Los inconformistas

Daniel Manduré

Los uruguayos tenemos valores que nos distinguen y nos enaltecen como sociedad. Aunque debemos reconocer, en una mirada introspectiva, que también tenemos “lo nuestro”.

Los uruguayos somos, hablando siempre de la generalidad, inconformistas por naturaleza.

Nada nos viene bien. Nada nos convence plenamente.

Somos los expertos del “pero”.

Esa dificultad para disfrutar en plenitud. Ese afán por valorar logros ajenos y la dificultad por apreciar y dimensionar los propios.

Esa costumbre de quejarnos por todo. Esa facilidad de ver unicamente el medio vaso vacío, sin detenernos ni apreciar el valor del líquido de la otra mitad.

Un canta-autor uruguayo obtiene recientemente 7 estatuillas en los premios Grammys, de los 14 adquiridos en toda su carrera, más un premio Oscar y un Goya. No es casual, no es suerte. Es talento, es virtuosismo.

Muy valorado fuera de fronteras, pero por aquí, en su tierra, un tanto menospreciado. Las redes sociales se han inundado de comentarios tales como: No tiene voz, es triste, su música me duerme, es aburrido.

Está bien, Jorge Drexler puede gustar o no. Los premios obtenidos no van a cambiar nuestro gusto musical, pero lo que si debiéramos hacer, es valorar y otorgarle la verdadera dimensión a que un uruguayo pueda destacarse. Que logre en la música, estar entre los mejores. Como sucede en la ciencia, arte, deporte o literatura.

En mi caso, Drexler, no está entre los músicos de mi preferencia, pero ello no significa que no les otorgue a sus logros artísticos la importancia y relieve que merece.

No quiero ni pensar que esos comentarios negativos puedan estar vinculados a cuestiones raciales o posturas políticas.

Los uruguayos somos así, inconformistas en todo.

Si un gobierno decide aumentar los combustibles, porque el barril de petróleo aumenta, está mal. Si decide no aumentarlo, también está mal porque se considera una postura demagógica. Y si lo rebaja, vuelve a estar mal porque deberían haberlo rebajado aún más. Nunca alcanza, nunca está bien.

En cuanto al fútbol, hablamos y criticamos diciendo que varios jugadores ya están para el retiro, con un pie casi que en un geriátrico, futbolísticamente hablando. Jugadores de 35 o 36 años como Suárez, Cáceres, Godin, Cavani o Muslera ya deberían colgar los botines. Enojados nos quejamos que varios jugadores quedaron fuera de los 26, por colocar a estos veteranos.

Adoramos a los jugadores extranjeros, decimos que Argentina es Messi dependiente y que la suerte del país de la vecina orilla depende de su genialidad. Messi sin embargo tiene 35 años, la misma edad de los jugadores a los que queremos retirar.

Potencias como Brasil o Portugal llevan a Dani Alves y a Pepe, ambos de 39 años, Croacia a Luka Modrik de 37, pero los inconformistas de siempre queremos que Godin o Cáceres pasen ya por el BPS.

Días de debate analizando como frenar el virtuosismo y explosión de Cristiano Ronaldo cuando enfrentemos a su selección. El portugués tiene 37. Pero criticamos a Suarez, que con 35, está viejo.

Se lesionó Karim Benzema, galardonado como el último mejor jugador del mundo, de 34 años y el técnico del último campeón del mundo colocó como delantero centro a Olivier Giroud de 36, pero claro, por estas latitudes, decimos que Cavani con 35 ya no está para un mundial.

Lewandowski, astro polaco, goleador en el Bayer y en el Barcelona, erró un penal con su selección, si fuese uruguayo ya estaríamos diciendo que tiene 34, que no puede jugar más.

Los inconformistas de siempre, los reyes de la crítica. Esa insatisfacción continua que parece agobiarnos. Quejosos y dicotómicos.

Casi una enfermedad crónica.

Me recuerda una frase:

“Poco a poco le fui bajando la luna, al

final me dijo que no

era de su color

favorito»

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