Crónicas de una Nación en Llamas

Nicolás Martínez

Uno de los intelectuales más prestigiosos e importantes de nuestra identidad latinoamericana, ha sido sin dudas la figura de Jorge Francisco Isidoro Luis Borges. Escritor, poeta y ensayista argentino que brindó valiosísimos aportes a la literatura universal nos dejó entre tantas más, la siguiente reflexión: “Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomenten la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de caudillos, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez… Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes del escritor.”

No cabe duda alguna que para quienes creemos en la libertad como un valor supremo, como un derecho inherente al individuo y como un derecho universal básico y necesario para cualquier ser humano, el concepto de dictadura es mala palabra. Es mala palabra porque en él, se encierran un sinfín de valores negativos que atentan contra la dignidad, el pensamiento y el desarrollo humano.

Pero, así como para quienes defendemos a viva voz la Libertad, la Democracia y la República, es mala palabra “dictadura”, para aquellos partícipes, amantes y encubridores de regímenes totalitarios, hay una palabra que aborrecen con todo su ser; pensar. A nadie escapa que un gobierno legítimo está directamente vinculado a la opinión pública, a la legitimación de la ciudadanía y a la conformidad de los unos con los otros. Por el contrario, a las dictaduras, le disgustan las opiniones públicas, les molestan los pensamientos divergentes, llegando incluso a matar y silenciar en demérito de ellos.

Una vez dicho esto, esta semana quería traer a estas páginas, el hecho sucedido hace algunos días atrás en la sesión del Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA). La misma fue convocada en motivo de la aprobación de una resolución de condena y manifiesto rechazo a las violaciones sistemáticas a los derechos humanos ejercidas por el gobierno de Daniel Ortega.

A propósito de esto, Luis Almagro, secretario general de la OEA, tildó como “una arremetida sin precedentes” a las acciones llevadas a cabo en contra de la oposición, con el arresto reciente de trece líderes políticos, entre ellos, candidatos presidenciales a las próximas elecciones que se deberían llevar a cabo el próximo 7 de noviembre del corriente. Las mismas en las que Ortega buscará ser reelecto por tercera vez.

Como bien sabrá el lector, el pasado miércoles trascendieron en la prensa, las graves acusaciones realizadas por Luis Alvarado, embajador de Nicaragua en la OEA, señalando que «En cuando al distinguido embajador del Uruguay (Washington Abdala), nos preocupa seriamente lo que la dictadura uruguaya está haciendo con su presidente a la cabeza. Sigue impulsando leyes para imponer un bozal a los medios de comunicación. En el último año se registraron 49 casos de amenazas a la libertad de expresión de periodistas en Uruguay».

Alvarado también mencionó que «Y según el séptimo informe del Centro de Archivos y Acceso a la Información Pública (CAinfo), esto es lo que reportan: en julio se aprobó la Ley de Urgente Consideración, que contenía disposiciones imprecisas que restringía la libertad de expresión, de reunión y prohibía las manifestaciones y protestas sociales. Así que, ¿qué consejo nos viene a dar señor embajador (Abdala)?»

La respuesta del embajador uruguayo Washington Abdala no se hizo esperar: «Rechazo enfáticamente la descalificación hacia el Uruguay como una dictadura que acaba de proferir el señor Alvarado. Creo que ingresa en un despropósito gigantesco. Creo que desconoce absolutamente lo que es la legitimidad de origen y de ejercicio del gobierno de la República Oriental del Uruguay, del doctor Luis Lacalle Pou, quien fuera electo democráticamente, y que gobierno y oposición, a pesar de tener matices, siguen conviviendo de manera pacífica y democrática» y agregó: «No le permito al embajador de Nicaragua una descalificación de esa naturaleza. No se lo permito en este territorio, ni en ningún otro territorio. Sepa que, si llega a decir otra infamia más de esa naturaleza, voy a actuar acorde y, en consecuencia, como corresponde».

Inmediatamente después de esto, CAinfo emitió un comunicado señalando que «Uruguay no es una dictadura. Tiene un gobierno democrático, surgido en elecciones libres, que no encarcela ni persigue periodistas o candidatos presidenciales de la oposición, como sucede en Nicaragua». Por su parte desde la Cancillería uruguaya se hizo público un documento posicionándose al respecto: «Uruguay rechaza la detención y persecución penal a que han sido sometidos dirigentes políticos de oposición y posibles candidatos» de Nicaragua. Además, llamaba a «tomar las medidas pertinentes para llevar a cabo un proceso democrático y reconocido internacionalmente».

No menor, un dato relevante e interesante ante tales señalizaciones, es que actualmente el gobierno de Nicaragua ocupa el lugar N° 121 en el marco de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa. A su vez, Reporteros Sin Fronteras (RSF), ha denunciado que “desde abril de 2018 la represión de la prensa independiente se ha vuelto feroz”.

A la fecha, se encuentran 124 presos políticos en Nicaragua, 107 de ellos en distintos centros del Sistema Penitenciario Nacional, 12 en la Dirección de Auxilio Judicial, 4 en delegaciones de la policía y una persona con arresto domiciliario. De ese total, 115 son hombres y 9 mujeres.

Sin dudas, la realidad compleja que está viviendo el pueblo de Nicaragua es alarmante, paradojal y repudiable. Un gobierno comandado por un líder revolucionario que sistemáticamente busca silenciar a los disidentes y a la prensa, reprimiendo de manera brutal cualquier tipo de expresión opositora. Quienes otrora fueron compañeros de armas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), lo señalan hoy como dictador.

La socióloga nicaragüense Elvira Cuadra, ahora exiliada en Costa Rica, afirma que «Daniel Ortega es la representación de un proyecto político autoritario dentro de lo que se podría considerar como la izquierda en Nicaragua. En los años 80 eso se difumina en el contexto de conflicto interno en el país. Pero en 2006, con una democracia débil, -pero democracia al fin- se empieza a notar más su vocación autoritaria .Que Ortega haya tomado el camino más difícil, de un escenario cerrado, amerita que la comunidad internacional adopte todas las acciones posibles, particularmente las diplomáticas, para persuadir a Ortega de crear un proceso electoral transparente y para que se restablezcan las libertades democráticas y los derechos ciudadanos, comenzando por las más de 140 personas detenidas como prisioneros políticos”

Antes de finalizar, quería remarcar una vez más, la imperiosa necesidad de señalar y condenar a cada una de las dictaduras, dictaduras de izquierda y dictaduras de derecha. La glorificación y reivindicación de los totalitarismos que han cobrado millones de vidas a lo largo de la historia, deben ser advertidas, evidenciadas y desenmascaradas sin otro afán, mas que el de la defensa de la Libertad y la Democracia. Por la memoria de los que ya no están, por los que están y por los que vendrán. Nunca más. Y como se escribió en algún muro alguna vez “Los lápices siguen escribiendo”.

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