El gobierno, los tiempos, los partidos y las ideas

César García Acosta

“El tiempo es la divisa de tu vida. Es la única divisa que tienes, y solo tú puedes determinar cómo será gastada. Sé cuidadoso y no permitas que otras personas la gasten por ti”, sostenía casi con impertinencia el escritor estadounidense Carl Sandburg.

Es que el novelista sabía muy bien que por más que su editorial le exigiera una obra tras la otra, él requería de un tiempo y de un espacio para concebir una idea, depurarla en su sentido más amplio, para trabajarla con criterio de rigor científico hasta poder presentarla en el tiempo y espacio adecuado como para ser comprendida a cabalidad.

Jamás un emprendimiento social, y mucho menos uno político, puede lanzarse al mercado de la opinión pública bajo la consigna que impone la inmediatez. Se necesita tiempo, y se necesita que a idea perdure más allá de actores y sinsabores.

Los gobiernos de “entonación nacional” o de “concertación” no han sido más que un tipo de coalición política con el único fin de lograr el poder gubernamental para poder hacer prevalecer ideas en la sociedad. Eso fueron los gobiernos en los que participaron desde 1985 diversos actores políticos llegados desde distintos partidos e ideologías. En el primer gobierno de Sanguinetti hace 37 años, además de blancos, su gabinete primario o secundario lo integraron políticos frenteamplistas. La segunda versión gobernante de Sanguinetti le permitió ir más allá y hasta consiguió el retorno de Hugo Batalla, un símbolo para la izquierda uruguaya que incluso hasta ahora lo no ha logrado sustituir en el imaginario político perseguido para lograr con holgura el desequilibrio electoral necesario que pudiera garantizarle el Gobierno. Y ese lugar, ese espacio, ese nicho electoral, no ha sido otro en los últimos 100 años del país que el ocupado por el batllismo como corriente de opinión.

Seguramente es por eso que el destino electoral nos haya privado a los batllistas, y a los colorados en general, de un mayor caudal electoral en los últimos tiempos, y es que el país esperaba necesariamente la conformación de un espacio más profundo que además de amplitud permitiera ser la garantía de una gobernanza capaz de ser defendida sin amages, como programa de gobierno, por cada uno de sus componentes, quienes coaligados debía dejar de ser quienes eran para lograr ser algo nuevo, variable, capaz de hacer prevalecer un “granito de arena” con la fuerza de camión electoral que, aunque circunstancial, tiene el atributo de mantener en general la capacidad de competir y hacer prevalecer un programa de gobierno.

Eso es lo que busca minimizar, afectar, destruir, desarticular, el Frente Amplio.

Si votaron más del 60% de la LUC cuando su tratamiento parlamentario: ¿por qué intentan destruir lo que ayudaron a construir con un plebiscito de “medio tiempo”? La respuesta no es otra que movilizar y poner freno al progreso con fines de buscar el fracaso del gobierno.

Yendo a lo que debe importarnos a los colorados, por estas horas y entre bambalinas muchos dirigentes empiezan a mirar los años que vendrán con la expectativa lógica de escalar en sus internas rumbo a los comicios de las primarias (internas de los partidos), para luego constituirse en la base o soporte de su partido. Para eso se necesita el tiempo del que hablaba con insistencia Carl Sandburg para la construcción de sus ideas, y el necesario tiempo de los partidos políticos, para reconocer entre los suyos un objetivo electoral posible de ser cumplido.

Será difícil para los colorados, y más para los batllistas, luchar con el estereotipo de la izquierda `caviar´ del Uruguay, porque es ella y no la del comité de base quien ensaya las estrategias con miras al poder. Y no hay que olvidar que, ahora cuando tanto se habla de los derechos laborales aparentemente limitados por la LUC, que fue el gobierno de Tabaré Vázquez quien por decreto regulo huelgas, derechos y deberes. Quizá lo que hoy se hace es ordenar con la mira puesta en la OIT, una normativa de trabajo que necesariamente debía ajustarse a la realidad internacional para terminar enfrascada en una mentira local que terminaría privando al país de inversiones que de otro modo serían imposibles de alcanzar.

Es por todo esto que el actual ministro Tabaré Viera puso en juego en la última edición del semanario BÚSQUEDA, varios conceptos que deberíamos observarlos en función del tiempo y del espacio, antes que nada de los colorados y batllistas, para luego decodificarlos como parte del principio de una campaña electoral que históricamente será más ratificatoria que de cambios, con muchas certidumbre y cada vez menos estereotipos electoreros hechos a la medida de una elección que, como esta del plebiscito, en vez de impugnar una ley, lo que hacen es impugnar un gobierno.

Ante la pregunta sobre si “¿ss viable que el sector Batllistas se presente en 2024 de la misma forma que está hoy?”, Tabaré Viera respondió: “creo que el Partido Colorado va a ser muy diferente en su interna a lo que fue en la última elección, está claro. Sin la presencia de (Ernesto) Talvi, que nucleaba a Ciudadanos, sin la candidatura de Julio María Sanguinetti y con posibles nuevos candidatos.”

Siguiendo esa línea argumental, BÚSQUEDA le planteó: “¿no parece haber un candidato natural como sí lo hay en otros partidos, ¿eso es una preocupación?, ante lo que Viera afirmó: “sí, sin duda. No es fundamental en este momento, y creo que no hay que apresurarse porque los candidatos no se inventan. Mucho menos los líderes. Por lo tanto hay que dejar que esto fluya. Es momento de gobernar. Nosotros somos parte de un gobierno y tenemos responsabilidades de gobierno. Hay un tiempo para cada cosa. Hoy la interna está muy bien, es agradable. El partido está funcionando y el Comité Ejecutivo trabaja semanalmente. Los candidatos son importantes en determinado momento, y ya lo vamos a definir, pero no es lo que hoy más nos preocupa. Hemos tenido problemas claramente en la renovación partidaria. Y no porque no hubo renovación. La hubo, pero no se sostuvo en el tiempo. Cuando Pedro Bordaberry ganó la elección interna parecía que teníamos allí un nuevo líder en el partido, pero lamentablemente, después de dos elecciones, decidió retirarse. La historia de Talvi se conoce. El partido, además de tener que renovar líderes tan fuertes como Sanguinetti y Jorge Batlle, tuvo esa mala suerte de que no hubo continuidad en la renovación. Creo que hay varios posibles candidatos. Tenemos que ver cuál está mejor. Y con los que estén mejor vamos a ir a la elección.”

Las claves están sobre la mesa imaginaria de las decisiones, pero mucho más que eso, lo que está en juego es la perseverancia de saber que certeza no está ni el grano de arena o del quilo de arena que cada uno pueda traer a la coalición republicana, sino que la fuerza está en “la arena”, como símil de una sociedad expectante por ver a una coalición capaz de defender una idea más allá del interés sectorial.

Y quizás así sea porque en el Frente Amplio ocurre todo lo contrario: las izquierdas –que no es una sino varias- ven como su partido de coalición es captado por los radicales donde la visión centrista dejo de prevalecer para dar paso a la confrontación y el poder.

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