El comienzo de la crisis: 1964

Jorge Nelson Chagas

El origen de la severa crisis político-institucional que padeció Uruguay en el primer semestre de 1964 estuvo en el decreto del 21 de mayo que suspendió por quince días determinadas categorías de importaciones, sancionando sin consultar a los jerarcas de Hacienda. Esto provocó la renuncia de los mismos y de todos los ministros.

Durante veinte días la mayoría blanca no pudo recomponer el gabinete. Los grupos liderados por Fernández Crespo, Alberto Heber, Martín Echegoyen, Haedo y Washington Beltrán, se enfrascaron en una áspera riña por los cargos. A su vez, el Partido Nacional por sí solo no tenía los votos para aprobar el Presupuesto General de Gastos. Desde un año atrás venía negociando con los colorados pero el acuerdo seguía bloqueado.

Al vacío de poder se le sumó la presión del ejército para que el general Pablo Moratorio ocupara la cartera de Defensa. La gestión del anterior ministro, el general Luis Modesto Rebollo, había levantado resistencias en filas castrenses. La institucionalidad peligró. En el libro Crisis y Estancamiento 1958-1968 (1986) Rosa Alonso y Carlos Demasi afirman que “Moratorio habría reclamado que todo el gabinete fuera designado por militares”. Este episodio iba de la mano con la nueva ola de militarismo que se había extendido por América Latina, comenzando por Argentina cuando el 20 de marzo de 1962 los oficiales de las fuerzas armadas intervinieron para anular las elecciones provinciales llevadas a cabo diez días antes. Durante 1963 los gobernantes electos democráticamente de Guatemala, Miguel Idígoras Fuentes, República Dominicana, Juan Bosch, Honduras, Ramón Villedas Morales y Ecuador, Carlos Arosemena, fueron derrocados por las fuerzas armadas. El golpe de Brasil en abril de 1964 confirmó esta tendencia. ¿Llegaba el turno de Uruguay?

El contralmirante Oscar Lebel recordó, en julio del 2004, que por esos días fue invitado a concurrir a la casa del coronel aviador en retiro Alberto García, amigo del general Gestido y piloto preferido de Luis Batlle. Estaban allí dos personas: el general Líber Seregni y el coronel Raúl Flores. Ahí Seregni le explicó que se estaba pergeñando un golpe de Estado, cuyas cabezas visibles en lo militar eran el general Moratorio, ministro de Defensa, y el general Aguerrondo. En lo civil estaban implicados personalidades del ala conservadora de los partidos tradicionales. La bendición venía por parte de algunos sacerdotes ultramontanos de la Iglesia Católica.

En esa oportunidad Seregni agregó que se había conformado una “muralla antigolpista” con la colaboración de su colega y amigo el general Santiago Pomoli. Lebel adhirió a la causa y ya en su unidad, reunió a los oficiales en torno a una mesa, puso su pistola en el centro y les explicó la situación. La aprobación fue sin fisuras.

Ante esta emergencia Luis Batlle ordenó a sus legisladores mantenerse junto al teléfono, aún el fin de semana, porque en el momento menos esperado podía necesitar su concurso. 

El 11 de junio de 1964 el Partido Colorado emitió una declaración unánime reclamando a los blancos “sentido de la responsabilidad”, que superaran “sus propias dificultades” y cumplieran “con la obligación de gobernar de acuerdo con el mandato otorgado por la ciudadanía”.

Pero más allá de rumores y realidades, el general Pablo Moratorio fue designado en la cartera de Defensa. El acuerdo “prendido con alfileres” que sorteó la crisis, no evitó la sensación generalizada de la atonía del colegiado y de que la fraccionalización partidaria había alcanzado límites peligrosos.

Pero, ¿podemos mirar esta crisis de 1964 desde otro ángulo?  Los militares en la historia reciente aparecen, muchas veces, como los villanos de la historia. Algo comprensible teniendo en cuenta sus actuaciones en los años pasados. Sin embargo… ¿se han analizado las causas del descontento militar?

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