El enfoque curricular por competencias como nuevo enfoque educativo

Claudio Rama

La ANEP aprobó el documento inicial del Marco Curricular Nacional basado en un enfoque por competencias en línea con el nuevo marco legal dado por la Ley de Urgente Consideración (LUC), que había dispuesto que la educación formal debe promover competencias para la vida. El documento aprobado establece los ejes de esas competencias que serán la base de los currículos en todos los niveles de la educación. Este marco aprobado se refiere a la formación preuniversitaria, pero corresponderá también que el nivel universitario autónomo y el que supervisa el MEC para las IES no autónomas, fijen los componentes curriculares por competencia para su nivel. Ello con miras a para darle unicidad y coherencia a toda la educación más allá de su necesaria diversidad. Este documento a su vez se ajusta al Plan Educativo presentado al Poder Legislativo el año pasado, también acorde a lo dispuesto por la LUC. En este primer artículo sobre el tema, nos centraremos en los ejes conceptuales del enfoque por competencias en general. 

El enfoque por competencias es derivado de la enorme expansión del conocimiento y de las grandes transformaciones en los sistemas productivos a escala global desde los años 90 con la apertura económica, la incorporación de tecnologías digitales y la globalización. Es un enfoque amplio y diverso y que tiene múltiples dimensiones, pero que finalmente se centra en que el valor de los conocimientos está dado por los resultados, por el “saber hacer” y no solo por el “saber”. El solo saber y una mirada sólo de los “contenidos” deja de tener sentido para una inserción en la vida laboral y social. Este enfoque se asocia a un nuevo concepto de la calidad de la educación, que re-focalizó la relación entre la teoría y la praxis como ámbito de aplicación de los conocimientos.

El enfoque por competencias no es una referencia teórica, sino que impone una particular organización educativa centrada en el aprendizaje por encima de la enseñanza, y que se centra en el estudiante al propende facilitar su inserción posterior en el mundo del trabajo. Ella formula una pedagogía centrada en el   entorno, y coloca como centro la capacidad de las personas de vivir, convivir, comunicar y trabajar ante la diversidad de demandas sociales. No refiere a una capacidad sino a una amplitud o una cartera de competencias, y por ende diversidad de pedagógicas. Ellas articulan conocimientos útiles, no parcelados sino interdisciplinarios, globales, con múltiples modalidades de abordaje y además concebidos en un aprendizaje continuo.

La competencia tiene muchas definiciones por diversos autores: como capacidad real de un individuo de dominar un conjunto de tareas que configuran un puesto de trabajo concreto (Moore 1994); como capacidad de movilizar cono-cimientos y técnicas para construir esquemas referenciales de acción que faciliten  diagnósticos y resolución de problemas productivos no previstos (Catalano, 2004); como capacidad de resolver problemas y realizar actividades en un contexto complejo y cumplir con los objetivos esperados, teniendo en cuenta las situaciones, los valores y criterios profesionales adecuados con los saberes requeridos (Mastache, 2007); o como capacidad de actuar eficazmente en una determinada situación apoyado en conocimientos, pero no limitado a ellos (Perrenoud, 2001). En el contexto de los saberes en general, las competencias remiten a conocimientos concretos que tienen una asociación con trabajos concretos.

En síntesis, podemos decir que las competencias (que es lo que sabemos hacer) es el resultado de nuestras actitudes (lo que somos), de los conocimientos (lo que sabemos) y de nuestra enseñanza (lo que estudiamos), y que se centra en adquirir capacidades concretas de acción y de resolución de problemas.

 El concepto mismo de competencia remite a la existencia de demandas cada vez más sofisticadas de la sociedad y el trabajo que reclaman habilidades y destrezas que hoy no se logran apropiar bajo los tradicionales mecanismos de transmisión educativos focalizados sólo en contenidos y saberes teóricos. En este nudo está el problema central de la crisis educativa en el país. También es de destacar, que dado la cantidad de conocimientos y su propia expansión, el enfoque por competencias es la forma para seleccionar y ordenar los contenidos o conocimientos en función de su aporte y eficiencia para contribuir a alcanzar la capacidad de realizar actividades concretas y resolver problemas. El concepto de competencias se constituye incluso en una metodología para identificar necesidades y demandas para el trabajo y la vida inserta en la sociedad.

Hay muchos desarrollos conceptuales sobre el enfoque por competencias. Yo mismo he publicado un libro con un modelo de 11 competencias que llamé las competencias “i”. Una de esas orientaciones han estado dadas por el Informe Faure (1972) y el Informe Delors (1996) que refieren a aprender a conocer, hacer, vivir, convivir y ser, y que ya planteaban el pasaje de la noción de calificación a la de competencias. Este informe de la UNESCO ha contribuido a identificar las competencias que requieren los profesionales en los nuevos entornos laborales y sociales con crecientes complejidades técnicas, flexibilidad, e de interacción social. Hay muchas otras miradas y clasificaciones. Bien sean competencias genéricas frente a las específicas, de tipo disciplinarias o desagregadas como competencias relacionales, sociales, informáticas o metodológicas y hasta emocionales, todas propenden a identificar algunas de las características y habilidades que mejor se ajustan al nuevo mundo técnico y social más complejo, identificando los requerimientos para el ingreso al mundo del trabajo.

Con este paso se abre un debate de cuáles son las competencias pertinentes y si la propuesta integra las más importantes. Algunos, que como siempre hablan y poco saben, dirán que esto es educar para la explotación y el capitalismo, que no contribuirá a resolver el abandono educativo y la crisis, o que este enfoque es extranjero y habrá que crear un enfoque nuevo para el hombre nuevo, o incluso que hay que incorporar las millones de competencias posibles en las aulas y no las centrales y posibles.  Pero más allá de todo lo que venga, este es un paso importante en el camino de reformar la educación y articularla más sólidamente a las necesidades de los estudiantes y comenzar a superar la crisis en una buena dirección.

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