Liz Truss; de abolicionista radical

a conservadora y euroescéptica

Lorenzo Aguirre

Liz Truss, se ha convertido en la tercera mujer inquilina del Nº 10 de Downing Street – le antecedieron Margaret Thatcher, y Theresa May – (luego de ser funcionaria ministerial en los últimos tres gobiernos conservadores), siendo especialmente respaldada por el sector más derechista. Truss, en una carrera política muchas veces ambigua y siempre complicada, ganó la contienda – iniciada el pasado mes de julio a través de cinco rondas de votación parlamentaria, finalizando con la consulta a afiliados al partido – por el liderazgo de los conservadores británicos – comunidad política en gran medida sufrida por luchas internas – y obviamente el sillón de gobierno, derrotando con más de 81.000 votos de tories, al banquero tecnócrata Rishi Sunak, quien lograra poco más de 60.000. La flamante Primera Ministro, otrora defendía abolir la monarquía –  en 1994, decía: “nosotros, los demócratas liberales no creemos que las personas nazcan para gobernar”…, escrito que, obviamente, no ha podido sostener en sus manos, pues ya no piensa así -, y también en 2016 votó en contra del Brexit, pero últimamente quiere negociar nuevos acuerdos de libre comercio. Asimismo, hace un tiempo, declaró, “los trabajadores británicos son uno de los peores haraganes del mundo”, “¡excepcional concepto” respecto a sus conciudadanos, más, para expresarlo a todo el mundo!

Boris Johnson dimitió como Primer Ministro de Reino Unido luego de renunciar más de sesenta miembros del Ejecutivo y a lo largo de sostener una permanente presión, como, asimismo, falta de apoyo por parte de su partido, hecho que, además, le provocara la pérdida de liderazgo del grupo parlamentario.

El proceso en busca de una nueva imagen del Partido Conservador Británico, finalizó, como también las gestiones y “negociaciones” para decidir quién sería el inquilino del Nº 10 de Downing Street, teniendo como resultado la aprobación hacia Liz Truss, quien fuera Jefa de Diplomacia, y Ministro de Comercio Internacional durante la transición de Gran Bretaña con la Unión Europea.

La Primera Ministro llega al sillón del mandatario, afrontando salarios reducidos, precios altos, crisis del coste de vida, además de una política de interrelación internacional pos Brexit, acontecimientos que continuarán en los siguientes dos años, hasta la culminación del correspondiente período de gobierno, tiempo en el cual el Partido Laborista se preparará para ganar los próximos comicios, dejando de lado los casi 15 años de gobierno por parte de conservadores.

Haciendo memoria

Liz Truss, hizo campaña a favor de permanecer en la Unión Europea, y señaló que, el Brexit, sería una “triple tragedia: más reglas, más formularios, más demoras al vender”, y respaldó a quienes pretendían seguir en el bloque pues “constituye interés económico de Gran Bretaña, y significa que podemos centrarnos en una reforma económica y social, vital en casa”.

Pero, más tarde, ante tanta pérdida electoral, Truss, cambió de opinión señalando que, “el Brexit brindaba una oportunidad para sacudir la forma en que funcionan la cosas”, para finalmente no solo respaldar el Brexit, sino, incluso, amenazar con eliminar toda legislación restante de la Unión Europea en Reino Unido, como asimismo anular el acuerdo que Boris Johnson – quien nunca apoyó una democratización dentro del bloque europeo, sino todo lo contrario si tomamos como referencia las manifestaciones, posturas, y el accionar de gobiernos como Polonia, y también Hungría, sobre los lineamientos en la franja de referencia –, negociara en Bruselas.

La dureza de Johnson – un hombre euroescéptico, estructurado, señalando que, Reino Unido se estaba convirtiendo en colonia de la Unión Europea – sobre el concepto de política hacia el mencionado bloque, ocasionó marcadas consecuencias dentro de la isla, y en buena medida tensión en vínculos internacionales, intereses variables, comportamientos incisivos por parte de antieuropeos, y actitudes que, a muchos los distanció del bloque, pues, ese mundo gira entre derechas firmes, ultraderechas, izquierdas acomodadas, y un sentido nacionalista – con sus intereses – moviéndose rápidamente.

Boris Johnson, nunca buscó convertirse en casto, y el divorcio con la Unión Europea no pretendió que se dedicara al estado monástico sino comenzar un coqueteo actualizado con Estados Unidos, más allá que, la reposera en la Casa Blanca sostuviera el cuerpo de Biden, porque, a fin de cuentas esto es política, y ahora no es tiempo de interesarse por una sólida amistad con Donald Trump – el cual se encuentra en “cuadratura” astrológica – pues estamos en época de transición y debemos inclinar las nalgas hacia el lugar donde calienta el Sol.

A decir verdad, Johnson, siempre demostró indiferencia a una salida armoniosa respecto a la Unión Europea, y la disolución conyugal en cierta forma ha sido compulsiva, marcando un británico rostro victoriano.

Cuando el narcisismo traiciona

Desde la ronda eleccionaria, Liz Truss no perdió tiempo en dar “estímulos” a los medios de comunicación para ser comparada con Margaret Thatcher, al convertirse en modelo para las fotos de notas periodísticas, posando sobre una torreta de tanque, como, asimismo, llevar a las intervenciones televisivas un modelito de americana negro, y camisa blanca con un lazo al cuello, atuendo que la Dama de Hierro mostrara en su pasarela electoral de 1979.

Ahora, llega la tontera de Truss, al expresar “sentirse frustrada” por ser relacionada con Thatcher.

Próximo accionar del gobierno

Con una inflación ya disparada, sobrepasando el 10%, y una proyección para el próximo año superando el 18%, la nueva Jefa de Gobierno tiene como prioridad no reducir la enorme deuda, sino estimular inversiones, y para acompañar ese pensamiento, recortaría el sueldo a los funcionarios públicos que viven fuera de Londres – cuando lo planteó durante las primarias, provocó un verdadero caos -, actitud que demostraría y confirmaría una insensibilidad hacia los trabajadores.

Estaba pensando… el cargo de Primera Ministro… ¿pertenece a una empresa privada?

Respecto a cómo abordará la crisis del costo de vida, Liz Truss, respondió: “reducir la carga fiscal, pero no voy a dar ayuda financiera”.

En medio de tanta declaración para el futuro accionar no ha faltado una andanada de “frases célebres” sobre la mandataria, como asimismo su fama y valores políticos, brindadas por figuras que reptan a su alrededor, y también detractores refiriéndose a los “escándalos políticos – sexuales, de la Liz”, chusmeríos propios de decadentes pub.

El resultado de la elección interna, dando la victoria a Liz Truss, es para la mayoría de los británicos no representativo del pensamiento de casi setenta millones de ciudadanos, pues – según dicen los que saben –, el 52% considera que, Truss, será una “pésima Primera Ministro”, y un 43% manifestó «no confiar en ella porque se trata de una camaleón político, totalmente oscilante y oportunista, pasando de abolicionista radical a derechista conservadora, y euroescéptica”.

Compartir

Deja una respuesta