Hacia el Porvenir

Hace algunos años atrás, el político y filosofo Noam Chomsky, señalaba lo siguiente: “El optimismo es una estrategia para crear un futuro mejor. A menos que creas que el futuro puede ser mejor, es poco probable que asumas la responsabilidad de construirlo”. El futuro en este sentido es una construcción individual y colectiva, es decir, el futuro depende exclusivamente de cada uno de nosotros, de cada una de nuestras acciones diarias y, sobre todo, del caudal de ideas que nos guían en cada paso del camino.

Es así como, en esta construcción del mañana, la política es una de las grandes protagonistas, entendiendo esta como esa plataforma de involucramiento y movilización ciudadana para la transformación de la realidad, del mundo circundante que nos rodea. Un mundo que es habitado por cientos de contradicciones, injusticas y desigualdades estructurales, donde la política tiene un rol articulador de esos conflictos que habitan en nuestra sociedad y de los que somos parte.

Cada nueva instancia de participación ciudadana, cada instancia de movilización ciudadana y de intercambio ciudadano, no hace más que acrecentar la salud democrática de nuestra sociedad, por eso la importancia del involucramiento de cada uno de los ciudadanos en la vida política. Pero no vaya a pensar el querido lector que hago manifiesta la necesidad de un relacionamiento político partidario, sino por el contrario, me refiero a un involucramiento social, donde distintos actores y desde distintas plataformas, cada uno de nosotros podamos acercar inquietudes, reclamos e ideas.

Quizás es necesario rememorando a la Antigua Grecia, un Ágora, donde se pueda discutir de los asuntos sociales y políticos, con la responsabilidad de estar siempre pensando en el mañana, pero con los pies en el presente. Un sentir político que debemos habitar desde la complicidad social de la ruptura total de las cadenas que inmovilizan las acciones que potencian al ser humano. Un sentir ciudadano que anhele con el crecimiento cultural, ético y espiritual del hombre, un hombre más justo y bello.

Nos debemos como ciudadanos del mundo, un gran debate social a escala mundial de qué clase de política queremos, que tipo de gobernantes deseamos y que ética anhelamos. Nos debemos una instancia de sinceramiento y de despojamiento de las barreras ideológicas que muchas veces, condicionan nuestro pensamiento y determinan nuestro accionar. Lejos de las dicotomías separatistas, mas lejos aun de las falsas oposiciones, necesitamos reflexionar como sociedad, necesitamos filosofar sobre el sentido profundo de la política, sus finalidades y de que los políticos, como fieles servidores públicos, sean voceros responsables de aquellos que no pueden hacer oír su voz.

Ninguna persona o quizás pocas de ellas, nieguen que la salud democrática de un Estado depende directamente de la calidad ética y moral de sus ciudadanos cómo de sus representantes políticos; los que deben encarnar los valores que defendemos siendo coherentes entre lo que se dice y lo que se hace, es decir, decir y hacer, liso y llanamente.

En este sentido, es que debemos tender hacia un ejercicio democrático que debe ser consecuente a las ideas, y estas ideas deben atesorar los valores fundamentales que hacen digno el noble oficio de la política. La igualdad, la tolerancia, el sano espíritu de diálogo y participación son los que deben conllevar a una construcción colectiva, ajena a intereses individuales.

Debemos reivindicar la política cómo una herramienta digna y noble, la que debe velar por buscar en todo momento el bien común por encima de todas las cosas, respetando la autonomía y soberanía de las personas para lograr una convivencia sana, digna y de plena defensa del ejercicio de sus derechos, libertades y obligaciones.

Debemos ser conscientes de que el momento histórico que nos toca vivir requiere de nuevas ideas, del compromiso y accionar de todos, para trabajar por un estado de bienestar que garantice la dignidad humana.

Debemos creer y convencernos que el presente es la esperanza del futuro y a su vez, la necesidad de cimentar un proyecto de consolidación de nuestro porvenir por medio de la defensa y del desarrollo de las instituciones democráticas. En este sentido, entendemos que el Estado debe garantizar los derechos humanos, entendiéndose que deben ser inherentes, universales, absolutos, inalienables, inviolables, justiciables, imprescriptibles, indisolubles, indivisibles, irreversibles y progresivos.

Debemos reivindicar la necesidad de que el Estado sea “el escudo de los más débiles” y velar por el desarrollo individual de cada uno de sus habitantes, velar por la dignidad y la libertad. En este sentido, el trabajo es un derecho primordial del ser humano, por lo tanto, debemos defender la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres al acceso del empleo y a recursos productivos, para hacer del mismo una realidad mediante la democratización del conocimiento, entendiendo como pilares fundamentales las organizaciones sindicales como herramienta fundamental de acción para promover y garantizar la dignidad en el trabajo y la justicia social.

También es importante en tiempos de concientización y de desarrollo humano sostenible, entender que el crecimiento económico de un país sólo será visto de forma positiva si esto implica el acompañamiento de filosofías de respeto al Medio Ambiente, al cuidado de la tierra y la protección de los recursos naturales, sosteniendo y generando un verdadero desarrollo sustentable a largo plazo, hacia las futuras generaciones, porque no podemos ni debemos privar a los que vendrán, de los recursos que gozamos hoy, es una cuestión de justicia e igualdad.

Por otro lado, es necesario e imperioso comprender que los cambios reales en nuestra sociedad, en nuestra cultura, sólo serán logrados mediante la Educación, y ésta deber ser prioridad y política de Estado, siendo de vital importancia la necesidad de debatir y cuestionar las bases imprescindibles para que todo individuo desarrolle su máximo potencial como un bien individual, un bien que repercutirá en el ámbito social y en el bienestar colectivo, promoviendo un sistema educativo de calidad que garantice la transmisión de valores que promuevan la equidad e igualdad de oportunidades para el desarrollo del ser humano y de la sociedad.

El futuro es mañana, pero también el futuro es hoy. Por eso, más que nunca, debemos sincerarnos y dialogar con nosotros mismos, con todo el entorno que nos rodea y que constituyen nuestra realidad, para reflexionar y pensar que mañana queremos. Una vez que tengamos claro que mañana queremos, pensar en las acciones que estamos dispuestos a realizar para cambiar y construir esa realidad.

Todos somos jóvenes, todos somos idealistas, cada uno de nosotros somos ciudadanos de a pie que tenemos inquietudes humanistas y políticas, añoramos un cambio generacional desde la acción. Es momento de pensarnos como colectivo, como civilización, como seres humanos. Es momento de buscar y construir. ¡Pensemos y caminemos juntos hacia el Porvenir!

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