La nueva agenda de derechos

Hugo Fernández Faingold

Durante los últimos años de gobierno del Frente Amplio me tocó sostener varias discusiones con correligionarios batllistas –algunas con final amargo– sobre cómo retomar y potenciar, desde el batllismo, el impulso que intentó dar el FA a la “Nueva Agenda de Derechos. Sobre muchas de las discusiones pesaba la autocomplaciente reivindicación, sostenida durante 15 años por el FA de ser, ahora, el batllismo verdadero, aggiornado, responsable de definir, defender y poner en práctica un conjunto “inédito” de derechos sociales que apuntan, todos, a mejorar la inclusión.

Para el Uruguay de Varela, de Batlle, el mío y el de mis compañeros, el progreso real de la sociedad siempre se asoció a la inclusión. Inclusión “humana”, en materia de género, origen social, raza, o religión; “inclusión material”, en materia de ingresos e infraestructura doméstica, incluyendo vivienda y servicios; inclusión “social”, con igualdad de oportunidades, acceso a la salud, educación laica, gratuita y obligatoria, y tolerancia y respeto al pensamiento ajeno.

Las ideas y propósitos de progreso social e inclusión siempre estuvieron presentes en los gobiernos anteriores al FA. La historia nacional no empezó en el 2005. Y los resultados de esas ideas y propósitos y de las acciones de los gobiernos anteriores a 2005 estaban a la vista cuando, en la bisagra de siglos, nuestro país mostraba junto a Costa Rica, los mejores indicadores de la región en materia social. Es cierto que muchas ideas y aspiraciones quedaron por el camino, y que muchas otras solo quedaron registradas circunstancialmente como artículos programáticos, o “aspiracionales” en las leyes de presupuesto del Siglo XX.

Enhorabuena, pues, que el país pueda avanzar en la Agenda de los Derechos y la inclusión.

Con el cambio de Gobierno, sin embargo, el país descubre que la Nueva Agenda de Derechos que el FA sostiene haber adelantado es –en muchas de sus dimensiones- apenas un conjunto de estructuras burocráticas casi vacías de acciones concretas, aunque llenas de funcionarios políticamente afines y oenegés. Muchas de éstas –“compañeras”– fueron creadas con el exclusivo propósito de ser ejecutoras de los recursos destinados a la Nueva Agenda. Y, lamentablemente, una porción desmesurada de esos recursos se utilizaron para contratar todavía más correligionarios en esas oenegés. La serpiente que se comió a sí misma desde la

cola. Los recursos se dispusieron para generar resultados, pero se quedaron colgados de las organizaciones sin llegar a sus destinatarios finales. No creo que nadie se los haya robado. No. Simplemente así se armaron y ejecutaron una buena parte de los presupuestos destinados a la Nueva Agenda de Derechos.

¿Que el Uruguay necesita una Sistema Nacional de Cuidados? ¡Claro que sí! Lo reclama nuestra realidad demográfica, junto a las nuevas realidades en el mundo del trabajo y a patrones nuevos de organización de las familias. El tema no es tener “la idea”. Esta existe desde hace mucho en todo el mundo. El tema es encontrar los recursos necesarios para ponerla en práctica en serio, y utilizarlos bien, y no simplemente para crear cargos, nombrar gente y montar estructuras burocráticas que dedican la mayor parte del tiempo y los recursos a mirarse el ombligo.

Así como el tema no es la idea de la “renta universal”, sino definir el mecanismo para fomentar la inversión y el empleo. La “renta universal” en Finlandia tuvo efectos positivos de mediano plazo sobre el empleo, pero discutamos el mecanismo para que la sociedad genere los recursos necesarios para hacerla posible. Como lo hizo Finlandia.

Por desgracia, prácticamente lo mismo podría decirse de una buena parte de las iniciativas ligadas a adelantar la Nueva Agenda de Derechos. En la mente de muchos, se trata en realidad de la Agenda de Derechos de siempre, inteligentemente tomada por un equipo de comunicación y enganchada a la institucionalidad internacional y sus modas para hacerla aparecer como un compromiso nuevo, adueñándose así de algo que la sociedad uruguaya viene construyendo desde hace más de un siglo y medio.

No un partido. Toda la sociedad

¿Qué hay de nuevo en políticas de género referidas a las mujeres? ¿Se han implementados cambios serios para reducir, por ejemplo, la brecha salarial en el sector privado? Claro que “Ni Una Menos”, aunque todavía nos debemos sistemas fuertes para amparar a las víctimas y reprimir y castigar de verdad a los victimarios.

Vida contra pulseras electrónicas no da ni para empezar a conversar. Pero antes de aceptar como nueva categoría el “patriarcado” para medir toda conducta, discurso o iniciativa, sería interesante que la sociedad lo discuta un poco más, porque los cambios reales son los que surgen de cambios culturales. Y lo que necesitamos para el mayor progreso de la mitad femenina de nuestra sociedad es un cambio cultural profundo de ambas mitades.

Bien por el matrimonio igualitario y la defensa de la libre identidad de género. Los detalles legales comenzaron a resolverse poco a poco y continuarán haciéndolo, aunque mantenemos un “debe” importante en materia cultural para naturalizar las opciones en la conciencia colectiva y en la práctica social.

Luego de décadas de intentos frustrados, el último de los cuales fue si no recuerdo mal el veto del Presidente Vázquez, el aborto legal finalmente reconoció y restó riesgo sanitario a una práctica de décadas de la sociedad. Siempre quisimos la consagración del derecho, o al menos la despenalización. Dimos las mayorías parlamentarias que nunca nos dieron para que fuese posible. Y hoy tenemos aborto legal equilibrado, con la posibilidad de objeción de conciencia, sin “pañuelos” y con garantías, para quienes quieren abortar y para quienes no desean hacerlo La cantidad de ciudadanos en situación de pobreza, el pavoroso porcentaje mayoritario de niños uruguayos que nacen y viven en situación de pobreza, la pérdida de calidad y relevancia de la educación para sectores amplios de la sociedad y otra docena de cosas deben necesariamente estar en la Agenda de Derechos. Quizá no en la “Nueva”, pero si en la de siempre, que nunca debió olvidarlas.

Hay que seguir conversando con los amigos batllistas, porque es fundamental que estos cinco años no pasen así como así.

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