El acoso laboral

Alvaro Vero

En los últimos años la temática de la violencia, el acoso y otros comportamientos abusivos en el trabajo han tomado una dimensión particular y es de conocimiento en el sector salud, donde el profesionalismo y las normas éticas vigentes harían sospechar su ausencia o al menos su control, pero no es así, y es diría, que descontrolado y abusivo además de injusto.

Existen numerosas publicaciones, jornadas y congresos donde se aborda el tema, además de códigos, leyes y decretos que ilustran sobre su peligrosidad, en tanto que el acoso sexual, acoso moral, y laboral adquieren relevancia y estado público inocultable.

Uno de los factores que ha incidido en el tema es el factor psicológico que desarrollan los dirigentes, tanto públicos como privados, ante la ausencia de liderazgos experientes y con capacitación, cubren su ignorancia con egos desmedidos y la sensación de poseer dones especiales que los hacen capaces de enfrentarse con verdades académicas y empiezan a pensar que llegaron al cargo no por ardides políticos sino por mérito propio. El problema que son muchos, capaces de destruir todo un pasado y comprometer el futuro, es la Enfermedad de Hybris o de la desmesura, descrita en Grecia. No configura la satisfacción natural del liderazgo, sino que la naturaliza como enfermedad. Hacen el daño y luego se convierten en pokemones.

Así hemos visto recientemente renuncias a cargos por incompatibilidades de caracteres con jerarcas, que también son conocidos en otros estamentos de la región, hemos observado amenazas de la tabla redonda a profesionales que posteriormente ocuparon cargos jerárquicos en el sector público -inclusive por concurso-,hemos observado comentarios de acosos sexuales por lo que hubo que trasladar personal de enfermería de sectores, y también de usuarias donde toda investigación fue barrida debajo de la alfombra. Pero están en la memoria pública, y se sabe quienes son, y también que fueron premiados con cargos de mayor jerarquía, y que se rasgan las vestiduras con una doble moral. Se ha señalado que el empleador debe preservar la moralidad del ambiente: el problema es cuando el empleador es el mismo que el acosador. Supuestamente debería cuidar de la integridad física y psiquica adoptando medidas de prevención.

Entonces estos pokemones se esconden, crean un silencio deliberado, agreden físicamente (frecuente en el ambiente quirúrgico), acosan sexualmente, fomentan el bullying (fulano es difícil), intimidan con sanciones salariales, amenazas, comportamientos hostiles, y forman la «barra» de claqueo incondicional.

El resultado final consiste en conductas reiteradas, con el objetivo claro de dominar y controlar al otro, violentando la dignidad del trabajador y degradando el ambiente laboral.

Se aisla a la víctima, se impide la comunicación (por miedo nadie se acerca) se somete a burlas, se corren rumores en cuanto a su reputación y capacitación, no se le asignan tareas et.

Que vías dejan: la administrativa y la empresarial están bloqueadas por los mismos que practican el acoso y queda la judicial cuyos términos de resolución en el tiempo son infinitos. Existen sedes judiciales en Montevideo cerradas hace meses o por falta de integración, o por Covid, o por ferias habituales. Además para el caso de las mutuales con la ley 18440 del 2008 las cooperativas de profesionales deben adecuar sus estatutos al régimen jurídico de las cooperativas de trabajo (ley 18407) y el art. 102 dice: «Serán aplicables a todos los trabajadores tengan o no calidad de socios las normas de protección de legislación laboral y la previsión social, excepto la indemnización por despido a los socios excluidos».

Esto que parece tan claro, originó no menos de 15 sentencias de exclusiones sin pagar despidos, respaldando el abuso y el despotismo médico gerencial con la ayuda de profesionales rentados que gozan de la ignominia social, acomodaticia; con erogaciones de protección a profesionales capitalinos. ¿En Salto? SI, con el dinero del usuario.

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