La dictadura de lo políticamente correcto

Daniel Manduré

La inquisición vive y lucha.

Parece que la era de lo políticamente correcto lo inundara todo. El cine, el humor, los cuentos de hadas y hasta el lenguaje rehén de la lupa inquisidora de quienes pretenden imponer que decir y como hacerlo. Que es lo que está  bien y que es lo que está mal.

Palabras censuradas, películas que hay que eliminar, series animadas y libros infantiles que hay que reescribir y un rico lenguaje al que hay que destrozar.

Ese parece ser el camino que algunos han elegido transitar para luchar por la igualdad.

Una causa justa por un camino equivocado y peligroso.

Ya no podré dirigirme a mi entrañable amigo «el negrito Sosa» como tal (que ni siquiera es de raza negra) ahora debo referirme a el como mi querido afrodescendiente.

La inolvidable película » lo que el viento se llevó» lucha por no sucumbir ante el gran hermano que todo lo observa.

Ahora los demagogos de lo políticamente correcto van por Blancanieves, cuento de hadas ambientado en el siglo XVII, un film que tiene 84 años al que habría que reescribir por el pecado terrenal de un beso no consentido.

La lucha central por la inclusión, por la igualdad, pierde fuerza. Los mensajes se confunden, pierden consistencia hasta llegar a la propia idiotez.

Hay que borrar la historia de un plumazo, hacer de cuenta que los acontecimientos históricos con momentos injustos y de gran crueldad nunca existieron, cuando en realidad la historia está plagado de ellos.

Películas, series o cuentos de hadas producto de un determinado momento, que no necesariamente reflejan el pensamiento actual. Hasta parece de tontos tener que explicarlo.

Si elimináramos de la faz de la tierra, películas, series, cuentos de hadas con historias de esclavitud, desigualdad, discriminación, maltrato, injusticias seguramente nos quedaríamos sin séptimo arte.

El pasado está allí, para aprender de el, pasó lo que pasó, con luces y sombras, con injusticias y causas justas, con gestos de enorme valentía y otros de cobardía y asesinatos.

Un día, no se como, llegamos a confundir la igualdad con el mal gusto y se comenzó a hablar del lenguaje inclusivo. Desde la aberración del «chiques» hasta lo «pintoresco» con el uso del @ o la x.

Nada más placentero que escuchar a alguien de buen decir y nada más disfrutable que leer   a alguien de un escribir con buen gusto.

La lucha por la igualdad no pasa por hacer trizas el lenguaje.

El lenguaje evoluciona, palabras que entran en desuso, otras nuevas que comienzan a jugar su partido, dudas ortográficas, de fonética y gramaticales que se plantean.

Nunca la buena gramática debería confundirse con machismo.

Los cambios idiomáticos no se imponen, los van marcando naturalmente, sin forceps, ni a prepo la realidad de sus habitantes por su uso. La Rae va recogiendo lo que la sociedad genera.

Hay ideologías extremistas minoritarias, donde no impera la razón ni el buen gusto que intentan imponer esa forma tan particular de percibir lo que debería ser la lucha por la igualdad.

Al final terminan haciéndole mucho mal a la causa que dicen defender.

En Francia acaban de prohibir por ley el  lenguaje inclusivo en colegios porque «constituye un obstáculo al aprendizaje de los alumnos usando como una alternativa a la feminización del lenguaje».

La palabra prohibir me rechina un poco, ojalá nunca tengamos que llegar a eso.

La inclusión en todos los terrenos es un derecho, una forma de vida.

Ojalá todos logremos conocer el límite entre la sensatez, el sentido común y la estupidez…depende de nosotros y solo de nosotros.

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