Jorge Nelson Chagas

En más de una oportunidad he narrado cómo se desarrollaron sus primeros meses de gobierno del Pacheco entre diciembre de 1967 y agosto de 1968.

Simplemente repetiré que la reaparición de los tupamaros en la escena pública fue paradojal: porque no fue en un momento de crisis económica sino de estabilización. Cuando en mayo de 1968reorganizó el gabinete ministerial, Pacheco se había posicionado como el jefe del Partido Colorado. Al decretar las Medidas Prontas de Seguridad, el 13 de junio, tranquilizó a Washington y conjuró el peligro del fracaso de la refinanciación de la deuda externa. Y con la Congelación de Precios y Salarios, el 28 de junio, abatió la inflación, consiguiendo un apoyo popular considerable.

O sea que los renacidos tupamaros, que en agosto secuestran a Pereyra Reverbel, no tenían a su frente a un gobierno ilegítimo e impopular. El Estado uruguayo no estaba sufriendo un proceso de desintegración y las Fuerzas Armadas – un enemigo que más temprano que tarde deberían enfrentar – no estaban corrompidas, ni desmoralizadas, ni debilitadas.

Es correcto que su desprecio por la política no les permitió hacer una lectura correcta de la realidad. Pero no es menos cierto que, a partir de agosto-diciembre de 1968, hubo un sostenido crecimiento en sus filas. Sin dudas que al ejemplo del “Che” se le sumó la muerte de los estudiantes universitarios (Líber Arce, Susana Pintos y Hugo de los Santos) y la militarización de los funcionarios públicos.  Un sector juvenil, culto, urbano y radicalizado, creyó que en Uruguay se vivía un período pre revolucionario y era la hora de “agarrar los fierros”

Al mismo tiempo, la CNT había sufrido un acelerado proceso de maduración, lo que le permitió alcanzar un acuerdo durante la gestión de Flores Mora como ministro de Trabajo. Pero en aquellos meses de agosto-setiembre de 1968 no pudo escapar a la polarización, más aún cuando los estudiantes que estaban movilizados eran sus aliados estratégicos.

Así que en la CNT por un lado quedó consolidada la corriente comunista, cuasi hegemónica y con una estrategia negociadora y de acumulación de fuerzas. Y por otro, la Tendencia Combativa partidaria de radicalizar los conflictos, que agrupaba diversos grupos no comunistas liderados por la Federación Anarquista Uruguaya (FAU). La FAU tenía dos brazos: la Resistencia Obrero Estudiantil (ROE) que actuaba en los ámbitos estudiantiles y gremiales, y la Organización Popular Revolucionaria Treinta y Tres Orientales (OPR-33) que no poseía autonomía en accionar, sino que dependía de la dirección de la FAU.

La polarización de una parte de la sociedad uruguaya en 1968 se asemeja mucho a una tragedia griega donde todos sus personajes no pueden escapar a un destino fatal…

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