La lucha contra la desigualdad económica durante el batllismo

Miguel Lagrotta

En una aproximación conceptual primaria enfrentar la desigualdad necesita un enfoque polifacético pero que en resumen se debe tratar de moderar las diferencias entre los excesos de sectores más favorecidos, fortalecer los sectores medios y finalmente ayudar a los sectores postergados. Todo esto tiene antecedentes históricos y de evolución clara a partir de las experiencias precapitalistas en el Occidente atlántico. En los orígenes las religiones, explicaban o justificaban la desigualdad; los sectores que estaban en situación de privilegios lo eran por derecho divino. Queda claro que cuestionar esta situación era cuestionar el orden social, la voluntad de Dios o el poder del monarca. En realidad, el origen de la desigualdad estaba en el poder, el militarismo tenía que ver con la economía, sabemos que los conquistadores arrebataban todo a los conquistados. Incluso desde las visiones filosóficas de la antigüedad se aceptaba el concepto de que unos seres humanos utilizaran medios contra otros seres humanos para conseguir sus objetivos. El propio Tucídides, historiador de la antigüedad, sostenía: “el derecho, tal y como funciona el mundo, solo está en cuestión entre iguales en poder, mientras los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben”. Con el desarrollo de los estudios racionales la noción de Derecho Divino comienza a perder pie y ser rechazada en la evolución de las monarquías autoritarias a absolutas y el origen de los Estados nacionales modernos se buscan otros conceptos para sostener su poder. El Renacimiento y la Ilustración comienzan a desarrollar el concepto de la dignidad del individuo, pero recién en la Revolución Industrial con la explosión de un sector social mayoritario de muy bajos ingresos y urbanos que hizo imprescindible buscar nuevos mecanismos de justificación de la desigualdad, incluso frente a los nuevos conceptos emanados de los socialistas utópicos y del propio Marx que concretamente hablaban de explotación. La teoría que surge se denominó “teoría de la productividad marginal” que en forma simple significa que quienes tienen una mayor productividad recibían ingresos más altos, lo que determinaba el reflejo de una mayor contribución a la sociedad. O sea, surge lentamente el concepto de que los mercados competitivos funcionan según las leyes de la oferta y la demanda determina el valor de la contribución de cada individuo. En buen romance significa que una persona que carece de formación y calificación sus ingresos será menores. A mediados del siglo XIX ya se conceptualizaba que en la economía agraria la fuerza y la resistencia era lo importante, en tanto que en el desarrollo industrial y tecnológico la formación y la inteligencia. Por lo tanto, la tecnología y la escasez de formación y educación comienzan a perfilar la desigualdad entre los individuos. En el breve espacio de un artículo trataremos de ver el análisis de esta realidad llevada adelante por el batllismo a fines del siglo XIX uruguayo. El concepto principal del pragmatismo batllista era asimilar que la desigualdad social era consecuencias simultáneas de fuerzas políticas interactuando con fuerzas económicas. De allí comienza la concepción de que el gobierno establece y debe hacer cumplir determinadas reglas de juego sobre lo que se considera una competencia justa. Además, siguiendo a John Stuart Mill el gobierno reparte recursos a través de la legislación ya sea mediante impuestos y de gastos sociales. O sea modificando el reparto de los ingresos que surgen del mercado utilizando tecnología, ya sea con emprendimientos estatales productivos, tecnología o política. El objetivo, entonces, era alterar la dinámica de la riqueza aplicando la fortaleza del Estado al desarrollo de políticas sociales profundas con objetivos de hiper integración social a través de la educación pública gratuita, la salud pública y beneficios sociales que tiendan a un estado de bienestar. El principio era simple, pero de compleja instrumentación, en ausencia de ayudad estatales los hijos de familias pobres no tendrán acceso a la salud y a la educación, y sin estos dos elementos no tendría acceso a una alimentación de calidad y por extensión a la educación que le permitirá tener calificación adecuada para aspirar a mejores salarios. La visión económica se radicaliza con la visión de los impuestos progresivos atados a una política de gastos con perfil social o sea gravando más a los ricos que a los pobres. Esta orientación estatista del batllismo, si bien se apoyaba en razones bien pragmáticas relativas a la estructura y la situación económico social del país y a su alta vulnerabilidad y dependencia de contingencias y poderes extranjeros que no podía controlar, tenía también marcados fundamentos filosóficos que trascienden al reconocimiento de aquellos problemas concretos. En este sentido, la ya mencionada influencia del espiritualismo krausista a través de la obra de Ahrens fue, según el propio

Batlle y Ordóñez lo consignara, determinante. La concepción organicista de la sociedad, que el krausismo compartía con el positivismo spenceriano que varios integrantes del elenco batllista profesaban, fundamentaba una visión de las relaciones Estado-sociedad que las entendía como ámbitos autónomos

pero al mismo tiempo necesariamente vinculados. Su criterio sobre el Derecho se formó en la lectura del “Curso de Derecho Natural” del krausista Heinrich Ahrens que, según lo escribiera el propio Batlle y

Ordóñez en 1913, “me ha servido de guía en mi vida pública” (Ardao 1951,164-166). Aunque, como ya se refirió, esta no fue la única influencia filosófica de la que se nutrió el pensamiento de Batlle y Ordóñez ni mucho menos el movimiento que lideró, el reconocimiento explícito de la obra de Ahrens es bien indicativo y relevante en cuanto al tema del estatismo, dado que, precisamente, dicho autor expone una visión de las relaciones Estado sociedad y una concepción de las funciones del Estado que están en total consonancia con la práctica intervencionista y reformista del batllismo: “[El Estado no es] una institución de simple policía, de seguridad y protección …sin extralimitarse de su propio objeto puede y debe ayudar al desarrollo social … aumentando los medios de ayuda a favor de las partes deprimidas o que han quedado rezagadas …” (Ahrens citado por Frega y Trochon 1991,118).

Esa visión de las relaciones Estado-sociedad se vinculaba a una ética social que también es parte del espiritualismo krausista, pero que no puede reducirse de ninguna manera a su influencia ya que es igualmente reconocible en otras fuentes doctrinarias (el socialismo, el anarquismo, el catolicismo) con

las que el batllismo estaba en permanente contacto e intercambio aun en la disidencia. En una buena síntesis de esta cuestión, Benjamín Nahum ha señalado que las ideas batllistas acerca de los fines del Estado “formaron parte de una convincente […] postura filosófica sobre el ser humano y sus derechos, que enfatizó la solidaridad social y la igualdad de los ciudadanos con independencia de su origen (social, nacional, étnico) […] deriva [esta concepción del Estado] de [una] postura filosófica sobre la sociedad y el

hombre, que pudo llamarse «solidarismo social» o «socialismo de Estado» en Europa y que en el país se llamó «batllismo» (incluyendo en esta corriente los aportes de muchos no colorados: blancos, socialistas, anarquistas, católicos).” (Nahum 1993, 67-69).

En resumen, el redimensionamiento del rol del Estado orientado a un marcado intervencionismo social y económico, era un componente central del modelo batllista que encontraba sus fundamentos tanto en razones prácticas derivadas del reconocimiento de algunos de los problemas que el país debía afrontar para superar su precaria situación y embarcarse en una senda de desarrollo económico y social, como en razones filosóficas más profundas que remiten, en un plano general, a una cierta concepción filosófica del derecho, el estado y la sociedad, y, en un nivel más particular, a una ética social pautada por la orientación humanitaria y solidarista.»

Ver:

Stiglitz, J.E. La búsqueda de rentas y la creación de una sociedad desigual. En el precio de la desigualdad. Santillana 2012. Pp.79 y Ss.

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