La cabra que derrapa y el síndico fascista

Daniel Manduré

Desde hace ya un buen tiempo algo no anda bien en nuestra sociedad. El deterioro creciente de valores, la intolerancia, el fanatismo y la ausencia de códigos se han apoderado de una parte de ella. Dos hechos ocurridos en estos últimos días nos pintan con claridad esta situación. Una murga “Cayó la Cabra” parece no haber encontrado otro modo de hacer una sátira que con el dolor ajeno. Hablando del recientemente fallecido ministro Larrañaga. Nada más miserable que eso.

Por otro lado, un individuo argentino, que juega a ser sindicalista, viene a tratar de indicarnos a los uruguayos que votar y que no votar, además de afirmar que quiere “ayudar a echar a Lacalle Pou del gobierno”.

Nada más antidemocrático, antirrepublicano y nada más fascista que eso.

Esa murga debería ocuparse de temas sensibles y relevantes que han golpeado duro al carnaval y en especial a “Cayó la Cabra” relacionados a cientos de denuncias de acoso y abuso sexual.

Parecen no haber aprendido nada.

Se escudan diciendo que “el carnaval es sátira”, intentando encubrir sus más bajas intenciones. El objetivo de la sátira bien entendida es realizar una burla, con tono sarcástico, mordaz y picaresco enviando un mensaje critico sobre hechos cotidianos, acontecimientos sociales e individuos. Intentando mostrarnos supuestas inconsistencias o contradicciones con sátiras bien elaboradas, inteligentes y provocativas que nos entretenga, nos divierta y nos haga reflexionar. Hay muchos temas cotidianos que podrían utilizar los letristas de carnaval para dar rienda suelta a su imaginación…pero la muerte y el dolor no debería ser uno de ellos. Eso no divierte, no nos hace reflexionar…solo hiere y lastima

Vamos a defender siempre la libertad de expresión, pero también ese valor supremo tiene sus límites, los que afecten el honor. Esos límites muchas veces no escritos, que los marca la conciencia, la sensatez y la sensibilidad. Una verdadera lástima que una fiesta popular se haya ido tiñendo, por responsabilidad de algunos, de antivalores. Que una expresión popular de tanto arraigo en ciertos sectores de nuestra sociedad se encuentre tan devaluada. Escudarse en una sátira para agredir con esa mirada hemipléjica, donde se mide la crítica con diferente vara, con guante blanco, galera y bastón y delicada suavidad hacia un lado y con crítica rastrera y humillante hacia el otro.

Acá nadie se chupa el dedo, todo tiene un sentido, nada se hace por casualidad ni de forma inocente. Algunos grupos de carnaval funcionales a cierto sector político, que se terminan prostituyendo al servicio de una ideología.

¿Habría que censurar y prohibir esa murga? Por supuesto que no. Debería tener el repudio generalizado de toda la sociedad, incluso de quienes forman parte de esa actividad y la pretenden jerarquizar. La censura moral sería la peor condena.

Pero también esa degradación ha dicho presente en la actividad sindical. Un sindicalista argentino, que según afirma la propia prensa de la vecina orilla, es casi desconocido y de cuarto nivel y quien fuera invitado por el Pit Cnt vino a interferir en las decisiones de nuestro país, hablando incluso de querer echar a Lacalle Pou. Como que en la Argentina no estuvieran ocurriendo cuestiones graves por las que preocuparse. Perteneciente a un aparato sindical abrazado por la corrupción, con varios sindicalistas presos y una gran crisis generalizada de credibilidad. Varias encuestas cuentan que el 80% de la sociedad argentina cree que el sector sindical es el más corrupto del país. Lo peor de todo, lo más grave no fue la arenga de este despreciable individuo. Fue la ovación posterior de los sindicalistas uruguayos que parecían disfrutar de tal gesto antirrepublicano.

Si bien algunos dirigentes políticos frentistas, después que la prensa les exigiera expedirse al respecto, declararon no estar de acuerdo con dichas afirmaciones. De todas maneras, su comportamiento en el parlamento, como de costumbre, no se condice con sus discursos y ante el planteo en la cámara de diputados de repudiar los dichos del argentino, el Frente Amplio, se retiró de sala, huyendo despavorido.

Quiero seguir creyendo que la actitud de estas murgas no representan al carnaval y que estos sindicalistas no son representativos del verdadero sindicalismo…aunque cada vez me cuesta más.

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