Jorge Larrañaga, descansa en paz

M. J. Llantada Fabini

El fallecimiento de Jorge Larrañaga enluta al Uruguay, a su Partido Nacional y a todos quienes sentimos el compromiso profundo con la república democrática, que es el eje invariable de nuestra vocación histórica.

Destino trágico del Partido Nacional, que suele perder grandes dirigentes en momentos en que son más necesarios. La noticia de la muerte fulminante e inesperada de Jorge Larrañaga, me trajo a la memoria inmediatamente, similar circunstancia de Martín Sturla en la década de 1990.

La carrera política de Jorge Larrañaga, desde sus comienzos en Paysandú, fue dilatada, esforzada, coherente con su pensamiento, y engalanada con el brillo de su carácter enérgico de adversario leal, y aliado incondicional.

Su gestión en este período, al frente del Ministerio del Interior, en una desafiante tarea de reconstrucción institucional, de garantizar la seguridad ciudadana y restablecer el orden natural de las cosas en la relación entre los ciudadanos honestos y los delincuentes, fue extraordinaria.

Las expresiones de pesar han sido enormes de parte de la inmensa mayoría de los ciudadanos del país. No han faltado, lamentablemente, comentarios infames celebrando su fallecimiento, seguramente porque la conducta de Larrañaga, les echaba en cara sus miserias sin hablarles de ellas.

Jorge Larrañaga, sorprendido por la muerte en plena acción, descansa en paz; acompañado del respeto dolido de sus conciudadanos sin distinción de ideas o partidos.

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