Gestión, eficiencia y los fideicomisos

Daniel Manduré

Gran revuelo ha causado la actitud de un edil blanco que permitió ser el voto 21 necesario para aprobar un fideicomiso por 44 millones de dólares al Intendente Orsi, como única forma aparente de hacer obra en Canelones y después de haber fracasado un intento anterior por 80 millones. La crítica ha estado dirigida y centrada a lo polémica de esa decisión, por haber sido a espaldas y en forma inconsulta al sector y al partido que representa. Como así también esas negociaciones fueron criticadas por el poco contenido ético de la actitud del intendente, que entre gallos y media noches, en forma individual y reservada intentaba conseguir el voto que faltaba.

En Montevideo un nuevo fideicomiso espera cuando faltan tres votos para de alguna manera salvar la gestión de Cosse y concretar obras que a pesar de los 2 millones de dólares diarios que ingresan a las arcas municipales no parecen ser suficientes.

Se habla de deslealtades o de voto por convicción, de fideicomiso si o fideicomiso no, si falta un voto o faltan tres, pero se pierde la referencia de lo que, a mi entender, debería ser el centro de la discusión: la gestión.

Allí debería centrarse el debate. ¿Se gestiona bien? ¿Se actúa con eficiencia?

Parece que los tiempos han cambiado, ser un buen administrador, gestionar adecuadamente los recursos y hacerlo con transparencia y austeridad, defender a muerte el dinero de los contribuyentes, ir siempre en procura de la calidad del gasto, ser eficiente, ha dado paso a la desprolijidad en el manejo de los recursos, al despilfarro, a incrementar el peso burocrático, adornando la administración con màs cargos de confianza, donde se superponen responsabilidades y tareas y donde la ineficiencia ha sido la moneda corriente.

Endeudarse y endeudarse parece ser la gran solución.

Esa fórmula mágica, recurriendo a continuos fideicomisos, que resolverá todos los problemas. Nos estamos acostumbrando a eso, lo aceptamos hasta con cierta pasividad, cuando no debería ser así.

Ahora parece que las obras, que lo que un gobierno haga o deje de hacer dependiera casi que exclusivamente de los fideicomisos, transformando a este instrumento casi que en una adicción. Endeudar a los gobiernos departamentales futuros y a todos los contribuyentes por 20 o 30 años, en una avalancha de fideicomisos que parecen nunca acabar.

Si uno mira con atención los números de ambas comunas, Montevideo o Canelones lo pensaría dos veces antes de aprobar un nuevo endeudamiento.

Ambas administraciones son deficitarias y no hay una correcta administración de los recursos.

El caso de Canelones, que vive de fideicomiso en fideicomiso, nueve en total, ya tiene endeudado a los canarios en 400 millones de dólares. Muy buena parte de sus ingresos genuinos a través de patente de rodados y contribución inmobiliaria están hipotecados y están siendo utilizados en pagar esos préstamos.

El fideicomiso es un buen instrumento, pero para ser utilizado con cierta discrecionalidad y en situaciones muy especiales y obras de gran envergadura, pero no como el salvataje utilizado para disimular la ineficiencia y la nefasta gestión del administrador.

Muchos comparan la solicitud de fideicomiso de Canelones y Montevideo con la que el Frente Amplio le negó, con sus votos en contra, a las intendencias de Rocha o Río Negro, pero estas dos era la primera vez que solicitaban un fideicomiso y en comunas con mucho menos recursos.

En el 2020 se alcanzó un acuerdo donde los 19 gobiernos departamentales aceptaron la propuesta del ejecutivo para el período quinquenal 2021-2025 en cuanto a las transferencias que aquel le destinará a cada uno de los gobiernos departamentales e irá dirigido a un programa de caminería departamental, un fondo de incentivo a la gestión de los municipios, al sistema único de cobro de ingresos vehiculares (sucive) y al alumbrado público. Estas transferencias se han incrementado en un 60% con respecto al quinquenio anterior. De acuerdo a lo que establece el art. 214 de la constitución. Un 3.33% del total de los recursos del que dispone el presupuesto nacional van dirigidos a los gobiernos departamentales. Tal vez en el futuro, y más allá de una autonomía departamental, habría que pensar en mejorar esas transferencias.

El fideicomiso parece haberse transformado en una adicción, las adicciones son una enfermedad y hay que tratarlas como tal. El endeudarse y pedir préstamos en forma permanente sin atacar el problema de fondo no es el tratamiento adecuado para esa enfermedad.

Ni Orsi ni Cosse le dijeron a la ciudadanía en su campaña electoral que la forma de realizar las obras que sus departamentos necesitan era a través de nuevos y permanentes endeudamientos.

El tratamiento más efectivo es hacer lo que hay que hacer, administrar correctamente los recursos, gestionar con eficiencia y transparencia, cuidar los dineros del vecino, mejorar la calidad del gasto. No parecería ser tan difícil, aunque algunos llevan varias décadas sin entenderlo.

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