Hagobian, el “Ser o no ser” y el Frente Amplio

Daniel Manduré

Ser o no ser, esa es la cuestión.

Esa primera frase del famoso monólogo de la obra de Shakespeare “Hamlet” que es todo un clásico y que deja al desnudo esas contrariedades humanas, esos cuestionamientos existenciales.

Esa lucha interior de Hamlet de vengar a su padre o autocontrolarse.

Esas dudas que carcomen y agobian. Cuando los valores y la realidad entran en conflicto y se transforman en momentos casi irrespirables, difícil de sostener.

Algo de eso hay en el Frente Amplio. Seo o no ser, idas y venidas, dudas, contradicciones.

Porque ahora resulta que nadie se hace responsable de la participación del dirigente frenteamplista Hagobian, como observador, en ese gran invento de Putin llamando a un referéndum para la anexión a Rusia de cuatro territorios ucranianos ocupados.

Un hecho grave, un uruguayo participando de esa gran farsa, de un acto violatorio de la soberanía e independencia territorial como de muchos de los principios básicos del derecho internacional. Participar de ese gran circo armado por Putin plagado de ilegalidad es avalar la agresión contra un pueblo y respaldar la acción bélica rusa.

Decir que Hagobian, coordinador de relaciones internacionales del Frente Amplio, dirigente político de Asamblea Uruguay, asesor de la comisión de relaciones internacionales y cooperación de la intendencia de Cosse y presidente de la Coppal juvenil, no fue en representación del Frente Amplio es muy poco creíble.

Uno no se despoja de un cargo de responsabilidad por un ratito o de acuerdo a la ocasión.

Las declaraciones de la Dra. Goyeneche, jefa de Agobian en la intendencia, van en la dirección de respaldo a lo hecho por Putin: “que el pueblo decida libremente y determine su propio destino”, habría dicho, avalando un referéndum trucho armado en 24 horas.

¿Quién envió a Hagobian?  Nadie se hace cargo.

Su fuerza política dice no haberlo hecho. Las autoridades municipales, entre ellas la propia intendenta Cosse hace mutis por el foro. El Frente Amplio ya nos tiene acostumbrados a estas situaciones.

En declaraciones públicas Hagobian dijo que su participación era “una oportunidad histórica” y que le iba a servir para poder brindarle a su fuerza política, el Frente Amplio, insumos para poder elaborar una resolución definitiva sobre el tema.

Decir que Hagobian no representa en esa ida a Rusia a su fuerza política es casi lo mismo que hace el Frente Amplio, no haciéndose cargo cada vez que sale una declaración del Foro de San Pablo apoyando a alguna dictadura de la región o avalando todas las violaciones a los derechos humando habidos y por haber.

Cuando “las papas queman” y algunas de esas declaraciones del Foro de San Pablo comprometen ese comportamiento camaleónico del Frente Amplio salen a decir muy tímidamente y casi que obligados que esas declaraciones no los representan y hasta alguno se atreve a decir que habría que irse de esa organización.

Pero nunca lo hacen.

Siguen allí, abrazándose al dictador, votando y avalando toda declaración de apoyo a regímenes autoritarios y violadores de los derechos humanos. Han apoyado a la dictadura cubana, a Maduro y al propio Daniel Ortega.

Con estos antecedentes ¿Puede asombrar lo de Hagobian? Claro que no.

Se involucra al país en un gran papelón internacional.

Ucrania pide al gobierno uruguayo tome medidas judiciales contra Hagobian, a quien calificó de colaboracionista ruso.

Se siguen esperando comunicados oficiales claros y contundentes que fijen posición del Frente Amplio, en la guerra entre Rusia y Ucrania, que se dilata en el tiempo, no hay acuerdo, nunca llegan.

Trascendieron varios “borradores”, desde declaraciones equiparando las responsabilidades de Rusia y Estados Unidos, hasta como los sectores más radicales que piensan que la acción violenta de los rusos está perfectamente justificable. No son capaces de ponerse de acuerdo para condenar con todas las fuerzas la brutal agresión rusa que ha dejado miles y miles de muertes en su sangrienta invasión.

Esas dudas, esos miedos a evolucionar, esos momentos de grandes indecisiones. De ser o no ser, de estar o no estar. De dudar hacia donde ir.

Esa costumbre de andar siempre buscando “marear la perdiz”, de intentar confundir, de andar con vueltas, con rodeos, de demorarse en la toma de decisiones o dilatar resoluciones claras.

Seguimos esperando se decidan. ¿Es una aberración injustificable la guerra iniciada por Putin o no lo es? ¿Cuba es una dictadura, una democracia o una “democracia diferente” ¿Nos abrazamos a Maduro o repudiamos sus actos?

Lo de Hagobian es solo una perlita más, de un largo collar de contradicciones y dudas.

La conciencia en el banquillo de los acusados.

Esa lucha por ser o no ser, parece seguir siendo la cuestión.

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