La ética y la política

Daniel Manduré

Algunas cuestiones que lamentablemente se repiten nos llevan a hablar de la ética y la política.

Los partidos políticos deben tener claro cuáles son su razón de ser, cuáles son sus proyectos, que  tipo de sociedad quieren y sueñan, hacia quienes van dirigidos sus principales iniciativas y que temas los desvelan.

Pero nada de eso tendrá razón de ser si se abandona la ética.

Los partidos, todos ellos, no pueden mirar para otro lado, cuando están pasando cosas.

No pueden ponerse las manos en los bolsillos, mirar hacia arriba  y salir chiflando bajito, como intentando disimular situaciones o tratar de hacer pasar inadvertidas acciones muy poco claras. Deben salir a la cancha a trancar fuerte y transparentar situaciones.

Los griegos -con razón decían- que la ética es la esencia de la política.

Son dos elementos que deberían ser inseparables.

Muchas veces ante determinadas denuncias hemos visto a algunos políticos, hasta con el pecho inflado de orgullo falso, decir: «la justicia no ha encontrado ningún delito»…como que si con eso alcanzara. Nada dicen de la condena moral, parecería no importarles. La ética puede no ser sancionada penalmente, pero puede ser la peor de las sanciones. Que el pueblo les dé la espalda, que no se les crea más.

Debería ser el cimiento de la política sobre la cual se edifiquen las ideas.

Aristóteles decía que todos aquellos que quieran pasar por la política, los que aspiren a ocupar un cargo, deberían pasar por la ética.

La política sin ella genera injusticias hasta terminar incluso en corrupción.

No es ésta una mirada romántica y hasta ingenua de lo que debería ser. Estoy convencido que no hay política sin ética.

Volvemos a mencionar al filósofo griego que decía que la política no era solo un asunto de leyes, reglamentos, ordenanzas y discursos, sino que debe tener, para poder ser, a la ética  como base y sustento en esa búsqueda del bien común.

Hay algunos códigos, no escritos, que no se deberían perder y en los que nada tienen que ver los títulos académicos o trayectorias universitarias. Atacar por atacar, criticar por criticar, el insulto personal, la mentira como principal instrumento o reclamar respeto para sí que no se tiene con el otro.

La política sin ética termina siendo una burda mentira.

Plutarco decía «el hombre es el más cruel de  todas las fieras cuando a las pasiones se une el poder sin virtud.

Si el agravio,  la crispación, el insulto, la amenaza pretenden transformarse en moneda corriente, los políticos responsables y  éticamente honestos, que los hay, deberían pararse firmes y no dejarlos pasar.

«Cuando los políticos no se rigen por la ética, son como hienas a la caza del poder» decía Cicerón…y tenía razón. Más tarde o más temprano quedan al descubierto.

Ningún partido tiene el monopolio de la ética.

A pesar de que muchas veces se opina lo contrario, la ética no está en crisis, lo que está en crisis, por lo menos para algunos, es la práctica de la ética.

Max Weber hablaba de dos tipos de ética en las cuestiones públicas, la de la convicción que es la que actúa conforme a principios y valores absolutos y la de la responsabilidad, donde se mide las consecuencias políticas y sociales que se desprenden de tomar determinadas decisiones. En la primera obra la pasión, en la segunda la razón.

Pueden parecer contrapuestas decía Weber, pero en realidad se complementan. La primera pone los cimientos y marca los límites, la segunda nos hace mantener los pies en la tierra, por aquello de que «la política es el arte de lo posible».

Cuando la ética se  va …ya no queda más nada.

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