¿Días de resurrección?…

¡No! … ¡crímenes de guerra!

Lorenzo Aguirre

Ha terminado el llamado “Domingo de Ramos” y comienza un tiempo particular para la Iglesia Católica porque se caminará por una semana que tiene como objeto celebrar la resurrección del Maestro Jesús – una especie de “tránsito” del mencionado avatar -, en las Festividades de Pascua, o de la llamada también “Fiesta de muerte y resurrección”, a través de ciertas prácticas mitraicas que se incorporaron a la doctrina cristiana, y que se proyectarán una vez más al mundo por gran parte de los mil doscientos millones de fieles. Entre tanto “gesto angelical”, muchas veces encontramos dudas y una fe tambaleante amalgamándose con oscuridades cavernosas, y mientras esperamos el renacer, ciertos pueblos devastados entierran a sus muertos porque dementes que andan sueltos confundidos con los cuerdos buscan imponer un imperialismo zarista, a costa de mutilar parte de la humanidad, la cual, reptando hasta la lacerada carne que yace en el madero, balbucea plegarias esperando milagros que, lamentablemente, nunca llegan. De todas maneras, estoy convencido que, esa escoria hitleriana del siglo XXI, se derrumbará, y su soberbia será humillada.

Tras cuarenta y ocho horas de deliberaciones extenuantes – se escucharon ciento diecisiete discursos -, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, en sesión de emergencia, votó por 141 a favor, en ciento noventa y tres, una “Resolución de Culpabilidad” al presidente Vladímir Putin, además de exigir a Moscú, retirar de forma inmediata y sin presentar condiciones, todos los “componentes de invasión”.

El texto de condena tiene en algunos párrafos cierta dureza, aunque, en otros, se flexibiliza, especialmente cuando se expresa la palabra “deplora”, dejando de lado “agresión”, que figuraba en la exposición inicial.

En concreto, la Resolución, manifiesta que, Rusia, deje enseguida el uso de fuerzas militares y se retire, además de expresar el documento de referencia que deplora la alerta nuclear – declarada por el imperialista, oligarca, agente del KGB, Vladímir Putin -, la pretensión de restaurar una supuesta gloria del pasado, e incrementar la brutalidad.

Con el mayor respeto digamos que, el expediente, no significa una acción real en relación de los Estados ante la guerra, más bien establece un precedente para colocar la alineación de los países.

El genocida Putin, bombardeó el “Memorial del Holocausto” de Baby Yar, barranco utilizado por nazis, para masacrar a fines de setiembre de 1941, ciento cincuenta mil personas, donde el general Kurt Eberhard (gobernador militar), y Friedrich Jeckeln (de la “SS”), asesinaron en una operación de cuarenta y ocho horas, a casi treinta y cuatro mil judíos.

Además del “Memorial”, fuerzas rusas destruyeron ciudades, pueblos, y llevaron a cabo veintinueve ataques contra centros sanitarios.

La Oficina de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas denunció la muerte de quinientos civiles ucranianos, y niños en escuelas, constituyendo de esta forma, “Crímenes de Guerra”, mientras la Agencia para Refugiados informó que, más de dos millones y medio de ciudadanos ucranianos huyeron a países vecinos, y doce millones de personas fueron afectadas directamente.

Cinco países votaron por la negativa

Bielorrusia – cedió territorio para el tránsito de tropas rusas hacia Kiev -, Corea del Norte – que acusara a Estados Unidos por su política hegemónica y prepotente -, Eritrea – país africano, mantiene a través del Mar Rojo importantes relaciones comerciales con Rusia, siendo retribuido con amplios suministros de armas -,  Siria – contando con el apoyo de Rusia hacia Bachar al Asad – y obviamente Rusia, fueron los países que votaron en contra de la “Resolución de Culpabilidad”, y se registraron 35 abstenciones (entre ellas, Cuba, y Vietnam), mientras 12 miembros no hicieron presencia en la sesión.

China, también se abstuvo – más allá de no apoyar sanciones económicas impuestas por Occidente -, e India, dependiendo de Rusia en cuanto a armamento, mantuvo una posición intermedia, no comprometiéndose.

Hungría, y Turquía, se registraron como neutrales – aunque vale recordar que, Turquía, bloqueó en el Estrecho del Bósforo el tránsito a barcos de guerra pro ucranianos -, como también Austria, y Moldavia, que se encuentra alejado de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

En la votación a favor – además de Estados Unidos, Unión Europea, y parte de América del Sur (incluyendo Uruguay) -, se sumaron países con larga tradición de “no alineados”, heredada de los tiempos de la Guerra Fría.

Por su parte, Emiratos Árabes Unidos votó también a favor pese a que días antes, en el Consejo de Seguridad, marcó abstención.

Consejo de Derechos Humanos suspende membresía de Rusia

Más tarde, en Ginebra, el Consejo de Derechos Humanos canceló la afiliación de Rusia, expresando preocupación por la grave situación humanitaria en Ucrania, especialmente por denuncias de violaciones y abusos.

Por 93 votos a favor, 24 en contra, y 58 abstenciones (no se computan), la petición fue aprobada con un 79% de los votos válidos (117), pues la resolución necesitaba dos tercios de los países votantes.

A modo de referencia latinoamericana, Uruguay, votó a favor, lo hicieron en contra, Bolivia, Cuba, y Nicaragua, se abstuvo Brasil, El Salvador, y México, mientras Venezuela no pudo votar – no en contra como algunos medios tendenciosos señalaron – debido al impago de cuotas de membresía.

“¡los aplastaré!”

El resultado de este conflicto marcará la futura política internacional, pero, a decir verdad, Ucrania no debe ser destinada, ni asimilada, de un lado u otro. Más bien, sería ideal, se convirtiera en nexo entre los “dos mundos” – no un satélite -, pero la política exterior muchas veces tiene “otras” prioridades, y está claro que no existe voluntad para que, Rusia, y Occidente, establezcan de una vez por todas una especie de código internacional llevando progreso para ambas partes, y a través de una cooperación mutua desarrollar un compromiso con el mundo.

Rusia, como Ucrania, hacen fuerza, y no pueden vivir en paz, pero, el “Satánico Dr. No” del Klemlin quiere imponer su colonialismo, aunque todo termine en una segunda guerra fría, porque, a Putin, le importa un bledo – parafraseando a Clark Gable, en “Lo que el viento se llevó”- de Ucrania, y ha revelado su bajeza al enviar por intermedio del oligarca Román Abramóvich, su patético pensamiento: dile, “¡los aplastaré!”.

No se altere Sr. Putin – lo de “Sr”, es simple protocolo –, tenga paciencia, todo es cuestión de tiempo… ¡para que su mente desequilibrada, regrese al manicomio del cual, no debió salir!

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