Entre la destrucción del Cilindro y las irregularidades del Antel Arena

Daniel Manduré

Para hablar del Antel Arena tal vez sería bueno ir al inicio de este gran culebrón melodramático con ribetes verdaderamente insólitos. Desde la década del 90 y a pesar de las continuas advertencias sobre el grave deterioro del popularmente conocido como Cilindro Municipal, nadie hizo nada. Varios informes que con el correr de los años hacían mención al estado de abandono y desidia de las autoridades municipales. Solo algún parche esporádico y menor ante algún problema puntual. Ni Tabaré Vázquez como intendente, ni Ehrlich, Ana Olivera…ni siquiera el propio arquitecto Arana y su vinculación a los temas patrimoniales…nadie.

El Cilindro denominado Dr. Héctor Grauert, en honor a ser su impulsor en exposiciones de producción industrial, además de abogado y político del Partido Colorado, se inauguró un 19 de enero de 1956.

Sobre 1967 fue remodelado y se le dió un destino multiuso, un gran espacio deportivo y de la cultura en general.

Fue una de las obras arquitectónicas más innovadoras y relevantes del siglo XX en nuestro país.

Una construcción única, con un techo colgante singular. El Cilindro fue protagonista de grandes acontecimientos.

Lugar que supo albergar  a personas en situación de calle y hasta sirvió como centro de detención durante la dictadura militar.

Entre sus paredes se vivieron momentos de gloria deportiva, de fervor popular frente a grupos artísticos de primer nivel y de angustia en momentos oscuros. Todo, lo bueno y lo malo conforma su muy rica historia.

Por ello era un lugar a conservar. Por historia y memoria.

El Cilindro no fue cuidado, se actuó con negligencia, descuido y falta de prevención, haciendo caso omiso a los reiterados informes que alertaban sobre las carencias de conservación y mantenimiento.

Ese fue el primer gran error de las autoridades que nada hicieron. La Comisión Administradora advertía una y otra vez sobre las dificultades de su techo.

Hasta que la noche del 21 de octubre del 2010, aparentemente producto de un incendio su techo colapsó.

Una noche oscura, triste.

Se decidió lo que parecería, se venía buscando, su demolición.

Fue un crimen, como bien patrimonial y arquitectónico merecía su conservación.

Fue demolido un 12 de mayo de 2014. No se podía entender como el día de su implosión algunas autoridades municipales aplaudían y festejaban tan amargo momento.

Nunca entendieron nada.

Se podía escuchar las palabras del hijo de Leonel Viera, el ingeniero estructural que lo construyera,  que con tristeza y dolor no podía aún entender lo que pasaba. Viejas glorias del deporte también lo lamentaban, contando tantas anécdotas allí vividas.

A partir de aquí comenzó a discutirse sobre la oportunidad y necesidad de un espacio multiuso que cubra las necesidades deportivas y culturales. Y sobre la urgencia de atender este u otros temas que angustiaban a la población.

Aquí es cuando hace su aparición estelar en este episodio del melodrama Carolina Cosse y se decide la construcción del Antel Arena. Que parecía pertenecer más que a una república democrática a una monarquía absoluta, cuyas ansias de poder eran difíciles de controlar.

Porque lo que está en el centro de la discusión es la legalidad y las formas en la que se construyó. Que un ente dedicado a las telecomunicaciones desviara sus fondos hacia tareas que no eran de su competencia.

Pero a Cosse no le importaba ni le importa nada, su soberbia no se lo permite.

La oportunidad  de catapultarse a un ambicioso plan político futuro podía más que la legalidad de sus actos.

Durante su construcción el oscurantismo era el factor común, la reserva por 10 años nadie la entendía. La transparencia y la cristalinidad faltaron a la cita. No informaba ni explicaba nada.

El tribunal observaba gastos y señalaba irregularidades pero nada la detenía.

Una auditoría convocada por Antel, en llamado público y a la que se presentaron varios oferentes con absoluta transparencia detectó y enumeró graves irregularidades.

Las que fueron luego ratificadas por la Junta de Transparencia y Etica Pública  por unanimidad de sus integrantes, que incluían al representante del Frente Amplio.

 Si, un integrante del Partido Comunista que con su firma avalaba todas las graves anomalías detectadas.

¿Que dice esa auditoría y la Jutep? Que tenían previsto gastar algo más de 50 millones y terminaron gastando 120. Que se violaron los principios de transparencia, eficiencia y legalidad. Que la compra directa sin razones justificables eran la regla y no la excepción. Que se apartaron de los preceptos de ética pública y por si fuera poco que la gestión del proyecto fue deficiente.

Por las huellas de Andrade.

Siguiendo el camino de Andrade, sin reconocer sus gruesos errores, como con la construcción de su vivienda en San Luis, hablando de persecusión, Carolina Cosse optó por recurrir a lo que se conoce como falacia ad hominem, dar por sentado la falsedad de los dichos intentando desprestigiar la noticia de acuerdo a quien es el emisor de esa noticia. La idea es intentar desacreditar sin probar   si lo que se dice es falso o verdadero.

Ni una sola explicación, solo intentar deprestigiar al auditor.

El culebrón tuvo un momento singular cuando al representante comunista de la Jutep, que firma el informe, el propio Frente Amplio lo echa…cometió el error de ser honesto.

La justicia tiene la palabra.

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