El batllismo: vive y lucha

Miguel Lagrotta

En el debate eterno sobre el rol estratégico de las Empresas Públicas nos enfrentamos sobre el tema del monopolio, la libre competencia y el rol del Estado en la generación de riqueza volcada sin más al desarrollo social y económico del país. Se dice por parte de figuras muy importante del Partido Colorado que es imposible comparar el desarrollo empresarial de comienzos del siglo XX con la visión monopólica para enfrentarse al capital extranjero de empresas europeas mayoritariamente británicas durante la consolidación del batllismo y sus baterías de reformas. Pues bien creemos que el rol del batllismo más allá del tiempo tiene claves y esquemas que son inherentes a su ideología y que los cambios deben ir más allá de los tiempos hacia su razón de ser que es el crecimiento armónico de la sociedad con una justicia social que indudablemente pasa por la visión económica, el rol del Estado y el conglomerado de Empresas Públicas que permiten llevar a buen puerto lo anterior. La realidad es que durante la segunda presidencia de don Pepe (1911-1915 se llevó adelante una profunda radicalización denominada reformismo por unos y progresismo por otros. Sin dudas todas las políticas eran fuertemente transgresoras del orden establecido. Si seguimos al académico Gerardo Caetano podemos percibir que comienzan a perfilarse dos «familias ideológicas» que sin dudad perfilaron nuestra democracia hasta la actualidad, por un lado un republicanismo con perfiles radicales y por otro un liberalismo conservador con gran recelo por no decir miedo del protagonismo social de las masas populares. Conviene citar un pasaje de la Convención del Partido en 1926 donde se debatía el alcance del modelo de crecimiento social llevado adelante por el batllismo, el propio José Batlle y Ordóñez sostenía: » El progreso consiste en mejorar cada vez más las vida y hacer que todos lo pasen mejor, en rodear de garantías y comodidades a los habitantes del país y nada de esto se consigue sin emplear medios pecuniarios. Lejos de consistir el progreso en disminuir el Presupuesto, consiste en aumentarlo. No para hacer gastos innecesarios, porque eso es digno de gobiernos corruptores y de partidos que no tengan la nación de su deber, pero sí para emplear esos gastos cada vez mejor en la satisfacción de las necesidades públicas y en impulsar el país hacia adelante» Acta, II, 352. Lo que sí es verdad que la estructura recaudatoria del país por aquellos tiempos se sostenía en las rentas de aduana. Los impuestos directos no tenían una gran relevancia. Frente a esta situación con raíces en el siglo XIX, el batllismo comienza una modernización de la Contribución Inmobiliaria mediante un proceso de varias reformas que incluyeron el aforo de las propiedades inmuebles entre 1905 y 1912 y se llegó a un aforo individual en 1905. Como no hay nada nuevo bajo el sol los opositores al batllismo plantearon que estos nuevos impuestos solo provocarían fuga de capitales. Conviene referirnos a los enfoques clásicos en materia económica que se debatían a comienzos del siglo XX, se consideraba con los fundamentos disponibles y sobre todo siguiendo a John Stuart Mill, que el estado debía accionar en las áreas no rentables en beneficio de los desposeídos y que el «valor» de la tierra, descontada toda mejora era posible de una imposición fiscal mayora que a los salarios o al capital. Evidentemente el batllismo era transgresor en materia de redistribución para cumplir su modelo de desarrollo en la cual el eje era la legislación social de avanzada y el avance hacia una justicia social profunda. En la actualidad y sobre todo desde el viraje de la lista 15 hacia una visión liberal conservadora, el batllismo ha quedado en el mejor de los casos mimetizado con propuestas que fueron el marco conceptual de otras visiones políticas encarnadas en el nacionalismo. La visión liberal conservadora que por supuesto no es la visión batllista más allá de sus indispensables actualizaciones, la podemos resumir en: defensa absoluta de la libertad individual, crecimiento económico, autoritarismo, naturalización de las desigualdades sociales, críticas a todas visiones igualitarias, exagerada defensa de los emprendedores, rechazo visceral a la intervención estatal lo que incluye a las Empresas Públicas y los funcionarios del Estado. En fin, el batllismo tiene, todavía un rol importante en la vida política, no el de simple etiqueta para sectores busca votos, pero hay aspectos fundantes que no se puede cambiar porque dejaría de ser batllismo para ser otra opción. El concepto de evolución del batllismo lo encontramos en un libro clásico sobre el tema:

«El batllismo es pues, una tendencia netamente reformista: una primera reforma prepara una segunda, y esta a su vez una tercera, y cada una apoyándose en la anterior y derivando de ella, no brusco o repentino cambio, sino gradual transición. De esta manera todo se alcanza sin perturbar el equilibrio social, paulatinamente, en un movimiento progresivo, rítmico. Las conquistas se irán sucediendo, unas tras otra; hasta la última, Sin violencias ni sacudidas. Armoniosamente» Gonzáles Conzi, E. 1928, 37.

Sin embargo en todo debate ideológico queda un tanto de lado la postura de los votantes, de la masa partidaria, que si no siente al «escudo de los débiles» lo busca en otras tiendas. No es batllismo, es batllidad. Pero son los que legitiman el modelo mediante el voto.

Ver: García Bouzas, R. Estudios de historia conceptual del pensamiento político. Udelar. 2014.

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