Macanas y paradojas

Hugo Fernández Faingold

Antes y después de asumir su cargo, el presidente Lacalle aseguró que evitaría recurrir a la manida costumbre, tan histórica como estúpida, de echar la culpa de todos los infortunios del nuevo gobierno a la clásica “herencia maldita”. Créanlo, (aunque después de quince años seguidos de gobierno del FA mucha gente tenga motivos para calificar como malditas muchas cláusulas de esa herencia). Pero el presidente se ha abstenido de hacerlo. Se ha opuesto, incluso, a muchos que cayeron en la tentación.

Creo que el gesto del presidente fue un llamado al FA a desarrollar una oposición constructiva, inaugurando un tiempo de seria colaboración. A fortalecer una actitud de transparencia ambientada en la voluntad de informar, de dar la cara, de hacerse cargo y de no tolerar desvíos de conducta de los funcionarios. De recurrir al talento genuino y a lo mejor del país, como se hizo con la creación del GACH, sin fijarse en tiendas políticas.

En el Parlamento inglés se llama a la mayoría “Gobierno”, y a la minoría “Loyal Opposition”. Lo de “leal” no refiere ni a sumisión ni a subordinación (bastante se pelean los ingleses, sobre todo en el Parlamento); más bien, refiere a lealtad al sistema, a la convivencia y a las instituciones. Imagino que en eso estaba pensando Lacalle. En lo personal creo que, en los primeros tramos del gobierno, incluso a comienzos de la pandemia, algo de esto ensayaron tanto el gobierno como el FA.

Lamentablemente, sin embargo, la oposición no parece haber respondido a ese llamado. Así lo señalan las actitudes asumidas en muchos ámbitos. Por ejemplo, y a partir de la pandemia, los repentinos reclamos por atender a los pobres. Pobres de quienes se evitaba hablar y eran “invisibles” antes de 2020, y que aparecieron apenas asumido el nuevo gobierno. Igual que los trabajadores en la informalidad, poco reconocidos antes de ese año, denunciados hoy como “legión” (como si se tratase de un fenómeno nuevo). Igual que con los problemas del INAU, incluyendo las inconductas y hasta “choreos” de algunas de las ONGs contratadas, parecidas a las del MIDES, y cientos de otros etcéteras compañeros. Igual que la indignidad de los asentamientos.

En suma y para no aburrir: ex jerarcas y funcionarios hoy de planta, (incorporados por esos tres gobiernos) reclaman de manera perentoria que se haga YA todo lo que no se hizo durante de 15 años. Algunas veces tomando la forma de reclamos orgánicos del FA. Otras, de organizaciones sociales funcionales a la fuerza política, o creadas por alguno de los partidos que la integran.

Si se criticaba menos durante esos años, es tal vez porque se ocultaba y disimulaba más, mucho más. Se critica hoy el carácter y funcionamiento de las comisiones investigadoras. Herramientas democráticas, a las cuales el FA se opuso a capa y espada, con sus automáticas mayorías, durante los quince años de sus tres administraciones.

Ni comisiones investigadoras ni respuesta a la infinidad de pedidos de informes, encajonados, que recién volvieron a ver la luz después de marzo del 2020. ¿Y la pretendida secretividad sobre las operaciones administrativas y financieras de la construcción del ANTEL Arena? ¿Y sobre la contratación de servicios de publicidad de ANTEL? Mucho de lo anterior hubiese permitido a la gente decente del FA –que la hay y es mucha—controlar la gula de los abusadores y sabandijas, que no son tantos pero que los hubo, y mucho daño le hicieron al país. Y le hicieron, y siguen haciendo, al propio FA.

Nunca he disimulado mi apoyo a lo hecho por el FA en materia de salud. Tampoco perdí un minuto en criticar los muchos abusos tolerados por los 15 años de sus gobiernos anteriores en ese sector. Aunque en silencio, Carámbula se ocupó de corregir muchos de ellos. Muchos, pero no todos. Tampoco dejé de ponderar los logros obtenidos por la conducción económica del Contador Astori, pese al clima adverso a su gestión dentro del propio FA y a las exageraciones en el crecimiento del déficit fiscal, que solo consiguió controlar parcialmente.

En suma, y lo he dicho antes, algunas de cal y otras de arena: mucho se hizo bastante bien y mucho bastante mal. Quizá lo más criticable sea la desaprensión con que se manejaron recursos públicos cuantiosos en iniciativas de escaso impacto, postergando otras con prioridad mayor. La falta de prioridad asignada al adecentamiento urbano y la erradicación de asentamientos es un buen ejemplo. ¿Cuántos de los 600 y pico podrían haberse resuelto con los 120 millones de dólares del ANTEL Arena? Hoy los 130 legisladores han dedicado cientos de horas a discutir sobre unos 30 millones, Mientras que la ex presidenta de ANTEL decidió por sí y ante sí el destino de los 120 palos que nada tenían que ver con las funciones del organismo bajo su dirección.

No puedo evitar la sensación de que en la oposición del FA operan dos corrientes diferentes. Una, seria, cuestiona temas de fondo, como el puerto de Montevideo (aunque muchos critican las prácticas de las administraciones anteriores). Con razón o sin ella ese tipo de oposición sirve, porque contribuye y es seria.

Pero hay otra corriente de oposición, “cerril”, absolutamente impúdica, concentrada en generar un clima de agitación que olvida pecados propios y se agota en el ruido, porque no lleva ninguna intención de generar cambios a futuro. Me parece increíble, por ejemplo, que se cuestione la compra de los Hércules para una Fuerza Aérea, que ni plumas tiene para volar, olvidando la inmoral operación de compra del avión de un amigo y compañero para el presidente Vásquez, que no llegó a utilizarse, que costó una millonada en mantenimiento y que terminó casi regalado porque no valía nada.

O que se interpele por la fuga carcelaria de un delincuente que se recapturó al poco tiempo … olvidando el bochorno de la fuga de Morabito de la Cárcel Central, a quien nunca se recapturó y de la cual nunca se dio explicación satisfactoria.

Y, finalmente, una última paradoja. No solo pedirle al gobierno que haga YA lo que no se pudo hacer en quince años, sino además exigirle que mantenga los mismos enfoques fallidos, las mismas estrategias inoperantes y hasta las mismas bandas de operadores, en las mismas oenegés. ¿De verdad es razonable esperar que los mismos enfoques, estrategias y equipos sean capaces de `producir mejores resultados en un tercio del tiempo y con pandemia?

Escribo estas líneas sin haber visto ni escuchado de la interpelación al ministro Heber. Ojalá luego del episodio sea necesario corregirlas.

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