De diálogos y «gaches»

Julio María Sanguinetti

A veces desde una oposición desconcertada, que no sabe bien qué hacer, en otras ocasiones desde los espacios de gente de buena voluntad, aparecen todos los días propuestas que, envueltas en un manto de razonabilidad, imaginan posibles métodos mágicos para el manejo de la realidad.

Por un lado están los «diálogos»… los famosos «diálogos» que cultiva mucho el sindicalismo cuando se las ve mal pero casi nunca cuando se siente fuerte para las «medidas de lucha». Y no es que no entendamos su lógica. La comprendemos, pero también tienen que asumir que hay otra lógica, la de gobierno, que reclama decisiones oportunas y no puede estacionarse en conversaciones paralizantes.

Por supuesto, creemos en el diálogo, pero éste se hace ilusorio cundo no hay la voluntad de entrar a él entendiendo que las transacciones suponen concesiones recíprocas. Tanto creemos que lo propusimos, por ley, en la madre de todas las reformas del Estado, que es la seguridad social. Se institucionalizó, se trabajó, las diversas instancias del gobierno pusieron todo su esfuerzo para acumular información. Pero -llegado el momento- no logramos acuerdos ni en el diagnóstico. No estamos hablando de las propuestas, apenas del diagnóstico; los delegados frentistas y sus asociados parten de bases tan opuestas que ni en ese plano, casi teórico, se hace posible un entendimiento. Es notorio que el Sr. Murro bastonea ese equipo y es partidario, desde siempre, hasta de eliminar las AFAP.

Estos son hechos y no palabras. Se busca el diálogo, se procura el diálogo, pero no hay en la oposición el espíritu mínimo de transacción en los grandes asuntos.

Se ha abierto ahora, con apoyo de la bancada de la coalición, una comisión de seguimiento en el Senado de la República. Si es para «seguir», magnífico. Si es, como prioridad, contribuir a que la gente entienda que debe atenerse a las reglas, magnífico. Pero nunca hemos oído a un Senador del Frente Amplio tomar la palabra para ser insistente en ese reclamo, para desarmar focos de resistencia inexplicable o para moderar anuncios apocalípticos. Siempre ha sido para criticar o hasta insultar. Si hay un cambio, bienvenido. Lo esperamos y si así fuera, gracias por el país.

Por otro lado, como el GACH ha sido un aporte muy importante en el enfrentamiento a la pandemia, ahora menudean las propuestas de «gaches». Y esto no es más que un espejismo ingenuo. ¿Por qué? Pues porque en el grupo científico se parte de una base común: todos reconocen el estado del conocimiento de la comunidad científica universal en materia de virus, todos creen en el valor de las vacunas, todos emplean el método científico que, basándose en la observación de los hechos, los analiza despojado de toda subjetividad para formular, desde la experimentación, hipótesis susceptibles de validación objetiva. A partir de allí, naturalmente, vendrán la diferencias en las conclusiones, pero todos hablan el mismo lenguaje y se instalan en un espacio donde los prejuicios no tienen lugar. Incluso el método reconoce también la provisionalidad de los resultados en la medida en que las circunstancias se van modificando y/o nuevos hallazgos suman más información.

En materia económica y social, ello no es posible. En nuestro país, los partidos, los grupos de interés y los economistas, parten de bases distintas. El PIT CNT, por ejemplo, analiza la realidad desde la perspectiva de la lucha de clases, con lo que su óptica es diametralmente opuesta a quienes la observan desde la filosofía liberal y la teoría democrática. En el Frente Amplio, por ejemplo, existen comunistas, o sea ciudadanos que miran los hechos y actúan en función de un pensamiento marxista incompatible con el de los partidos tradicionales.

¿Esto quiere decir que no se converse, que no haya espacios de diálogo en que estén presentes los diversos partidos y grupos de intereses, sean trabajadores o empleadores? Por supuesto que no. La propia Constitución de la República prevé la existencia de un Consejo Económico Social, pero sobre la base de la diversidad de los puntos de vista. Lo que no es imaginable, lo que no es posible, es un grupo técnico que pueda proponer medidas objetivas, de base científica, válidas para todos. Las políticas sociales y económicas son por definición diferentes y ya está visto, como decimos, que si ni en un diagnóstico sobre seguridad social nos ponemos de acuerdo, cómo haremos para proveer a un gobierno asesoramiento objetivo, de resultado comprobable, que valga para todos. ¿Cómo actuar, entonces? Políticamente. Hay que entender que es la política el instrumento con el que se construye, día a día, la vida democrática. Con un Parlamento que debate, con medios de opinión dando puntos de vista, con partidos políticos que buscan sus objetivos, con corporaciones que defienden sus intereses, con un gobierno que gobierna y una oposición que controla. Así es la vida en la democracia. No hay métodos milagrosos. Todo depende del esfuerzo lúcido de esos actores, bajo el marco de los instrumentos que brinda el Estado de Derecho. Y hoy la consigna debiera ser: estamos en el último empujón antes de la inmunidad de las vacunas, cumplamos todos con la precaución

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