Los tupamaros fueron la contracara del Uruguay batllista

Nelson Chagas

En un olvidado pero valioso y polémico trabajo “La crisis del sistema político uruguayo” (1995) el politólogo Luis Costa Bonino afirma que los tupamaros fueron la contracara del Uruguay batllista.

Mientras que el batllismo representaba un débil nacionalismo, anti religiosidad, hedonismo, consumismo y adhesión a valores de seguridad, los tupamaros proclamaban un fuerte nacionalismo, una actitud religiosa, anti hedonismo, ascetismo y una actitud “heroica”. De acuerdo con Costa Bonino, los tupamaros le daban mucha importancia al valor de la austeridad porque existía una voluntad expresa de buscar la “proletarización”. La razón era considerar, en clave marxista, al proletariado como la única clase revolucionaria. Pero… ¿no estaban reconociendo con esto, implícitamente, que ellos no eran proletarios?

Más allá de cuestiones ideológicas, en 1965 los tupamaros entraron en acción. En diciembre de ese año estallaron dos bombas de gran poder en el domicilio del presidente de la gremial de Exportadores Barraqueros y en la sede de la Cámara Mercantil de Montevideo. Unos volantes firmados con una estrella de cinco puntos, con una T en el medio, responsabilizaban a los banqueros y latifundistas por la crisis del Uruguay. El día 15, un grupo de “peludos” planeó ocupar militarmente el caserío de Colonia Palma, sobre la ruta 3. Pero esta acción se suspendió.

A mediados de enero de 1966, en un rancho de El Pinar se realizó la I Convención tupamara. Más allá de los debates según la biografía de Sendic escrita por Samuel Blixen todo casi se va al diablo porque éste se oponía a la creación de una nueva organización política. Sendic argumentó que por ese camino, otras organizaciones se iban a poner en contra. Dividía en vez de sumar. De ahí que poniendo el ejemplo de la represión contra los cañeros en el norte y la aplicación de Medidas Prontas de Seguridad por dos veces en el mismo año, había que desplegar una política armada.

En esta I Convención tupamara se aprobaron las tesis de la reunión de Parque del Plata y se aceptó la estrategia de una guerrilla urbana, aunque este punto – aparentemente- no fue debatido.  A fines de 1966 en un local de la calle José L. Terra lograron montar un laboratorio de explosivos en el altillo, un depósito de dinamita en el sótano y un embrión de hospital de campaña en el baño. En la calle Agraciada, con la fachada de una agencia de publicidad, estaba la imprenta.

Además estaba la Base Eduardo Pineda en La Teja, un apartamento en el Buceo, un sótano en la calle Gonzalo Ramírez, una chacra en Canelones, un criadero de aves, un rancho en Solymar, entre otros lugares, incluyendo el interior del país. El montaje de esta estructura clandestina exigió esfuerzos humanos y la obtención de recursos financieros por medio de robos.   

Al margen de esto, el gobierno del Partido Nacional logró estabilizar la situación económica gracias al desempeño del escribano Dardo Ortiz en la cartera de Hacienda. Este hombre de talante conservador y muy estudioso, tenía dos características: era un decidido partidario de que el Estado no podía gastar más dinero del que tenía y no vacilaba en decir “no” ante los continuos reclamos sociales.  

Lo cierto es que el año electoral de 1966 fue mucho más pacífico que el “Año Terrible” y la ciudadanía se concentró en la reforma constitucional. En noviembre de 1966 las urnas dieron su veredicto: el Partido Colorado retornó al poder aunado al triunfo de la “Reforma Naranja”. Tras más de medio siglo el Colegiado desapareció definitivamente de la agenda política y se reimplantó un sistema presidencialista.

En este contexto los tupamaros recibieron un golpe casi demoledor.

La relevancia tupamara

Haré una afirmación: los tupamaros, entre enero de 1966 y agosto de 1968, no fueron un actor político relevante. Alguien podría preguntar, ¿en qué se basa Ud. para realizar esa afirmación?

Observemos los hechos históricos. El 22 de diciembre de 1966 los tupamaros sufrieron una dura derrota.  En un fracasado intento de robo a la oficina de pagos de la fábrica FUNSA, cae muerto Carlos Flores, un integrante de la organización que trabajaba en Época. La policía no tardó mucho en averiguar todos sus datos y comenzar las redadas, las detenciones, pesquisas y allanamientos. Con la información obtenida llegaron hasta la llamada «Base Eduardo Pineda» en La Teja, donde hicieron detenciones.

Las averiguaciones en la zona llevaron a la  policías hasta un criadero de aves donde se encontraba el cañero Wilson González y Mario Robaina, el «Tarta», quien se resistió y fue abatido a balazos Al frente de ese operativo estuvieron los comisarios Silveira Regalado (jefe de Radio Patrulla), Rodríguez Moroy y Alejandro Otero. En ese procedimiento, el comisario Silveira Regalado cayó muerto por una ráfaga de proyectiles en acción confusa. 

Los tupamaros quedaron casi al borde de la extinción. Sin embargo, lograron sobrevivir pese las sucesivas razzias y allanamientos policiales.  A esa altura, el comisario Alejandro Otero- jefe del Departamento de Inteligencia y Enlace – tenía bien en claro a quiénes estaba enfrentando. Pero … ¿era el único entendido en el tema de la guerrilla?

Contrariamente a lo que comúnmente se cree, las Fuerzas Armadas uruguayas ya se preparaban para la lucha antiguerrillera. El Inspector General del Ejército general Hugo Tiribocchi, en una entrevista que le realizó Marcha el 13 de enero de 1967, cuando fue  interrogado sobre los cambios en la organización y objetivos de combate, cuyo énfasis ya no era prevenir un ataque del exterior sino preservar el orden interno, Tiribocchi respondió afirmativamente. “(…) Ha cambiado la naturaleza de la amenaza (…) esta amenaza plantea cambios en los problemas del mantenimiento de una guerra clásica. Lo que enfrentan ahora los países son los problemas internos de seguridad y dentro de los planes de instrucción se ha dado preferente atención a una nueva modalidad que se aparta de los fundamentos clásicos. En varios países del continente se han creado organismos dentro de la organización militar especializados en la lucha antisubversiva, desde los problemas de información hasta los de índole social y económica del país. Es un problema integral”.

Al margen de ello, los tupamaros casi no fueron noticia durante 1967, salvo un incidente cuando la Policía allanó un escondite en El Pinar. En esos momentos, Sendic estaba en Cuba y al regresar – tuvo que adelantar su regreso por lo ocurrido- informó que la ayuda que brindaría la isla era escasa. Hasta que no se puedan leer los documentos desclasificados de la inteligencia cubana – y va a pasar, mucho, mucho tiempo – no sabremos exactamente el tipo de relación que hubo entre Cuba y los tupamaros. A título personal conjeturo que el gobierno de Fidel Castro, en ese momento, no estaba dispuesto a apostar muchas fichas a los tupamaros. En 1967 eran un puñado de insurgentes, con escasos apoyos en la población, una débil infraestructura, en un país que no tenía las condiciones subjetivas y objetivas para una revolución armada. 

Por otro lado, el gobierno de Oscar Gestido tuvo muchos vaivenes y le costó mucho encauzar el rumbo pero, los tupamaros no estuvieron en su agenda. Conocemos bien la historia: Gestido murió el 6 de diciembre y asumió Jorge Pacheco Areco.

Es cierto que, 12 de diciembre, decretó la ilegalización de la Federación Anarquista Uruguaya (FAU), Grupo de Independientes de Época, Movimiento de Acción Popular Uruguayo (MAPU), Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Movimiento Revolucionario Oriental (MRO) y Partido Socialista y la clausura definitiva del diario Época y el semanario El Sol, por adherir a los postulados de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) que preconizaba la lucha armada para llegar al poder.    

Pero aquí hay dos aspectos: ese decreto había sido confeccionado en vida de Gestido (no fue una iniciativa suya) y paradojalmente, los tupamaros no tuvieron arte ni parte en el tema de la OLAS.

Hasta abril de 1968 el gobierno de Pacheco estuvo en una situación incierta y los tiempos se estaban agotando.

Compartir

Deja una respuesta