El presidio uruguayo

Zósimo Nogueira

Cada gobierno promete cambios y ese cambio no viene.

En políticas carcelarias deben adoptarse cambios profundos, que permitan el ejercicio de autoridad e implementar proyectos de convivencia que atienda al preso como individuo.

Medidas diseñadas para los nuevos  huéspedes manteniendo para el resto de la población el consabido criterio de premio y castigo.

Términos a ser tomados en su justa medida. La sanción penal es un castigo, la autoridad es responsable por su cumplimiento.

El premio; regímenes de vida con mayor libertad o movilidad y graduales beneficios por estudio, trabajo y situaciones legales o familiares que ameriten

Dejando las causas del ingreso al sistema penitenciario, el enfoque debe apuntar al individuo como tal, sacarlo de la generalidad.

Ese individuo que ingresa es tan diverso como nuestra sociedad.

Si bien hay mucha juventud, hay presos de todas las edades y color de piel, las diferencias las arrastran de su vida en libertad.

Lo mismo ocurre en cárceles de varones como de mujeres.

Personas sanas, fuertes, enfermizas, enclenques. Etero sexuales, homosexuales, bisexuales.

Desde analfabetos/as (pocos/as, pero hay) hasta universitarios/as.

Con muchas habilidades  o muchas torpezas, muy inteligentes y hasta con trastornos siquiátricos.

Con apoyo familiar, con rechazo familiar y sin ningún vinculo, ni sanguíneo ni afectivo. Con patrimonio propio o familiar y sin nada.

Todos con una historia de vida y de delito distinta. Un destino incierto.

Y al ingreso a cualquiera de las cárceles mucha, mucha incertidumbre.

El reincidente localizando amistades, cómplices, averiguando sobre la guardia y buscando la protección de la barra amiga o del capo del sector.

Pero todo se desvanece cuando aparece un enemigo olvidado, una deuda pendiente.  Entra la desesperación por integrarse a un colectivo protector.

Y el nuevo reo, que transita entre miradas inquisidoras, susurros y cuchicheos en un mundo preconcebido pero desconocido.

Observando todo, a veces desafiante pero por lo general cabizbajo.

La violencia y el temor están ahí, latentes y solapadas.

Pocas garantías le da el sistema penitenciario a ese individuo; muy poco.

En una cárcel con poca población, que funciona acorde a las pautas de la autoridad podrá desarrollar actividades laborales o intelectuales.

Siempre condicionado a su nivel intelectual, capacidad y apoyos económicos, estado físico y sanitario y la asistencia letrada que reciba por sí o por parte del Estado.

Ese combo cuenta a la hora de su alimentación, asistencia, esparcimiento, de sus vínculos intra y extra carcelarios, de sus contactos con el exterior.

En esos lugares recibe algo esencial; “un trato digno”, pero que nadie lo asimile a la mentada recuperación y reinserción laboral.

Las actuales políticas carcelarias no evitan la reincidencia, no reincide aquel que posee vínculos afectivos, no es delincuente habitual y que al egresar puede continuar una actividad para la que está preparado.  

Situación distinta deben enfrentar quienes ingresan a los macro establecimientos, y otras cárceles saturadas por el hacinamiento.

Son alojados en celdas múltiples en donde quienes ya están instalados delimitan espacios, los hostigan e indagan sobre la causa de prisión, sobre los recursos que posee, sus pertenencias, familia, vínculos y habilidades.  

Por carencia de espacios y tan problemática convivencia los alojamientos para los nuevos huéspedes son seleccionados a ojo por las autoridades carcelarias.

Su nueva forma de vida estará condicionada a los vínculos que desarrolle, a la realidad del momento, equilibrios de poder interno y el estricto cumplimiento con los códigos carcelarios.

Códigos de silencio, de cooperación y su sometimiento a las jerarquías del poder paralelo.

Vida condicionada por el compañero de celda, el “capo” del sector y la protección que pueda recibir del carcelero.

Las tranzas están a la orden del día y son determinantes de la forma de vida que le depara. Es triste decirlo pero los hechos están a la vista.

La autoridad carcelaria carece de los medios para garantizar  la integridad y vida de toda la población reclusa; falta mucho personal y ello implica un alto grado de connivencia del poco personal existente con ese poder paralelo.

Sobrevivir en prisión tiene sobreprecios y estricto cumplimiento de códigos carcelarios. La vida carcelaria tiene semejanzas con esos movimientos sociales de pérdida de identidad individual y su remplazo por una identidad colectiva. Sustituye criterios morales por criterios amorales.

Es muy antiguo el dicho de “hacer la cabeza”.

Manipuladores lanzan ideas sobre la normalidad de comportamientos homosexuales, o el uso de lo ajeno como propio.  Insisten y acosan sexualmente a los más débiles quienes atemorizados son sometidos o derivan en agresiones con todos los desenlaces imaginables.

De ahí la tolerancia al poder paralelo para evitar estos crímenes internos.  

Estos comportamientos generan enfrentamientos con muertes, casos de suicidios y confinamientos voluntarios o impuestos que cada tanto trascienden y que por lógica no son los únicos.

Y en ese sórdido mundo el reincidente procura sus vínculos y pasara a sumarse a alguna de las bandas ya existentes.

Pero el problema de los nuevos ingresos incluye a sus familias y vínculos que en muchos casos deben asistirlo económicamente o involucrarse en ingreso de artículos ilegales o participando de cadenas de mandados o trasmisión de mensajes sobre actividades generalmente ilegales.

La información sonsacada sobre familias, relaciones y actividades también tiene múltiples derivaciones extorsivas.

La LUC modifico criterios respeto al cumplimiento de las penas de ciertos delitos.  Era exagerado, de fácil manipulación y sin equivalencias la quita de tiempos de prisión a cambio de días de trabajo y estudio.

El buen comportamiento debe ser integral y avalado por informe técnico y de las autoridades. No califica por sí solo, ni trabajo, ni estudio.

Además injusto e imposible de aplicar al no existir trabajo obligatorio, al no haber trabajo para todos, ni todos poseen las capacidades necesarias.   

La mala lectura de los problemas no permite avanzar.

Muchos presos sueñan con una profesión, un doctorado.

No estudiaron cuando estaban en libertad. ¿Ahora lo van a hacer?

Son trampas que se hacen en solitario procurando sensibilizar a familiares y autoridades; y obtener prebendas.

Para mejora del sistema antes que el trabajo y el estudio es necesario seguridad y orden.  

Plantando o carpiendo pastos no se planifica un retorno laboral.

Igual tiene sus réditos, mantiene a la mente ocupada, genera cansancio físico y mejora la alimentación. Pero no es solución es discriminación.

Es trabajo para pocos y si se incorpora tecnología muchos menos.

De recuperación nada, el Estado debe asegurar al reo un espacio de reflexión, trato digno y posibilidad de trazarse voluntariamente un proyecto de vida futuro.

Para ello es imperioso reveer dos situaciones, las penas alternativas verificables, y el ingreso a las cárceles con todas las medidas de seguridad adecuadas.

Este momento caótico de determinadas cárceles ha sensibilizado a los poderes públicos y con recursos económicos puede generar cambios edilicios que permitan una trasformación gradual, con oportunidades reales de cambio. 

Lo primero es asegurar la vida e integridad física, un alojamiento y trato digno, alimentación, salud y acceso a material didáctico para quien desee un aprendizaje o simplemente informativo para quién ya posea formación profesional, técnica, artística etc.

Con horarios y tareas diseñadas por la autoridad carcelaria, seguimiento y tutelaje profesional.

Para evitar cualquier tipo de presión y facilitar el normal funcionamiento del establecimiento es necesario que cada preso tenga su celda individual  con las comodidades elementales, y la recreación y visita en espacios destinados a pocos individuos.

De esta manera se mejora la seguridad a presos y sus familias, es posible un seguimiento y tutoría por parte del área pedagógica y técnica, se preservan valores, genera oportunidades verdaderas de reinserción social.

Se termina con los homicidios y reducirán los suicidios. Sera posible controlar desbordes daños a edificaciones y evitar motines. 

Pero esto no es posible si las nuevas construcciones se hacen en las proximidades o interior de los macro establecimientos. Estos impiden las necesarias desconexiones de presos y sus vínculos.

Lo demás deberá seguir diferenciándose por criterios de reincidencia, peligrosidad y vulnerabilidad para gradualmente modificar todo el sistema  Arduo y selectivo trabajo que debe realizar el CNR sobre los próximos liberados.          

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