De libros y magia

Fátima Barrutta

“Qué cosa impresionante es un libro. Es un objeto plano, hecho de un árbol, con partes flexibles en las que se imprimen muchos garabatos graciosos. Pero si le echamos una mirada, nos encontramos dentro de la mente de otra persona. Tal vez alguien muerto hace miles de años. A través de los milenios, un autor hablando clara y silenciosamente dentro de tu cabeza, directamente a ti. La escritura es quizá la mejor invención humana. Une a personas que nunca se conocieron, ciudadanos de épocas distantes. Los libros rompen la barrera del tiempo. Un libro es la prueba de que los humanos son capaces de hacer magia”.

La cita pertenece a Carl Sagan y resume de manera inmejorable, por lo precisa y a la vez poética, la importancia de la lectura.

Vale la pena traerla a colación en estos días, cuando acabamos de celebrar el Día Nacional del Libro, evocando aquel 26 de mayo de 1816 en que el sacerdote Dámaso Antonio Larrañaga funda la primera biblioteca pública de la nación oriental.

En estos días, la ANEP nos ha recordado que el Día del Libro se celebra en nuestro país por una resolución fechada en 1940 por el Consejo de Enseñanza Primaria y Normal de entonces, con los objetivos manifiestos de “combatir el analfabetismo, fomentar la cultura, rendir homenaje universal a los libros y autores y alentar a las personas a leer”.

Bellas metas que hoy, más de 80 años después, están más vigentes que nunca.

Porque si bien es cierto que la gran construcción educativa del Batllismo llevó el analfabetismo a niveles ínfimos en nuestro país, sigue vigente la necesidad de alentar a las personas a leer, más en un mundo donde la urgencia de las imágenes va sustituyendo cada vez más la conceptualización de las palabras.

Debemos, como en 1940, seguir bregando por rendir homenaje a libros y autores. Si no lo creen así, observen lo que declaró nuestra Cristina Peri Rossi en noviembre del año pasado al diario La Nación: ya sonaba su nombre para ganar el Premio Cervantes que obtuvo este año, y se quejaba amargamente de que ningún gobierno uruguayo “haya querido reconocer mis años de exilio y devolverme la cátedra”, una denuncia en la que incluye a los del ciclo frenteamplista.

En este gobierno se ha recorrido un largo camino de mejoras en ese aspecto. Por primera vez en mucho tiempo, en 2021 se asignaron dos premios nacionales de literatura consecutivos, dado que por mero burocratismo, los premios estaban atrasados un año respecto al período de publicación de los libros que concursaban. Y ayer y hoy se llevó a cabo una simpática campaña denominada “Dejá un libro, llevate un libro”, para que la lectura no se empolve en las estanterías sino que gane la calle y esté al alcance de la mano de toda la gente.

Pero queda mucho por hacer. Vivimos en un país donde las figuras más populares son deportistas y dirigentes políticos, pero poco se habla de nuestros grandes creadores.

Lejos estamos de la época en que Julio María Sanguinetti, electo presidente de los uruguayos en las primeras elecciones libres después de la dictadura, fue a visitar a Juan Carlos Onetti a su casa en Madrid, donde el genial escritor permanecía recluido por propia voluntad. Esa visita sin protocolo, de un presidente de la República que se sentaba al lado de la cama donde reposaba el escritor para charlar con él, simboliza en cierta forma el respeto, la reverencia del poder político hacia los intelectuales y artistas que dignifican y enaltecen la cultura de los pueblos, más allá de la condición en que se encuentren y de su menor o mayor interés en socializar con sus semejantes.

En esa tarea debemos seguir. Invitando a las nuevas generaciones a que retornen al libro y pausen un poco la adicción a las pantallas. Impulsando los homenajes y celebraciones que merecen nuestros escritores. Difundiendo más cultura a más vastos sectores de la ciudadanía.

Porque el libro no solo nos permite dialogar con personas que vivieron hace miles de años, como decía Sagan.

También amplifica nuestra capacidad de comprensión de la realidad.

Metafóricamente, nos hace dominar el mundo.

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