Cuba y Andrade

Ronald Pais

Un periodista se preguntaba ¿Por qué el tema Cuba despierta tanta polémica en Uruguay?

La respuesta es sencilla: porque el tema cubano deja de ser un asunto extranjero para convertirse en un tema uruguayo.

¿Y cómo es eso?

El sufrimiento del pueblo cubano, sometido durante más de medio siglo a la dictadura castrista ha explotado al no poder soportar más las condiciones de vida que le impone el régimen.

A ese pueblo en las calles, gritando “¡Libertad!” lo vió todo el mundo. No lo pudieron ocultar y fue el desmentido más contundente a la patraña que la dictadura ha vendido durante años acerca de que la gente en Cuba era feliz, viviendo en una “democracia diferente”.

Dictadura. Punto. Despreciable y abyecta dictadura.

¿Y por qué se transforma en un asunto uruguayo?

Porque esa dictadura infame, de la que heroicamente intentan salir los cubanos, siempre ha tenido aquí vendedores puerta a puerta.

Y ¿qué pienso yo cuando veo a uno de estos hipócritas personajes con cargos políticos defender el régimen castrista?

Pienso que es un inmoral totalitario. Alguien que no oculta su esencia antidemócrata y al que le gustaría tener ese poder de los tiranos aquí, en el Uruguay.

Si se trata de un comunista no debería sorprender a nadie porque es lo que ha hecho siempre esa organización siniestra.

En todos los lugares donde desgraciadamente gobernó y en todos los momentos de la historia.

Si se trata de otros voceros no comunistas realmente no importa mucho porque hay que ponerlos, revolcados en la misma bolsa.

Y ¿qué pienso de los otros que suman votos con los que acabo de referir antes?

Son más falsos y ladinos pero tan antidemócratas como los primeros ya que su silencio avala y consiente.

Entonces, ¿qué podemos esperar de todos ellos? De los que hablan y los que callan. De los que viajan a arrastrarse lamiendo las botas de los tiranos (pero después vuelven, faltaba más! Mire si se van a quedar allá!) y de los que se quedan aquí, escondidos en los rincones y  ahogándose en su propia vergüenza.

Lo único que podemos esperar es que sean, como siempre han sido, enemigos de la República y enemigos de nuestra democracia.

Es inútil esperar de ellos honestidad, patriotismo y lealtad.

Son inmorales y, como tales hay que identificarlos y tratarlos.

Son los que desconocieron la voluntad popular del pueblo uruguayo expresada dos veces, son los que rompen y retiran listas de los cuartos de votación en todas las Elecciones, son los que intimidan a votantes en ciertos barrios y circuitos, son los prepotean a los trabajadores que quieren entrar a trabajar en una huelga o los fuerzan a integrar un sindicato para poder trabajar tranquilos, son los que vetan a profesores en la Universidad porque no piensan como ellos, los que desplazan artistas u otros creadores si no demuestran una adhesión política que los satisfaga, los que descalifican periodistas si no les son funcionales, los que rompen vidrieras y pintan iglesias en sus marchas “pacíficas”, los que utilizan los cargos públicos para beneficiarse ellos y a los “compañeros”, los que fraguan licencias sindicales, los que escriben textos de historia sesgados y mentirosos, los que bloquearon sistemáticamente las comisiones investigadoras en el Parlamento, los que tienen tribunales disciplinarios que nunca expulsaron a nadie por hechos de corrupción pero sí por razones políticas, los que a falta de argumentos colocan bombas de estruendo (por ahora) que causan daños, los que dilapidaron descaradamente dineros públicos y los que seguramente fraguaron u obtuvieron bajo presión muchas de las firmas que presentaron contra la LUC.

Y si es así no debe extrañarnos que hayan defendido a un edil que vivía en un asentamiento irregular sin pagar terreno o impuestos o luz o agua. Tampoco al Diputado que tenia trabajadores en negro en Envidrio, o a Sendic, en su sonado affaire, o a Calloia, o a Lorenzo o, antes, a Bengoa, etc.

Tampoco debe extrañarnos que ahora defiendan a Andrade: un Senador comunista en ejercicio y antes Diputado que se construyó una casa en negro y defraudó el Gobierno Departamental de su propio partido.

Basta entonces de ingenuidad!

Son inmorales y enemigos de nuestra libertad y nuestra democracia.

No juegan con las reglas de la legalidad ni de la ética. No dudarán en mentir o trampear para lograr sus objetivos.

Su adhesión a regímenes como el cubano, el venezolano o el nicaragüense sólo desnudan su verdadera identidad.

Pero viven y actúan en Uruguay bajo esas pautas. Muy tonto es no advertirlo y más tonta la tolerancia o no hacer nada para cerrarles el paso.

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