El manual del perfecto intolerante

Daniel Manduré

A veces creo que puede ser agotador insistir con un tema, escribir una, dos, tres veces sobre lo mismo. Podría resultar, para algunos, reiterativo, superficial y hasta poco creativo.

Pero siempre surge algo que hace que ese tema no pierda vigencia nunca. Porque en realidad debería acompañarnos siempre.

Me refiero a la tolerancia.

No debería cansarnos, agotarnos ni aburrirnos  leer, escribir y menos aún practicarla.

Por eso quiero compartir algo que escribí hace un tiempo atrás sobre un tema serio, más aún en los tiempos que corren, con un toque de humor, no se si bien logrado, pero sobre el que quiero insistir, seguramente no será la última vez.

Las redes sociales y cada vez con mayor frecuencia se vienen transformando en algo verdaderamente insufrible.

La crítica bien fundada y respetuosa, la ironía bien esgrimida, el humor inteligente, la broma sana pueden hacer del uso de las redes un elemento enriquecedor, pero en cambio, si el camino elegido es el del agravio gratuito, la mentira, el fanatismo, la intransigencia, el resentimiento o el odio nos dirigimos hacia un callejón sin salida. Donde todo nos conduce hacia un único lugar, la más pura y descarnada intolerancia.

Donde se manejan las cuestiones éticas como goma de mascar, la estiramos de acuerdo a nuestra propia conveniencia.

Hay mucha indignación flechada, mucha hipocresía, una escala de valores que sufre de hemiplejia.

Demasiados ataques infundados y muy pocos argumentos, hay muertos de primera y muertos de segunda, dictaduras buenas y dictaduras malas.

Pedir que caiga todo el peso de la ley sobre los corruptos si son mis adversarios y defender lo indefendible si los corruptos integran mi colectivo.

Siempre existe la posibilidad de crear el decálogo del perfecto intolerante, sobre todo para poder detectarlos e identificarlos con mayor claridad.

No es fácil ser un buen intolerante, uno perfecto. Vivir de agravio en agravio, de mentira en mentira, conviviendo con el veneno de la verdad única no debe ser tarea sencilla. Depositar toda nuestra energía en ello debe ser verdaderamente agotador.

Sin tener oídos para escuchar al otro y sin tener ojos para ver otras verdades.

Funcionando como policías de la moralidad, donde todo dependerá  si piensas igual o diferente a mi.

Donde se abandona todo pudor y se dejan los escrúpulos a la vera del camino.

Seguramente el dogmatismo que invade al individuo intolerante no debe ser sencillo de manejar.

Por ese motivo sugiero las bases a través de las cuales conocer, para poder detectar a un verdadero y perfecto intolerante. A veces es fácil, se huelen a lo lejos, otras veces es difícil, se disfrazan, caminan entre la muchedumbre con ropa que no les pertenece, intentando parecer lo que no son.

1) El buen intolerante es dicotómico, porque ve la vida en blanco o negro, todo es bueno o malo, no hay grises, puntos medios o matices.

2) Son fanáticos, no aceptan las ideas diferentes a la de ellos. No son autocríticos, no saben reconocer errores ni equivocaciones, menos aún pedir una disculpa, porque significaría un síntoma de debilidad.

3) Para ser un intolerante perfecto hay que ser extremista. Incapaces de adoptar medidas consensuadas. Se indignan parados en un extremo por las posturas radicales de quienes se encuentran en el extremo opuesto.

4)Suelen ser agresivos, la falta e incapacidad para brindar argumentos consistentes con el que piensa diferente  los ponen nerviosos y ansiosos. Porque ser un librepensador no aplica en su diario vivir.

5) Son dogmáticos, solo existe su verdad, la única posible, no hay lugar para otra.

6) Es prima hermana de la hipocresía, ellas conviven y se alimentan mutuamente. Reclaman por tolerancia pero esconden, tal vez sin ellos mismos saberlo, la más rancia intolerancia.

7)Pueden llegar a disfrazarse de amantes de la justicia y de la libertad, siempre que se piense como ellos. Solo alcanza que la justicia se expida con resoluciones contrarias a sus intereses para atacarla con dureza y sin miramiento alguno.

Hoy son amigos, te aman, te felicitan, comparten con sus amistades tus reflexiones, sos ejemplo a seguir, solo falta con que lean un par de veces algún pensamiento que no les gusta para pasar a la nómina de los enemigos, te bloquean de las redes, intentando hacerte desaparecer de sus vidas.

8)Un intolerante con mayúsculas puede llegar a catalogarte en un mismo día de facho o comunista, oligarca o populista, de nazi o stalinista, dependerá del ánimo del momento.

9)Si no tienen como pegarle a alguien porque su conducta es intachable buscarán una foto falsa, inventaran un rumor, correrán presurosos a compartir alguna información mentirosa o escarbarán entre tus ancestros buscando algún familiar de conducta más o menos dudosa. Si puede ser un padre, hermano o mujer mejor, de lo contrario insistirán en tu árbol genealógico hasta que aparezca alguien.

Un primo que de niño haya robado unos caramelos en el almacén de la esquina también puede servir.

10)Un buen intolerante si pretende ser perfecto tampoco debe escuchar al otro, no le interesa hacerlo. Porque la única voz que oye es la suya.

No lo intentes convencer o que entre en razón porque nada sabe de entendimiento y de razón.

Si al leer este decálogo considerás que tenés al menos una de éstas «cualidades» vas en camino hacia la intolerancia, estás a tiempo de poner reversa

Si tenés más de 1 y hasta 3 seguramente comenzaste a ser un experimentado y buen intolerante. La reversa no responde.

Cuando son 4 o más las «cualidades» que te adornan, ya no tenés marcha atrás. Seguramente la reversa no vino de fábrica. Sos un profesional en materia de intolerancia,  con los galardones y atributos suficientes para liderar la manada de intolerantes que hoy nos agobian en las redes…y en la vida.

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