Empatía con Horario

Daniel Chirico Costoya

La Pandemia por momentos tiene nuestros propios rostros, broma macabra del siglo XXI, con todo a nuestro alcanza desde la Información a la ignorancia.

Pocas veces hemos visto una pandemia en tiempo real con muertos al pie del noticiero con números de contagios, de muertos en CTI, de vacunados pero nos falta aún identificarnos entre pares, aquellos que pensamos que la conspiración es un proceso demasiado elaborado para combatirlo como simples mortales a otro que se refugian en una vacuna con una seguridad en cuotas la segunda a los 28 días.

Decir que el Mundo cambió, suena tan inocente como un demente hablando en tercera persona, nosotros cambiamos, nosotros no toleramos nuestros propios errores y le adjudicamos a otros responsabilidades de grupo , que dentro de tanto individualismo es como un no vidente hablando de los colores.

Estamos sufriendo un golpe mas fuerte del que algunos esperaban pero que aun nos tiene de pie, con actores de reparto y primeras estrellas entendiendo la gravedad del momento , desde la salud hasta nuestras fuerzas armadas, la educación, funcionarios municipales con el objetivo de ayudarnos a pasar rápidamente este trago agridulce que es una enorme ola en mitad de una campaña de vacunación .

Por ahora saturación no es igual a colapso en este ultimo el sistema no tendría capacidad de respuesta lo que aun no sucede, pero no sabemos cuantos soles o cuantas lunas tendremos mañana, pero igual luchamos.

Gestionar una pandemia desde lo político son errores que los podemos ver desde el muro de nuestros vecinos y sus resultados son siempre funestos, los rehenes no son pobres sino cualquiera, algunos mas expuestos que otros, a algunos los toma mas descalzos que a otros, y en esta debacle muchos en salud pierden su trabajo y otras ambas cosas.

Mas cerca no es el final sino tan solo eso, mas cerca, es como caminar en una cuerda tendida entre dos edificios y llegando a un extremo olvidarlo todo y emprender veloz carrera, tal vez los Walenda nos ayudarías nosotros y al mundo todo con sus experiencias de tamaña hazaña, el fin es cuando llega y no antes, las obviedades a veces no son tan visibles como presuponemos que todos las entienden.

Las campañas que acicatean a la sociedad desprestigiando una pandemia, son validas desde la libertad de expresión, pero a veces carecen del rigor científico necesario para discutir preceptos a una comunidad científica que cuenta sus muertos de trinchera en primera línea y a la que se anteponen cuestiones filosóficas, ontológicas antes que las académicas.

Hoy falta menos que ayer, pero mientras tengamos una empatía con horario, que comienza  con el noticiero central de la noche y desaparece al otro dia a las ocho de la mañana, ese mañana quedará aun un poco mas lejos……..

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