El batllismo y la oportunidad en 1973

Miguel Lagrotta

Al acercarnos al medio siglo de los hechos, que comenzaron en octubre de 1972, nuevamente el tema del golpe, la dictadura y el rol de los diferentes actores vuelve a aparecer. Siempre que se debate sobre golpes y dictaduras, se debate sobre la democracia, la representación política, los partidos políticos y los DD.HH.

Hubo mucho silencio, hubo censura, hubo proscripciones pero también hubo defensa cerrada de la democracia liberal, los derechos individuales frente a un modelo que quería finalmente legitimarse en un texto de reforma constitucional en 1980. Asombro, o no tanto, los propios golpistas pretendieron su habilitación mediante la aprobación del soberano.

Hubo defensores brillantes del sistema democrático, siempre me viene a la mente la figura del Dr. Enrique Tarigo, pero también hubo defensores (y de los otros) en los medios principales escritos como El Día y El País.

Si tratamos de definir en forma académica el proceso cívico militar como se autodenominaba o la dictadura como la definía casi todos, podemos decir que los sectores más conservadores que tenía el Uruguay a comienzos de los años 70 barrieron a los sectores liberales y tomaron la conducción del estado en un proceso en cámara lenta y con etapas claras como los hechos de octubre de 1972, febrero y junio de 1973.

Como era de esperar por nuestras tradiciones de respeto institucional, aun en un golpe, comienzan inmediatamente a crear una suerte de andamiaje institucional que legitimara a las Fuerzas Armadas y las perpetuara con una nueva definición de la seguridad del estado que sostenían amenazado por aspectos reales y muchos no tanto.

La gente, los medios, gráficos en su mayoría, comenzaron a debatir sobre los principios de los valores políticos ya sea utilizando la historia antigua o episodios del extranjero que podía comentarse atravesando, en buena ley, a la censura imperante. 

En definitiva se buscaba la restauración del modelo liberal, participativo, redistributivo y socialmente progresista del batllismo.

Aquellos editoriales se referían, trataban y debatían sin decirlo sobre temas muy variados ya sea causas de la crisis económica, problemas de empleo que en definitiva llevan siempre a una conceptualización final: libertad y representación como los modelos históricos que resolvieron los problemas en el mundo.

El diario El Día, fundado por José Batlle y Ordóñez en 1886 fue por décadas el principal vocero del batllismo. La vinculación de su fundador con su pensamiento y obra nos lo muestra combatiendo a la dictadura del general Máximo Santos que gobernó de facto durante el período denominado militarismo entre 1882 y 1886.

El diario siempre tuvo, en general, una coherencia en las ideas rectoras del batllismo inicial, pero también siempre abría sus páginas a múltiples y diversos autores que con matices siempre mantenían a la libertad política como el don más preciado a cuidar.

Queda claro que la construcción política del Uruguay siempre fue gradual, también lo fue la caída al abismo de la dictadura. La larga duración nos llevaría hasta el descabezamiento de las jerarquías militares durante el terrismo.

En lo económico podemos ubicarnos en el final del modelo ISI. siguiendo a Juan Rial «el batllismo surge como modelo político y social a partir del primer gobierno de José Batlle y Ordóñez en 1903, se lo conoce como una fracción del Partido Colorado, como  a la ideología y por extensión al estilo de desarrollo asistencial y providencialista a partir de la segunda década del siglo XX» En los años previos a la dictadura, la violencia, los enfrentamientos ideológicos radicalizados, las influencias extranjeras, ya sea el Mayo francés, el Che en Bolivia o Vietnam se convertían en insumos fuertes para debates fuertes.

Esto origina, el viraje de la 15 luego de la muerte de Luis Batlle y en general los partidos se fraccionaron en sectores autoritarios y anti autoritarios. El Día asume de inmediato la voz de la oposición desde sus páginas, con algunas voces discordantes dentro, en realidad se pensaba que no duraría mucho el estado de excepción. Y pensaron con lógica que era el momento propicio para reformula el pensamiento batllista y en un editorial del 18 de julio de 1973 titulado » El silencio como oportunidad» fundamenta lo anteriormente expuesto: «La salida de los grandes rezones no llega por el mágico azar de un salvador mitológico, sino por el hondo reflexionar de grupos de hombres y partidos dispuestos a revisar sus propias trayectorias. Lo contrario conduce a una desesperación por maniobrar, en la que se queman energías que se precisan para la tarea-necesariamente previa- de ordenarse precisarse y perfeccionarse en el campo de la lucha ideológica. Ahora hay una pausa que no la buscamos nosotros. No podemos interrumpirla en el momento, y no sabemos cuánto durará, hay voces que la suponen breve. Lo que si podemos es convertirla en una oportunidad para que de su silencio broten voces sazonadas que no solo griten «Viva Batlle» sino que además piensen- es decir respondan con creatividad- junto a Batle, desde Batlle, hacia un mañana mejor que el de hoy. Y también que el ayer» El Dia. Ed.it. » El silencio como oportunidad» 18/07/1973.

Que falta hace que el batllismo actual convierta su situación en oportunidades, no de cargos, para el país.

Ver: Albistur, G. La Civilización en disputa… Espacio interdisciplinario. Udelar 2012.

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