En pugna por el Elíseo

Lorenzo Aguirre

Unos 48.800.000 ciudadanos franceses están habilitados para votar en los comicios presidenciales del próximo domingo 10, en el cual se presentan 12 candidatos (8 hombres, y 4 mujeres) pugnando por el sillón del Palacio Elíseo, por el período 2022 – 2027. Si ninguno de los postulantes obtuviera mayoría absoluta, los dos más votados competirán en segunda ronda el 24 de abril, y quien triunfe, asumirá no más allá del 13 de mayo. Según las encuestas, el favorito es Emmanuel Macron (“La República en Marcha”, socioliberal) – va por un segundo mandato -, con el 32 % de intención de voto – estimamos 28 % -, seguido por la diputada de “Paso de Calais”, Marine Le Pen (“Reagrupamiento Nacional”- ultraderecha), con 23% – consideramos 19 % -, más atrás, Jean – Luc Mélechon (“Francia Insumisa”), diputado por “Bocas del Ródano”, candidato favorito por la ultraizquierda con un 20 % – pensamos 15% -, y en cuarto lugar Eric Zemmour (“Reconquista” – extrema derecha), con 9 %. Se habla de una abstención de 33% – en la primera vuelta en 2017, fue de 21%, y en la segunda ronda, 25.4 % -, cifra sideral y por supuesto bastante contraria al tan marcado concepto francés de “valores cívicos”.

Estamos a pocos días de una disputa que, aparentemente, se llevará entre una “derecha oscilante” (por parte de Emmanuel Macron) -, y una ultraderecha, a través de Marine Le Pen.

Decimos una “derecha oscilante” porque, el oficialismo, ha buscado en cierta forma mantener una posición equidistante tanto del comunismo como del capitalismo a través de una economía mixta, pero pauta en su parte política una línea centroizquierda fluctuando entre socialdemocracia, y liberalismo progresista

En estos tiempos que se mueven entre fascismo, comunismo, separatismo, divisiones polarizadas, y atropellos de uno y otro bando, en un aquelarre inigualable que muestra la necesidad de cambios de enfoque y acción, Macron está dispuesto con una visión post Brexit, liderar la Unión Europea marcando no solo una serie de pautas hacia nuevas rutas en los lineamientos políticos, económicos y sociales, sino modificar estructuras en los sistemas.

El joven y ambicioso mandatario francés ha dado posturas que, en varias ocasiones, dejan perplejo, porque fueron desde una unificación franco – alemana para lograr la hegemonía en el bloque hasta un pensamiento señalando una fuerza para desprenderse, mandando a la deriva, el resto de la Unión.

Por supuesto no faltó la mirada filosa considerando un nexo entre el nazismo floreciente, y un europeísmo bonapartista – “pintura” dejando en la lejanía a Rousseau, y Voltaire -, acontecimiento que, la izquierda, ha palpado, y no perderá tiempo en manifestar que, Macron, pretende instalar una “monarquía presidencialista”.

Ahora, sobre el último aliento en la campaña, el actual presidente propone bajar más los impuestos sobre trabajo y producción, y se compromete a que, Francia, sea el primer país en salir de la dependencia de gas, y petróleo, pero más allá de lo expresado el mandatario debe prestar mucha atención en cuanto a su política exterior, pues no cuenta con el apoyo de Alemania, a través de Ángela Merkel.

Según las encuestas, detrás de Macron, la ultraderechista Marine Le Pen está reacomodando su imagen, dando marcha atrás al no querer salir de la Unión Europea, ni abandonar el Euro, y a modo de “perfil” hace apenas tres días ordenó destruir cerca de 1.200.000 folletos electorales que contenían su foto – tomada en 2017, cuando viajó a Rusia -, junto al asesino Vladímir Putin.

Es oportuno recordar que, en 2014, Le Pen recibió para su entonces partido “Frente Nacional”, un préstamo de casi 10 millones de euros por parte del banco ruso First Czech – Russian Bank – con sede en Moscú -, y doña Marine se mostró totalmente almibarada – ¡para antidiabéticos! – con el doble cero del KGB -, queriendo ver una Europa compartida, y con vecinos menos aleccionados sobre democracia, convirtiéndose en la candidata favorita del Klemlin.

Ahora, la “chica Bond”, disimuladamente busca marcar – al menos por un tiempo – cierto alejamiento del agente con “licencia para matar”, y acompañada de tortícolis deja de mirar a sus amigos de otrora, como los recordados neonazis españoles del Movimiento Social Republicano, y por supuesto la “muchachada por Mussolini”, aunque Marine, experimenta seducción por entablar relaciones y hacer acuerdos con la liga ultraderechista de Matteo Salvini, por más que exista cierto jacobinismo por un lado, y separatismo por otro.

Éric Zemmour

Jean – Luc Mélechon

Con aproximadamente 9 % de intención de voto, figura Éric Zemmour (“Reconquista” – extrema derecha), un hombre censurado por sus discursos llenos de odio hacia los menores que, sin estar acompañados de adultos llegan a territorio francés, y caracterizado por ser antiinmigración.

Como si fuera poco, Zemmour fue demandado por declaraciones xenófobas, tiene en su “dossier” más de una docena de órdenes para presentarse ante los tribunales, y condenado en dos oportunidades por provocación al aborrecimiento racial, y religioso.

Por último, tenemos a la izquierda, llegando a estos comicios presidenciales de una manera desequilibrada pues cuenta con siete candidatos independientes totalmente divididos, y de esta forma las posibilidades de conseguir pasar a una segunda vuelta, resulta casi imposible.

Entre los aspirantes, se encuentra Jean – Luc Mélechon (“Francia Insumisa”), ultraizquierdista – integrante de la “Internacional Comunista”, del “Partido Socialista”, y “Partido de Izquierda” – nacido en Tanger (Marruecos), pretendiendo instaurar una Sexta República, como también la salida de Francia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y llevar adelante una reforma en la Unión Europea. 

Al mismo tiempo, Mélechon, es desde 1983 miembro del Gran Oriente de Francia – la más antigua de las Obediencias masónicas que existen en la actualidad en Europa continental -, y en 1988 recibió del presidente argentino Raúl Alfonsín (también masón), el grado de “Gran Oficial del Orden de Mayo”, al mérito por su contribución a la lucha contra la dictadura, pero es oportuno recordar que, Mélechon, es un ex trotskista, ideología caracterizada por la idea de la “revolución permanente”, teoría que estableciera que, la revolución socialista debe estar bajo la dirección política de proletariado.

En los últimos comicios nacionales, Mélechon salió en cuarto lugar, y ahora las agencias y consultoras pautan alrededor del 20 %, en el pulso eleccionario.          

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