La dignidad del paciente

Alvaro Vero

Comencé esta reflexión orientada a las responsabilidades civiles y penales de los profesionales de la salud, así como las prestadoras de salud públicas o privadas, que también la tienen por sí y por sus dependientes, abriéndose un infinito abanico doctrinario nacional e internacional sobre interpretaciones contractuales, extracontractuales, propias del marco legal y jurisprudencia de cada país de la que como profano en la materia me siento incapaz de interpretar cabalmente.

Sólo me referiré brevemente al error de diagnóstico dentro de una ciencia inexacta como lo es la medicina, donde se señala que el error y el diagnóstico son inseparables .El peligro no está en establecer un diagnóstico sino en creerlo suficiente y definitivo.-El error se encuentra en todo procedimiento, y tal es así que se termina adjudicando siempre un «margen de error». -El diagnóstico implica una elaboración intelectual y como tal es opinable en tanto se asume que la culpa médica comienza donde terminan las discusiones científicas.- El error se convierte en culpa, con la obligación de medios asumida, cuando el diagnóstico es consecuencia de imprudencia, negligencia, impericia o violación de leyes y reglamentos. Si se ha cumplido estos aspectos el error será excusable.

«…podemos indicar que es imprudente en general la llamada- consulta telefónica-, pues el contacto directo con el paciente resulta imprescindible por elementales razones lógicas.» (Szafir-Venturini-Prof. de Derecho Civil-Responsabilidad civil de los Médicos y de los Centros Asistenciales-1989).

Es realmente de suma complejidad determinar la causa, la culpa el error y las responsabilidades por lo que se vuelven los posibles resarcimientos o la adjudicación de responsabilidades en trámites eternos.

En los prolegómenos de estas querellas siempre está el debilitamiento del respeto a la dignidad del paciente, donde también existen aristas del sistema y de sus dependientes.

Entendemos la dignidad como el decoro en la manera de comportarse, en la forma de relacionarse una persona con otra, de manera honorable y digna. En la declaración Universal de los Derechos Humanos dice «todos los seres humanos nacen iguales en dignidad y derechos, y dotados como están de razón y conciencia deben comportarse fraternalmente los unos con los otros».  En cuanto a los derechos se refiere al conjunto de normas obligatorias que regulan la conducta de los hombres. La dignidad está conformada por todos aquellos merecimientos de la condición humana que le hacen singular: libertad, justicia, equidad, lealtad, bien común y más que sustentan el valor real de la vida cotidiana.

En los múltiples códigos de Ética Médica y en lo establecido en la Asociación Médica Mundial (1948) el médico promete ejercer la profesión dignamente y a conciencia, con competencia e independencia técnica y moral, con compasión y respeto a la dignidad humana.

Es probable que el paciente tenga resuelto su problema de salud pero quede en sus emociones y sentimientos el haber sido humillado, maltratado, vejado en su dignidad por irresponsabilidades del prestador de salud.

¿Y qué sanción podrá dársele a este violador del derecho a otorgar y respetar el derecho a un trato digno? ¿Sólamente el descrédito a nivel personal, al señalamiento social, a su comportamiento despótico, cruel, insensible, inhumano e indigno?

El derecho al respeto suele verse vulnerado cuando las organizaciones son ajenas al humanismo, el respeto a la dignidad es política institucional a llevar adelante y no depende tanto de lo declarativo de los preceptos éticos, deontológicos, gremiales, sino de la cultura de la organización. Hay que hacer que el impacto de las normas y la jurisprudencia actúen concomitantemente con la cultura de la organización. El clima interno de Puigari o el Hospital Austral de Pilar o la Santa Cruz de Brasil se respira en forma diferente pues tienen objetivos y cultura diferente.- El respeto y la dignidad están dentro de sus misiones.- Para empezar tener dirigentes inmaculados y capaces que tengan una visión humanista y no economicista y no cómodos arribistas transgresores que no pueden hablar de dignidad.

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