Luis Batlle Berres y la ideología batllista

Miguel Lagrotta

Miembro desde muy joven del Partido Colorado, fue diputado desde el año 1921. De 1933 a 1938 permaneció en el exilio, por ser contrario a la dictadura del presidente Gabriel Terra. Tras regresar a Uruguay, retomó su carrera periodística y política. Presidente de la Cámara desde 1942 hasta 1946, fue elegido por el presidente, Tomás Berreta, para ocupar la vicepresidencia; tras la prematura muerte de éste, fue designado presidente, puesto que ocupó desde 1947 hasta 1951. El 1 de marzo de 1955, tras la implantación del sistema colegiado en el poder ejecutivo, fue elegido consejero nacional, ocupando este puesto hasta el 1 de marzo de 1956.

Descendiente de comerciantes españoles emigrados desde Cataluña a Uruguay en el primer cuarto del siglo XIX, atraídos por el gran crecimiento económico que estaba experimentando el país, Luis Conrado Batlle Berres se educó en el mundo de la política. Vinculado por tanto desde su infancia al Partido Colorado, en 1921 Luis Batlle Berres se presentó en las listas del partido y fue elegido diputado. Su llegada al Parlamento coincidió con los gobiernos de Baltasar Brum (1919-1923) y de José Serrato (1923-1929), seguidores del batllismo. En este momento, Uruguay disfrutaba de un periodo de bonanza económica propiciada por el aumento de la actividad comercial y era considerado uno de los países más avanzados dentro de América Latina, gracias a las reformas emprendidas por José Batlle y sus seguidores. En 1931 subió al poder el colorado Gabriel Terra, en un momento en que la economía del país se encontraba estancada y en claro retroceso como consecuencia del estallido de la Crisis de 1929. La crisis mundial dejó sentir sus efectos en Uruguay a partir de 1930. El nuevo presidente se encontró con que sus poderes eran limitados, puesto que la reforma constitucional de 1917 le obligaba a gobernar bajo la estricta vigilancia del Consejo de Administración. Descontento con esta situación, en 1933 Gabriel Terra, tras disolver el parlamento y el Consejo de Administración con el apoyo del herrerismo, asumió poderes dictatoriales y estableció una poderosa censura.  Batlle Berres, en estos años, era director del periódico El Día de Montevideo, fundado por José Batlle. El diario EL Dia se creó con el objetivo político de acercar la información a los sectores más desfavorecidos, por este motivo se vendía a precios casi simbólicos. El diario fue toda una revolución, puesto que la mayoría de los periódicos se vendían por suscripción y sólo estaban al alcance de las clases altas. Ante la resolución del presidente Terra, Batlle Berres protestó abiertamente y desarrolló una fuerte oposición. A consecuencia de ello se vio obligado a permanecer en el exilio durante cinco años. A lo largo del periodo que estuvo fuera de Uruguay, residió en Argentina y Brasil junto con su familia; años antes había contraído matrimonio con la argentina Matilde Ibañez Tálice.

En 1938 Luis Batlle Berres regresó a Uruguay y retomó su carrera periodística. Fundó y dirigió Radio Ariel y, tras la llegada al poder del general Alfredo Baldomir (1938-1942), fue de nuevo diputado y se incorporó a la vida política uruguaya. El Partido Colorado estaba fuertemente fragmentado debido a las diferencias surgidas entre sus miembros tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial; unos eran favorables a permanecer neutrales, mientras que otros eran partidarios de intervenir. En 1942 llegó al poder Juan José Amezaga (1942-1946), el cual reunificó el Partido Colorado y logró un aplastante triunfo en las elecciones. En esa legislatura Batlle Berres ocupó un puesto destacado como presidente de la Cámara.

Las elecciones de 1946 dieron el triunfo a Tomás Berreta, que ocupó su cargo en 1947 y nombró vicepresidente a Batlle Berres, el cual ocupó la presidencia tras el fallecimiento de Berreta hasta agotar la legislatura (1947-1951). El nuevo presidente tuvo que hacer frente a las críticas, lanzadas por algunos sectores de su partido, por haberse proclamado heredero del batllismo. La oposición estaba dirigida por César y Lorenzo Batlle Pacheco, hijos de José Batlle, que opinaban que ellos eran los verdaderos herederos del batllismo, aunque en la práctica eran mucho más conservadores que su primo y presidente.

Luis Batlle Berres fue responsable del aggiornamiento del batllismo partiendo de la base de su comprensión de la realidad que se vivía en el mundo de posguerra con sus imponentes cambios en todos los órdenes. El 14 de agosto de 1947, Luisito sostenía en su famoso discurso: «Nosotros, los que fuimos formados en los últimos aleteos de la filosofía liberal del siglo pasado y dimos los primeros pasos hacia la socialización de ciertas actividades del organismo social, comprendemos que tenemos que continuar ese ritmo para encauzarlo por las vías normales. Apresurarse a ser justo, es asegurar la tranquilidad; es bridarle al ciudadano los elementos principales y básicos para que tenga la felicidad de vivir y hasta él lleguen los beneficios del progreso y de la riqueza. Apresurarse a ser justos es luchar por el orden y es asegurarse el orden». Buceando en el pensamiento de Luis Batlle, años antes en una exposición de congresistas americanos realizada en Chile con la Segunda Guerra Mundial en desarrollo sostenía en abril de 1944: «La Democracia no es solo libertad. Los pueblos reclaman algo más. La Democracia no tiene por que suponer necesariamente una evolución lenta en su marcha y discusión prolongada para atreverse a dar un paso por el progreso y por la justicia social» Es claro que el batllismo del período, denominado Neo batllismo, fue un movimiento policlasista que buscó y consiguió en parte una alianza entre los industriales, la pequeña burguesía, las clases medias y el sector obrero. Desde el punto de vistas económico el eje fue el proceso de industrialización que logró el apoyo tanto de los sectores estatistas como de los sectores dirigistas en materia económica.

En su Presidencia procuró también preservar sus relaciones con Argentina y Brasil, país este al que visitó durante la presidencia del Mariscal Eurico Gaspar Dutra, electo popularmente en 1946. Con Juan Domingo Perón, pese a que provenían de extracciones opuestas y representaban valores cívicos muy diferentes, intentó un acercamiento, con la famosa entrevista en el medio del Río de la Plata, frente a Nueva Palmira, como episodio resonante de esa aproximación. Vendrán luego tiempos difíciles, porque los argentinos que se radicaban en Uruguay huyendo de las persecuciones del peronismo, se expresaban libremente y Argentina aspiraba a silenciarlos. Ello generó un creciente enfrentamiento que se mantendría e incluso se iría agravando con los años, al punto que después de 1950, con Luis Batlle ya en el Consejo Nacional de Gobierno, se llegó prácticamente a un corte del tránsito de personas.

Uno de los grandes momentos de su carrera política es cuando viaja a los EE.UU., como presidente del Consejo Nacional de Gobierno, a defender el derecho del país a su industrialización, coartada y enfrentada por un proteccionismo cerrado de los EE.UU. y Europa. Sus discursos fueron memorables y en Naciones Unidas propuso también la incorporación de China continental, por entonces ajena al sistema internacional emanado de la post guerra.

El rol del Estado para Luisito era el de contribuir con gran energía a mantener la paz social. No toleraba la lucha de clases porque la visión del batllismo era la del hombre por encima de la sociedad. Retomando su discurso de 1947 sostenía: «Cuando se amasa la riqueza entre el capitalista y el trabajador, lo que se produce es de todos y tiene que repartirse con equidad para que no exista el que lo tiene todo y el que no tiene nada, porque eso no es ni la tranquilidad ni la paz, ni la justicia; eso es la arbitrariedad y con arbitrariedad no podemos asegurar la paz social…»

Mucho se ha debatido sobre el rol de la lista 15, de su relativo apoyo al sistema colegiado en su momento o su inconveniencia de instaurarlo en 1952, pero es innegable que Luis Batlle Berres tuvo grandes coincidencias con Don Pepe: ambos fueron industrialistas, se basaron en la política de sustitución de importaciones, el instrumento fue diferente con el sistema de cambios múltiples. Ambos vieron al mercado interno como motor de desarrollo y fuente de empleo. Y sin dudas el rol del Estado intervencionista, laico y tolerante.

«El discurso de Luis Batlle se entronca con la tradición liberal, tal como había sido reinterpretada por el batllismo de Don Pepe. Luis Batlle hizo frecuentes invocaciones a la justicia social, con un énfasis claro del papel tutelar del Estado para proteger a los más necesitados de la sociedad. También Luisito atacó a los que consideraba demasiado ricos a los que consideraba enemigos de la sociedad pero lejos de considerarse un discurso que presentase a la sociedad enfrentada en lucha de clases. Para Batlle Berres los demasiado ricos y los necesitados era casos límite de una sociedad en la cual la mayoría de la población estaba bajo el amigable paraguas del Estado batllista. Por esta razón el neobatllismo tuvo un gran apoyo en la clase obrera, pero con un discurso no clasista presentándose como una alternativa a una postura de lucha de clases. Los trabajadores participaban en la vida política no en cuanto tales, sino en cuanto ciudadanos del Estado Batllista . El hecho de que el orden social fuera libre y en armonía y sin antagonismos sociales no obedecía a un orden natural preestablecido, por el contrario al resultado directo de la estrategia anticipatoria de los gobiernos batllistas. Más claro que el primer batllismo, la visión neobatllista fue la mediación entre los distintos sectores sociales a través de la tutela estatal» Sin casi darnos cuenta, luego de Don Luis, terminó el Uruguay del optimismo y el batllismo lentamente pasó a ser una etiqueta.

Ver: Panizza, Francisco.»Uruguay, batllismo y después» EBO MVD 1990. Pág 96.

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