilustramos esta columna son emblemáticas: la primera registra el origen de la idea de coalición, que fue dado por nuestro líder, el presidente Sanguinetti, en aquella reunión de hace un par de años, con el hoy presidente Lacalle Pou y quien ahora se desempeña como ministro del Interior, Larrañaga.

Ese encuentro fue el puntapié inicial de un acuerdo que, pasada la elección parlamentaria de octubre de 2019, se convertiría en un documento valioso, una hoja de ruta que en noviembre llevaría a Lacalle a la presidencia de la República: el Compromiso por el País, suscrito por los líderes de cinco partidos políticos contestes en la necesidad de cambiar de rumbo.

Casi esos mismos dirigentes, pero los mismos partidos volvieron a reunirse días pasados, cuando el país se debate en la instancia más dura de la pandemia. Nuestro partido estuvo representado por el presidente Sanguinetti, un prohombre de la política nacional que siempre mira la realidad muchos pasos más adelante y que, con la misma lucidez con que impulsó un día la necesidad de coaligarnos quienes compartimos ideales republicanos y liberales, ahora recarga de valores batllistas (que son un equilibrio entre el fomento de la libertad, con la sensibilidad social que contrapesa las inequidades) el combate a una situación sanitaria que demanda la intervención estatal donde hace falta.

Una intervención que no pasa por las cuarentenas obligatorias, la coacción represiva ni las medidas prontas de seguridad (esa imagen turbia que nos devuelve el espejo argentino), sino que debe realizarse con inversión fuerte y sostenida para apoyar a los más necesitados.

Ojalá esta práctica se repita en forma planificada y permanente. Ojalá la mesa de trabajo que cuenta con Lacalle, Sanguinetti y los demás líderes siga funcionando como un reaseguro de estabilidad y comunicación fluida, que redunde en la fortaleza institucional que el país necesita en esta hora aciaga.

La verdad es que el futuro resulta promisorio.

El plan de vacunación se está desarrollando con éxito ejemplar, a tal punto que la oposición pendula entre el silencio aprobatorio y los arranques agresivos por temas menores o discutibles.

Superando la gravedad de la situación actual, con la terrible constatación de los uruguayos que este maldito virus se lleva cada día, tenemos que redoblar los cuidados y la esperanza de una próxima «inmunización de rebaño», como la definen los científicos.

Hoy más que nunca debemos protegernos de la alta capacidad de contagio de las cepas que nos afectan, para que la vacunación haga su efecto y podamos ingresar a una nueva primavera para el país y su gente.

La luz al final del túnel está cada vez más cerca.

Y para transitar hacia ella, nada mejor que imbuir al gobierno del escudo de los débiles que el batllismo ha construido y consolidado a lo largo de toda su fecunda historia.

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