Hugo Batalla

Daniel Manduré

A veces se valora a las personas, se logra ver su verdadera dimensión cuando no están físicamente. Nos pasa muchas veces en todos los órdenes de la vida y también en política. Hay figuras que se agigantan con el pasar del tiempo, por sus valores, principios y convicciones.

Esos hombres políticos que tanta falta hacen hoy.

A veces alabados otras denotados, comprendidos o incomprendidos, muy queridos o criticados, pero siempre fiel a sus más altas convicciones.

Que supieron salir de su zona de confort una y mil veces, si sus principios así se lo indicaban.

Defendiendo a los más débiles, cuando las papas quemaban y cuando pocos lo hacían.

No fingía ser humilde ni sencillo, no hacía alarde de ello, no tenía necesidad de hacerlo…porque lo era.

Esa humildad bien entendida, la de los grandes.

Con el coraje de pocos.

Cambió cuando consideró que tenía que cambiar, sin especulaciones, ni cálculos electorales, en el acierto o en el error, pero fiel a si mismo.

Batllista siempre, dentro de la colectividad de Don Pepe, como cuando no estuvo en ella.

Apasionado y tolerante, amigo de sus amigos, leal, con un gran sentido del humor, así lo definen quienes más lo conocían.

Detrás de una aparente inseguridad en la toma de decisiones había un hombre muy seguro de los pasos a dar y hacia donde ir.

Un liceo, el 47, lleva su nombre, en el barrio de sus amores, La Teja, muy cerquita de donde vivió tanto tiempo, allí en Pueblo Victoria, con el corazón negriazul de siempre y tan cerca de la cuchilla…

Un humilde recuerdo para Hugo Batalla, ausencia que hoy más que nunca la república toda siente…y mucho.

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