Los Patriarcas, cruzan la línea roja

(Última Parte)

Lorenzo Aguirre

El Grupo de los 7 (G7) –  Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, y Japón – acaba de realizar una “Cumbre” de dos días en la ciudad de Los Beatles, y declararon amenazas potentes no solo a Rusia – por el conflicto respecto a la posible invasión a Ucrania, teniendo presente el exponencial aumento de tropas rusas –, sino, además, a Irán, advirtiéndole sobre la última oportunidad de rescatar el quebrado “Acuerdo Nuclear” firmado en 2015.

Sin vueltas, ni charlatanería protocolar, es oportuno destacar que, el Derecho Internacional prohíbe totalmente cualquier acción de fuerza para modificar fronteras.  El presidente Vladimir Putin, sabe que, una agresión bélica contra Ucrania tendría resultados con un costo severo, y el Klemlin debería terminar con el asunto realizando una reducción en la escalada militar, para continuar por las vías diplomáticas correspondientes, siendo respetuoso, ajustado a los canales de compromisos, como, asimismo, responder con moderación y transparencia en sus preocupaciones, sin intoxicar con ejercicios de despliegue de tropas, la zona de conflicto.

Putin, niega invadir Ucrania, pero en forma paralela hay líderes y “personajes importantes” europeos sufriendo tortícolis, dejando de lado la seriedad del expediente ucraniano, y no palpando la acalorada situación provocada, la cual, evidentemente, Putin, no hará ningún esfuerzo físico, ni mental, para aflojar la tensión.

Para tontos desde el desayuno hasta el almuerzo, y después del mismo por el resto del día, la proyección de 40 grupos de batallones rusos desde Crimea, Donbás, Bielorrusia, y Voronezh – mostrando claramente un diseño de penetración a territorio ucraniano, e incluso avance hasta Kiev -, es tomada como simple entretenimiento de un boceto de operaciones, reflexión con apagones intermitentes en el cableado neurológico, o, lo peor – ¡quizá, más probable! -, estrategia enmarcada dentro del silencio, por gran suma de engendros, más allá que, a esta altura, las amenazas militares rusas son moneda corriente en el estilo de la diplomacia represiva de Moscú.

Después de lo soportado por la humanidad, a través de acciones castrantes por parte de gobiernos de todo talle y color, nada es imposible, y no debería llamarnos la atención que, a la pirotecnia por Papá Noel se sume alguna guarnición de petardos rusos para que, realmente, el mundo “festeje una verdadera nochebuena” esperando la llegada del Nazareno.

Asimismo, todo podría estar amalgamado con algún testimonio de infraestructura militar ucraniana proveniente del oeste – “bienvenida herencia” de la guerra fría -, pese a las discapacidades que tiene en cuanto a los “chiches” electrónicos, como también a los juguetes para defensa aérea, los cuales, otrora, fueran configurados y distribuidos en los viejos sistemas soviéticos, y que, en consecuencia, ahora, evidenciarían un fácil partido de ajedrez para los técnicos de aeroespaciales rusos, que, entre vodka, y vodka, los interferirían, y erosionarían.

G7 amenaza a Irán

La coalición de referencia está enfrentando a la República Islámica, a la cual amenazó con “la última oportunidad” que tiene para aceptar el pacto nuclear, de acuerdo a las negociaciones llevadas a cabo en Viena, Austria.

Pero, es necesario señalar que, el llamado histórico pacto firmado hace seis años entre Estados Unidos, e Irán – también por Francia, Alemania, Reino Unido, Rusia, y China -, sufrió la rotura gracias a la soberbia del entonces presidente Donald Trump, haciendo que Washington se retirara alegando que, Teherán, violaba convenios.

Como si fuera poco, el exmandatario estadounidense, de manera personal, unilateralmente, con sanciones internacionales embretó nuevamente a la República Islámica, y no respetó que, el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas se opusiera porque la Casa Blanca no gozaba el derecho a tomar medidas, pues había abandonado el pacto de referencia.

El gobierno de Irán aprovechó el quiebre, y liberó el refinamiento de uranio superando el nivel de 3.67% – de acuerdo a la Organización Internacional de Energía Atómica -, elevándolo este año a casi un 5.5%, poniendo proa hacia una secuencia de enriquecimiento del mencionado elemento químico, para la producción de un arma atómica.

Ahora, el problema se ha disparado, y se desconoce si levantarían las sanciones impuestas por Estados Unidos.

Entre poder económico…

 y “sustancia emocional”

Se pretende que, el G7 maneje los asuntos, con puntualizaciones respetuosas y honorables, pero, me pregunto: ¿cómo se logra la honorabilidad, si los países integrantes del mencionado conjunto tienen intereses políticos, y especialmente económicos, diametralmente opuestos?… ¡a modo de ejemplo vale recordar la urticante relación entre Washington, Beijing, y Londres!

Dejemos un poco de lado tanto fuego de artificio, y vayamos a un plano más realista, porque al parecer todo pasa por las matemáticas.

Si las estrategias y movimientos militares tienen siderales costos, tanto Rusia como Occidente tendrán que ventilar sus tarjetas de crédito y modificar en buena medida los saldos, porque los “precios internacionales” son diferentes de acuerdo a los “tours turísticos”, e indudablemente, si por alguna de esas casualidades – ¿o, causalidades? – a la Organización del Tratado del Atlántico Norte se le ocurriera hacer excursiones desplegadas por Rumanía, y Eslovaquia, los números para Rusia estarían un poquito por encima de lo calculado.

Al parecer, muchos países de la Europa Oriental y Central creen que, Washington, los protegerá…

¿Será, así?

¡La Casa Blanca está muy ocupada en frenar el poderío económico de Pekín!

Asimismo, algunos países de esa franja consideran que, Alemania, les brindará apoyo…

¡A decir verdad, Berlín, está estresada con la existencia y mantenimiento del gasoducto “Nord Stream 2”!

La expansión por parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, abrazando a Polonia, Lituania, Letonia, y Estonia, ha sido factor para la adrenalina de rusos y la ambición delirante de Vladimir Putin, más teniendo presente que, para la seguridad del Klemlin, sería potable un territorio funcionando a modo de muro.

A fin de cuentas, a Ucrania, “una invasión más, o menos, poco le debe importar”, pues la población ha vivido ocupaciones desde tiempos remotos hasta el nazismo, y un conflicto “tan solo” se trata de poder económico edulcorado con algo de… “¡sustancia emocional!”.

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