Entre Pacheco y Bordaberry

Jorge Nelson Chagas

Entre setiembre de 1970 y enero de 1971 ya se había formado en el seno de la Unión Colorada y Batllista (UCB) una corriente que propugnaba por la reelección de Pacheco.

El primer manifiesto de este grupo apareció firmado por los diputados Raumar Jude, Washington Vázquez, Alejandro Rovira y Wilson Craviotto. El presidente de UTE, Ulyses Pereira Reverbel, también intervino en forma decisiva en este nuevo movimiento que fraccionó a la UCB.  Las reuniones preliminares se habían realizado en el estudio jurídico del hermano del diputado Jude y sus participantes eran denominados “los locos” por sus propios compañeros de agrupación.

En un principio Pacheco guardó un prudente silencio ante esta iniciativa pero, finalmente, el 25 de agosto, aceptó postularse para la reelección. Esto implicaba impulsar una reforma constitucional. Para asegurar el éxito de tal empresa la cuestión crucial de la UCB pasaba por asociar, al menos, a una fracción blanca. La historia política del Uruguay en este aspecto era contundente: para que una reforma constitucional sea exitosa debía haber un acuerdo interpartidario. Y esta posibilidad no era factible en ese momento histórico. De todas formas la UCB se transformó en la Unión Nacional Reeleccionista (UNR) y se continuó adelante con la iniciativa.

Sin embargo, había un problema nada menor. Podía suceder que Pacheco consiguiera la mayoría de los votos, pero la reforma no alcanzara el porcentaje exigido para ser aprobada. En tal caso se produciría un peligroso vacío institucional. Fue así que se resolvió presentar dos fórmulas: una por el régimen proyectado (encabezada por Pacheco) y otra por el régimen vigente (encabezada por candidato a vicepresidente por régimen proyectado)

Esto, a su vez, implicaba otra cuestión política urticante. El compañero de fórmula que eligiese Pacheco tenía enormes posibilidades de convertirse en el próximo Presidente de la República.

Puede resultar sorprendente pero una de las primeras personas a la que Pacheco le propuso integrar la fórmula fue Manuel Flores Mora. El primer sondeo lo hizo a través del presidente de ANCAP, Héctor Batlle Correa, quien se entrevistó con Flores Mora y le comunicó que Pacheco estaba pensando en él para la sucesión. Posteriormente, el propio Pacheco le ofreció la secretaría general de la Unión Nacional Reeleccionista y la candidatura. Flores Mora, a primera vista, parecía una de las personas más alejadas del pensamiento pachequista, más allá que compartía su política antiinflacionaria. Sin embargo hay que comprender cómo se veían entre sí los protagonistas de la interna colorada. Ni Pacheco veía en Flores Mora un “zurdo”, ni Flores Mora veía a Pacheco como un “facho”.  Por sobre todas las cosas eran hombres del Partido Colorado y podían dialogar sin problemas. 

Sin embargo, Flores Mora respondió que no. “Yo no soy reeleccionista”, le dijo a Pacheco. Un político ducho como él no podía ignorar la fuerza electoral del pachequismo y el significado de lo que se le ofrecía. Aun así prefirió ser fiel a sus principios.

Hubo otros nombres en danza: Federico García Capurro, Aquiles Lanza, Héctor Giorgi, Augusto Legnani… Al margen de ello, el día 14, la UNR hizo entrega en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo de las firmas requeridas para hacer posible el plebiscito por la reelección. Según el aviso que publicaron en la prensa “más de un millar de personas custodiaron desde temprana hora, la llegada al Palacio Legislativo de seis voluminosos paquetes que guardaban las 402 mil firmas de los cofres de la Caja Nacional de Ahorro Postal”. Agregaba que la “juventud reeleccionista transportó las cuadernetas hasta las escalinatas del Palacio Legislativo y allí, el público rodeó al grupo y una reclamación de triunfo inició una emocionada ceremonia”. El secretario general de la UNR Raumar Jude, dijo “traemos con nosotros el triunfo de la democracia”. Hubo gritos de ¡Viva Pacheco! y seguidamente entonaron el Himno Nacional. El vicepresidente Abdala recibió los cofres y en una breve alocución expresó: “Estáis hablando el lenguaje de la paz que corresponde a los pueblos libres que toman la iniciativa”.

El 17 de octubre el diario La Mañana anunció que, según fuentes gubernamentales y de la Unión Nacional Reeleccionista, el ministro de Ganadería y Agricultura, Juan María Bordaberry, completaría la fórmula por la reelección. En las páginas 57-58 del libro “La verdadera historia jamás contada”, Wilson Craviotto, revela que la designación de Juan María Bordaberry como delfín de Pacheco, fue para la mayoría de los que apoyaban la reelección presidencial “absolutamente sorpresiva”.

Es que realmente hubo un terremoto político con la decisión de Bordaberry y la pregunta es: ¿por qué razones Pacheco se decidió por él…?

Alguna vez dije – y ahora, repito- que con Juan María Bordaberry sucede algo curioso: se han observado detenidamente sus defectos, pero no sus virtudes.

Para empezar era un hombre ajeno a las intrigas políticas y no tenía ambiciones de poder. En la página 58 de su libro “La verdadera historia jamás contada”,  Wilson Craviotto narra la sugestiva charla que tuvo Pacheco luego que se conoció públicamente la noticia de la candidatura de Bordaberry.

Ahí Pacheco reveló que no tenía fe en la reelección y le transmitió una llamativa desconfianza hacia algunos de sus colaboradores, ya que usaban su prestigio para ser electos diputados o senadores pero ya sabían que la reforma constitucional no sería aprobada.  Cuando le preguntó porque había elegido a Bordaberry y no a otro, Pacheco le respondió que el vicepresidente Alberto Abdala era capaz de “darle un beso en la mejilla” a Raúl Sendic y después ponerlo “a su lado en Casa de Gobierno”, en cuanto a Aquiles Lanza no era confiable porque provenía de la lista 99 que se había ido al Frente Amplio. En cambio Bordaberry era honesto y le cuidaría el sillón presidencial cuando retornara.  Nunca intentaría crear una corriente colorada “bordaberrista” que cuestionara su liderazgo.

Es cierto que Bordaberry en el gabinete siempre había actuado lealmente y con desinterés. Incluso, cuando Pacheco se separó de su esposa, Bordaberry – como sabía que estaba solo en la residencia presidencial – iba hasta allí para hacerle compañía. Con el paso del tiempo se estableció una relación de afecto y Pacheco captó que su ministro de Ganadería y Agricultura no se acercaba a él en busca de algún provecho personal y /o político, sino por una auténtica cuestión humana.  

También estaba el aspecto estrictamente político, tal cual cómo relató Manuel Flores Silva: en una elección que se preveía reñida, Bordaberry atraería los votos ruralistas que posibilitarían el triunfo del Partido Colorado.

Además estaba un factor psicológico: Bordaberry era el jefe de una familia numerosa muy unida y Pacheco – que estaba alejado de la suya y sufría por ello – lo admiraba.  Representaba algo que él anhelaba. «Ud. es un hombre afortunado», le dijo una vez.

Años después Bordaberry conjeturaría que la Masonería tuvo que ver en su elección como “delfín” de Pacheco. No hay, hasta este momento, ningún documento que avale tal idea. Pacheco no era masón y tampoco hay indicios que esta logia tuviera influencia en su entorno.

Todo indica que intervinieron una serie de factores políticos, humanos y psicológicos para que Bordaberry fuera el candidato.

Ahora bien, ¿hubo fraude en las elecciones de 1971?, ¿Bordaberry fue un presidente ilegítimo?

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