Guaraníes y Charrúas

El choque de culturas y la búsqueda de predominio de los colonizadores europeos tiene punto de partida en el mismo momento en que toman contacto las dos civilizaciones.

Entre el asombro del descubrimiento y la avidez del conquistador los aventureros e intrépidos marinos se ven triunfadores al tomar posesión de inmensos territorios a nombre de sus reyes y esperan la recompensa.

La conquista comienza a materializarse con el asentamiento de los primeros adelantados y desde esos enclaves comienza el gradual sometimiento del indígena o aborigen americano.  

La guerra no declarada se prolongó durante siglos, pasando los tiempos independentistas y de creación de los nuevos estados americanos.  

Hubo intentonas de integración, los indígenas se incorporaron a los ejércitos de diversos bandos que pugnaron por el poder.

Por momentos y en algunos lugares se logró y de esa integración surgió la figura del gaucho.

En lo que respeta a nuestro territorio el aborigen y el mestizaje siempre acompañaron a los diversos movimientos de luchas intestinas.

Son sucesos propios de la conquista, los conquistadores, los que detentan la fuerza imponen reglas.

En ese choque de culturas vayamos al inicio, a la época del descubrimiento para recordar la muerte de Juan Díaz de Solís.

Era un experto marino nacido por el 1470; no se precisa si en Alentejo Portugal o Sevilla España. Prestó servicios a la corona española.

Por 1508 estuvo explorando el mar Caribe en las costas de Venezuela y Costa Rica, ingresó al golfo de México y se contactó amigablemente con los Aztecas.

Buscaba un paso al mar del sur, al no encontrarlo regresó a España.

Se hizo amigo del Rey Fernando el católico y en 1512 fue nombrado Piloto Mayor. Formó una expedición con tres carabelas y 70 marinos

Partió de San Lucar de Barrameda el 8/10/1515 en busca de un pasaje al Océano Pacifico al que planeaba atravesar hasta llegar al extremo oriente.

Llegó a la Costa de Brasil y la fue bordeando; paso por el Estado de Santa Catarina, luego la costa riograndense y llegó a Punta del Este.

Allí, tomó posesión de la tierra a nombre del Rey de España.

Ingresó con una nave al estuario del Rio de la Plata al que llamó mar dulce.

Para sepultar a un tripulante hizo escala en la isla Martín García y desde ahí vio indígenas en la costa.

Desembarcó con parte de su tripulación en la zona de Punta Gorda de Colonia, fueron atacados por los aborígenes supuestamente charrúas.

Cuentan los marinos que permanecían en la carabela, que vieron aterrados como fueron ultimados, asados y devorados. Así fue registrado.

El resto de los expedicionarios quedó al mando de Francisco Torres cuñado de Solís y regresaron a España.

Hay dudas sobre que hayan sido devorados por los indígenas, pues esa zona era poblada por Charrúas y no se los conoce como antropófagos.

A 300 años de Solís continuaba la barbarie por estas tierras como lo documentan múltiples escritos y se prolongan por mucho tiempo como lo expresa en 1885 Guillermo Hudson en su libro-novela la Tierra Purpurea.

A todo esto y para ilustrarnos sobre las etnias que poblaban nuestra tierra la más importante fuente de información son los documentos y escritos realizados por los sacerdotes católicos jesuitas.

Dice Daniel Vidart que los índices de adn que ostenta el 30% de los pobladores rurales del norte del Rio Negro atribuidas a los Charrúas son en realidad rasgos del tronco guaranítico que prospero en nuestros campos luego de la liquidación de la empresa evangelizadora y fin del trabajo en las misiones jesuíticas en 1767 por resolución del Rey Carlos III.

Mapas jesuitas de ubicación de las etnias indígenas o aborigen como se les quiera decir indican que es incierto que casi la totalidad del territorio de nuestro país fuera ocupado por los charrúas. 

Los Chanas estaban asentados en las desembocadura del rio Negro; los Yaros en ambas orillas del rio Uruguay; los Bohanes en las proximidades de Salto Grande; los Arachanes  desde cerro Largo al sur y los Guenoas, Guinuanes o Minuanos  también en ambas márgenes del rio Uruguay. Según los jesuitas los Minuanes o Minuanos ocupaban gran parte de nuestro territorio central y oriental y porciones en los países fronterizos. Esto prueba que es falso que los charrúas poblaran todo nuestro territorio y por ende también desvirtúa el número de individuos que integraban esa etnia.

Estudios de connotados historiadores como José Ma. López, Diego Bracco y Juan Salaverry demuestran que los charrúas se extendían por Santa Fe, la Mesopotamia argentina y el norte de Buenos aires.

Ocupaban una pequeña porción del Departamento de Colonia y pocos puntos del litoral rioplatense.   

En Rio Grande estaban los tupí guaraní, tupi namba, tupi niquinos, la lengua que utilizaban era conocida como “ge”.

Esto nos permite establecer que los Charrúas no constituían la mayoría de la población de nuestra tierra.

Y afirmar como lo dicen historiadores, escritores y lingüistas que América es un crisol de razas.

Y no solo a consecuencia de la presencia europea; la movilidad de la humanidad y su arraigado afán de conquista hace imposible la pureza de razas.

La identificación de las colectividades humanas está asociada tanto o más a lo cultural que a lo racial.

Entiendo que la mezcla de culturas enriquece y diversifica.

Vidart en su libro El Mundo de los Charrúas de 1998 dice que, al tratar la encerrona y matanza de los raleados, (remanentes de indios bravos o “infieles”) realizadas por Rivera y Lavalle en 1831 omiten mencionar el combate del Yi en 1702.  Una matanza numéricamente cinco veces superior. 

Reunidos unos 400 minuanes con 2000 misioneros armados con bocas de fuego y al mando de un oficial español mataron y degollaron a más de 500 charrúas.

Sus familias sobrevivientes (la chusma como les decían-mujeres y niños) fueron llevados como esclavos a Buenos aires donde fueron distribuidos entre familias pudientes.

Dice que a lo largo del siglo XIX los remanentes de Charrúas y Minuanes continuaron con su vida nómade y afecto a todo tipo de tropelías y fueron perseguidos y objeto de encerronas.

Muchos se internaron tierra adentro; y algunos se socializaron y se fueron integrando a diversos colectivos.

La patria se libera, Uruguay asume su independencia, se vienen sucesos trascendentes.

El protagonismo indígena sigue vigente, lo seguiré abordando al tratar sucesos cuya significación continúa proyectándose hasta nuestros días.

Mi agradecimiento a la Antropóloga Mabel Moreno miembro activo de la Asociación Uruguaya de Antropología Social por su aporte documental sobre indigenismos. Amplia conocedora de las variaciones limítrofes de nuestro territorio. Es autora del libro Tierras en Disputa y sus testimonios en Uruguay. Edición 2018. Tierra adentro ediciones.

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