El renacer del maniqueísmo

La otra pandemia

Daniel Manduré

A veces cuesta mucho mantener la linea al introducirse en el mundo de las redes sociales.

Navegar por esas aguas bravías manteniendo cierto grado de cordura, buscando un lógico equilibrio entre la razón y la emoción o entablando esa batalla, aún no perdida, de opinar con argumentos… no es cosa que resulte fácil.

Navegar por esas aguas turbulentas es como pretender remar contra la corriente.

Todo se potencia, se distorsiona o frivoliza. Se magnifica lo pequeño y se resta importancia, se ignora o ridiculiza lo esencial.

El malo es siempre malo y nunca llegará a tener nada bueno.

El bueno es siempre bueno, aún en los graves errores. Y pobre de aquel que ose contradecir esta sentencia…se convertirá en un paria merecedor del destierro.

Lo que hacen las redes sociales es simplemente reflejar lo que nos está pasando como sociedad.

Donde parece estar renaciendo el maniqueísmo, esa doctrina impulsada por el príncipe persa Manes quien prometía llevar el mundo a la salvación.

Esa única fe que invalidada todas las demás creencias. Ese dualismo entre dos principios opuestos y contradictorios: el bien y el mal, la luz y la tiniebla.

Divide a las ideas y a las personas en dos bandos. No hay matices, no hay puntos medios. Una creencia donde nada puede tener aspectos buenos y malos a la vez.

O se vive en una o en la otra.

Si extrapolamos esta creencia a la actualidad, a quienes ven la vida de esa forma, nos muestra que todo lo que dice o hace el gobierno está mal, porque no puede tener nada bueno o viceversa, siempre acierta y nunca se equivoca.

Con esa particular lógica se va construyendo un lenguaje común para atacar a las «hordas» enemigas de quienes no piensan como nosotros, el aniquilamiento del que piensa diferente porque representa el mal.

En esa errónea lógica de «quien no está conmigo está contra mi», esa visión dogmática, enemiga de la razón.

Hay una fuerte creencia dentro de buena parte del Frente Amplio de que el gobierno está haciendo todo mal, no aceptan ninguna medida como acertada. Parecen haber patentado la verdad, ser dueños de ella y que es la única posible.

Los demás integran las fuerzas del mal, en esa insistencia, propia del maniqueísmo, de polarizar todo y suprimir otros matices…todo es blanco o negro.

Esa falsa dicotomía que posen quienes carecen de ideas y argumentos.

Es esta otra gran pandemia que azota la sociedad, letal, peligrosa que impide pensar con libertad…y por lo que parece con un alto grado de contagio.

La política deja de ser ese foro de debate, de discusión, donde florecen ideas y propuestas para dar paso a algo muy parecido a un campo de batalla donde el único fin es aniquilar al otro.

Difícil hacer política de calidad de esa forma, difícil tender puentes de entendimiento, acuerdos o pactos – tan necesarios en éste momento – cuando algunos solo persiguen el propósito de demonizar al otro.

La democracia tiene más tonalidades que el blanco y el negro. Hay una variada tonalidades de grises y de otros colores intensos.

Neguémonos a ver la vida y la política de la forma de quien nos la quiere mostrar desde los extremos y en donde el pintor en su paleta tenga solo dos colores. Y para pintar no habrá nunca mejor pincel que el de la  tolerancia.

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