Las tensiones de la vuelta a la presencialidad educativa

Claudio Rama

El regreso de los estudiantes a las aulas presenciales y de los docentes a sus espacios áulicos tradicionales presenciales en las instituciones, como resultado de la cierta finalización de la pandemia, está implicando un conjunto de tensiones y discusiones en la educación superior. En Primaria y Secundaria, la educación no presencial de emergencia que se llevó a cabo con la pandemia desde el 2020,  tuvo  debilidades para alcanzar los aprendizajes esperados por lo que el regreso a la presencialidad,  tuvo una alta sustentación tanto en los estudiantes y sus familias, así como en los equipos de gestión y docentes. Sin embargo en educación superior, la situación es diferente y se requieren no sólo nuevas miradas y políticas, no regresar a las mismas dinámicas presenciales del pasado y aprovechar las nuevas tecnologías para construir una nueva educación híbrida.  El pasaje desde la enseñanza presencial al formato virtual de tipo sincrónico fue muy rápido en todas las instituciones de educación superior. Ello por que la educación virtual ya tenía una relativa aceptación, así como por la procedencia social de los estudiantes gracias a la cual tenían elevados niveles de conectividad, equipamientos y espacios físicos para el estudio. Aunque hubo carencias puntuales de equipamientos de las familias, de docentes o de conectividad al inicio de la pandemia, la mayor parte de las universidades en pocos días habían continuado las actividades educativas bajo formatos sincrónicos con los mismos horarios y docentes programados. La nueva  enseñanza sincrónica apoyada en  plataformas y redes de internet en acuerdos de licencias con Zoom, Google o Microsoft, fue eficaz para permitir la continuidad de  parte de la enseñanza.

Los problemas mayores fueron la realización de actividades prácticas, la debilidad de las evaluaciones virtuales por falta de equipamientos y software, la ausencia de recursos de aprendizaje digitales, o de sistemas de apoyo institucionales a los estudiantes y docentes. Muchas  actividades prácticas –especialmente en salud- se pospusieron o como máximo se realizaron en grupos reducidos, creando desfasajes y retrasos entre los cursos teóricos o prácticos, que retrasaron los calendarios escolares.

Hoy el regreso al modelo presencial 100% anterior, trae múltiples nuevos problemas así como perdida de oportunidades. Amplios sectores de estudiantes, y especialmente del interior o que trabajan y viven lejos de los centros educativos, e incluso de docentes que realizan sus clases desde sus hogares, y han hecho múltiples inversiones y creado capacidades, plantean la inconveniencia del regreso a los formatos tradicionales presenciales. También se plantea que el teletrabajo y la gestión en red es más eficiente para atender los procesos administrativos a toda hora que los formatos laborales tradicionales diurnos. Múltiples docentes por hora, y que mayorías, ven las ineficiencias de desplazamiento y la inconveniencia pedagógica de volver a un formato de actividades todas presenciales. Múltiples actores plantean la mayor eficiencia de formato híbrido de enseñanza, gestión y  aprendizaje. Del viejo discursos que voceaban “la calidad es la presencialidad”, estamos pasado casi a “virtualidad o muerte”. Es un cambio del paradigma tradicional de la enseñanza universitaria con un alto apoyo social a la virtualidad por casi todos los actores. La pandemia y la educación de emergencia develaron que una educación superior presencial 100% es hoy un modelo obsoleto, perjudicial y poco eficiente para alcanzar los mejores niveles de aprendizaje y de una educación de calidad para todos. Especialmente para los del interior, los que trabajan (2/3), los que viven lejos de los centros educativos o las personas con discapacidad o que no pueden acceder en los formatos tradicionales, y reclaman la necesidad de una educación más flexible y formatos híbrida en la educación superior. Y también para superar la enseñanza catedrática de tipo TLP (Tiza, lengua y pizarrón)

Hoy la educación híbrida es el modelo en la educación superior, ya que todas las clases son virtuales, en tanto que las evaluaciones y las actividades prácticas se realizan en forma presencial. El riesgo es el regreso al 100% presencial. Incluso  muchos han planteado que la evaluación se deberían realizar y con alta eficiencia y seguridad bajos formatos virtuales, y otros más plantean que muchas de las actividades prácticas, también se pueden realizar en parte bajo formatos virtuales mediante sistemas de simulación o de software de autoaprendizaje.

La agenda política educativa debe analizar la pertinencia de una enseñanza  híbrida, y que se continúe y profundice el camino de la virtualización, con mas inversiones y capacitaciones. Ello llevaría a la utilización de “bots” para consultas académicas automatizadas, mayor uso de recursos de aprendizaje MOOCs y procesos de enseñanza al tiempo asincrónicos y sincrónicos, así como  apps para los trámites y procesos de acceso a aulas, reserva de libros, presentación de trabajos o consultas administrativas, y focalizando en las actividades presenciales actividades prácticas, trabajos colaborativos, tutorías o evaluaciones. Ello implica sin duda la construcción de un nuevo currículo y una nueva pedagogía híbrida que será mas propia de cada institución. El regreso a una presencialidad educativa 100%, más típica del siglo XIX, sería un error histórico enorme y no responde además a las demandas de estudiantes, docentes o instituciones, ni las eficiencias, beneficios o costos, ni muchos menos a la calidad, sino a normativas del pasado y a las propias tradiciones conservadoras. Ellas además fragmentan lo presencial de la distancia, con múltiples categorías y requisitos de lo virtual, semi-presencial, aula expandida u otros infinitos posibles matices.

El futuro será más complejo y digital, y hoy ya la innovación tecnológica ha desarrollado nuevas articulaciones más eficientes entre lo presencial y lo virtual. Hoy las instituciones, incluso en Uruguay,  están probando y adquiriendo equipos informáticos y pantallas y cámaras y software que permiten a la vez hacer clases y actividades presenciales y virtuales a la vez, y que rompen las fronteras separadas y crean nuevos formatos híbridos. Técnicamente, hoy,  mientras unos pudieran ir a la clase presencialmente, otros pudieran acceder a ella en forma sincrónica por internet y participar activamente con los otros estudiantes pero sin asistir. También otros pudieran posteriormente acceder a esa misma clase grabada y analizarla como recurso de aprendizaje y discutir en un chat en una plataforma asincrónica. Sin embargo, la normativa y las tradiciones y paradigmas anteriores actuales no lo permiten Aunque existe la posibilidad técnica de esa flexibilidad y por ende una mayor libertad y flexibilidad en la enseñanza, se están  limitando las enormes  oportunidades educativas y libertades de las nuevas educaciones híbridas.  Hay que ajustar las normativas a las nuevas realidades, no regresar al pasado perdido. Tal vez al menos el 30% de los cursos puedan realizarse en forma sincrónica. Aumentar la cobertura es el objetivo, y este el instrumento  

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