Durante seis horas de golpe…

¿quién era el vicepresidente?

Lorenzo Aguirre

El Juez Supremo de Perú, ordenó siete días de detención preliminar – desde el 7 de diciembre, hasta mañana – para Pedro Castillo, estando investigado por delito de rebelión y conspiración al anunciar la disolución del Parlamento, instaurar un “gobierno de emergencia”, y reorganizar el sistema judicial, Poder Judicial, Ministerio Público, Junta Nacional de Justicia, y Tribunal Constitucional. Asimismo, hizo un llamado a “rondas campesinas” (grupo de autodefensa fortalecido durante el conflicto armado), como también a todos los sectores sociales para que “defiendan la democracia, y las medidas adoptadas”. Por último, ordenó toque de queda. Los comunicados, señalan que fue “destituido por intento de gobierno de emergencia”. ¡No!… no lo “intentó”… ¡lo dio! ¡Guste, o no, fue golpe de Estado!, así sea únicamente por seis horas.

Las Fuerzas Armadas – respetando que el Parlamento continuara funcionando -, como así la Fiscalía, y el Congreso, resistieron, y hasta la propia escolta de Castillo, llevándolo a la Embajada de México – dejando en evidencia el intento de fuga y pedido de asilo político, hecho confirmado por el presidente Andrés López Obrador -, cambió de ruta, dirigiéndose a la policía, la cual lo entregó a la procuraduría.

El grave delito podría costarle a Castillo entre diez y veinte años de “retiro espiritual”, muchos de ellos pasando las frías noches de invierno “platicando” con el expresidente Alberto Fujimori, quien se encuentra haciendo un tour de 25 años por una “suite” contigua, del “all inclusive” penal de Barbadillo.

Pedro Castillo – quinto presidente desde 2017 -, durante sus diecisiete meses de gobierno llevó adelante retenciones a las ganancias de empresas multinacionales, empezó a controlar medios de comunicación, buscó imponer una nueva Constitución, y durante la “Conferencia Internacional sobre Cambio Climático”, el grupo terrorista Hezbolá – brazo derecho de Irán -, estuvo a punto de realizar una serie de atentados como estrategia para establecer una presencia islamita en el continente, contando con el respaldo del golpista de referencia.

Últimamente, cerca de cuatrocientos peruanos establecieron relaciones y se convirtieron al Islam Chiita, muchos de los cuales, “vacacionaron” en Irán.

Pedro Castillo, un pobre, ignorante, e inmoral hombre perteneciente al “Movimiento Político Perú Libre” (marxista, leninista, chavista), se unió a “Sendero Luminoso” para ocuparse especialmente en el entrelazamiento y adoctrinamiento islámico, utilizando como “escala y punto de conexión” la “esencia”, los “Etnocaceristas” (extrema izquierda) –una doctrina política indígena nacionalista, evocando el poderío y la identidad del imperio Inca, la admiración por Andrés Avelino Cáceres (militar que luchó en la guerra del Pacífico, y presidente de Perú a fines del siglo XIX), y el nacionalismo de las Fuerzas Armadas Peruanas en la época republicana -, dueños de unidades paramilitares entre las que se destaca la “Asociación Plurinacional de Reservistas del Tahuantinsuyo”.

Dicha agrupación está vinculada a la organización islámica “Inkarri Islam”, quien recluta a jóvenes, mientras en forma paralela crecen centros islámicos chiitas no solo en Lima, sino también en Cusco, y Arequipa, a efectos de “estimular” las revolución iraní en Perú.

El enlace político con Irán es a través de Edwar Quiroga Vargas – quien negara que Hezbolá sea una organización terrorista -, el cual tuviera conexiones con el régimen de los ayatolas, por intermedio de la organización bolivariana “ALBA”, fundada en 2004 por Hugo Chávez, y Fidel Castro.

El maoísta Pedro Castillo – integrante de “Movadef” (“Comité Nacional de Reorientación”, dirigido por Alfredo Crespo, abogado de “Sendero Luminoso”, grupo narcoterrorista cuyo objetivo es destruir las instituciones peruanas “burguesas” -, contrario a las libertades para homosexuales y lesbianas, como asimismo al matrimonio entre el mismo sexo, además de considerar que el gobierno debía ser interventor, gozaba una postura económica “brillante”, producto de su mente “genial”, sosteniendo que, Perú, tenía que seguir el modelo económico de Singapur.

¡Me reí todo el fin de semana!

La ignorancia de Castillo, es como el universo… ¡no tiene límite!

Ese “modelo” contiene una estructura de tasas más bajas del mundo, siendo el país que más ricos produce, y Castillo hablaba de Estatismo de extrema izquierda con aumento de impuestos en porcentajes y cantidades de rubros.

Volviendo al golpe; Castillo, tomó la decisión de disolver el Congreso, dar un golpe de Estado antes que dicho poder estableciera una moción de destitución en su contra, y en un “breve plazo” – ¿63 años, como en Cuba?, ¿o casi 20 como en Nicaragua? – llamar a elecciones parlamentarias – ¡no, presidenciales! – para que una “verdadera Asamblea” elaborara una nueva Constitución.

Dina Boluarte…

la comedia continúa

El golpe, llevando a la dictadura más breve y estúpida de la historia peruana, la destitución más rápida, la detención más veloz, y la asunción más vertiginosa de una presidente, la cual durante las casi seis horas de golpe de Estado se “olvidó” de dimitir, y continuó siendo vicepresidente hasta que le fuera ofrecido – por los que manejan los hilos de la comedia – el cargo de mandatario.

Dina Boluarte, aceptó como premio a la espera de la oportunidad que daría un limitado intelectual de incapacidad moral.

A decir verdad, a los quince minutos que Castillo hiciera el anuncio y se convirtiera en dictador, el Comandante General del Ejército, Córdova Alemán, presentó la renuncia, seguido por el Ministro de Relaciones Exteriores, César Landa.

Minutos más tarde, también renunció Kurt Burneo, Ministro de Economía y Finanza, seguido por la Presidente del Consejo de Ministros, Betssy Chávez, Alejandro Salas, por la Cartera de Cultura y Trabajo, Félix Chero, Ministro de Justicia y Derechos Humanos, Wilber Rozas, Ministro de Ambiente, y Patricia Benavides, Fiscal de la Nación.

Pero, doña Dina, guardó silencio, y unas seis horas más tarde juró como Presidente de Perú, para luego iniciar la Sesión de Congreso, por toma de mando.

La abogada Boluarte, juró con la mano en la Biblia, “por Dios, la Patria, y todos los peruanos”, ejercer fielmente dicho cargo hasta el 26 de julio de 2026, fecha que finalizaría el mandato de Pedro Castillo.

Dina Boluarte, pasa de vicepresidente elegida democráticamente por el pueblo, a ser vice, en un gobierno de dictadura – aunque sea por seis horas -, para finalmente ser designada presidente, “actuando conforme a sus atribuciones y competencia, pues el Congreso entiende de rigor, llamar a la vicepresidente, para asumir el Gobierno de la Nación”.

Boluarte, expresó “su rechazo a la decisión de Pedro Castillo, de cerrar el Congreso y decretar un gobierno de excepción “, pero por supuesto no empleó el término golpe de Estado.

Tiempo atrás, Dina Boluarte, señalaba: “si al presidente lo vacan, yo me voy con él”, para más tarde acotar, “me puedo alejar de “Perú Libre”, pero nunca del presidente Castillo”.

El golpista peruano había manifestado que, el Congreso lo investigaba permanentemente.

Acaso, ¿el Congreso, no está para fiscalizar?

Don Pedro… ¡así, funciona la democracia!

El muchacho Castillo debió ir a la Asamblea… si lo destituían, retirarse como “mártir”, y pedir asilo político en México….

¡Ahora, estaría tomando tequila, mientras el Sol de Acapulco bronceaba su tontera, ineptitud, e hipocresía!

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